El retorno de La Dama

El regreso de CFK al centro de la política ha partido aguas interpretativas acerca de si su retorno le sirve al Gobierno o no.

Para algunos ha sido una jugada maquiavélica del macrismo. Para otros, un colateral no querido de un movimiento autónomo de la Justicia. Lo cierto es que el regreso de CFK al centro de la política ha partido aguas interpretativas no sólo acerca de quién fue su responsable sino también acerca de si el retorno de La Dama le sirve al Gobierno o no.

Por un lado, tenemos una constatación, que para el PRO tiene carácter de evidencia concluyente: las encuestas dicen que CFK divide la sociedad, pero sus seguidores representan hoy solo una minoría blindada. La mayoría de la opinión pública sigue pensando que las dificultades económicas y sociales son una consecuencia de las políticas y la corrupción kirchnerista y también sigue confiada en que la administración del Presidente va a poder encaminar al país nuevamente por la senda del crecimiento.

Claro está que la línea balística que graficaba el ascenso en la popularidad presidencial luego de la devaluación y el tarifazo llegó a su cenit y comenzó a declinar. Pero sería un milagro si esto no sucediera. Y en política, milagros no hay. Claro está que la dimensión de la opinión pública, que es la privilegiada por Mauricio Macri y sus colaboradores más íntimos, no agota a la política. Por ejemplo, uno puede evaluar el impacto del regreso de CFK en relación al peronismo. Para el “manual de la política no peronista” se aplica lo que una vez Margareth Thatcher dijo cuando le preguntaron sobre la unificación germana: “Alemania me gusta tanto que quiero dos”. Aquí el Gobierno apuesta a que haya, no dos peronismos, si no “tres, cuatro, muchos…”.

Ciertamente, hoy es posible distinguir, por un lado, el peronismo que sigue apegado a CFK, que paradójicamente está compuesto por los tiffosi de La Cámpora (sin caer en la discusión bizantina de cuán peronistas son) pero también por los pragmáticos intendentes conurbanos, quien en impactante mayoría concurrieron al convite que les hizo la ex Presidenta. Es necesario aquí distinguir entre pragmatismo y moderación. Los intendentes captan que cerca del barro de la pobreza que ellos intentan gestionar, la ex Presidenta (¡cosa de locos!) rankea mejor que en Palermo Chico. Asimismo, la posición extrema de CFK les permite tener un potencial de amenaza mayor sobre el Gobierno de María E. Vidal, siempre atento (y lo bien que hace) a la posibilidad de desbordes y violencia social “aparateada” por la política. Por último, ha sido en el altar de la gobernabilidad la que se les ha permitido conseguir una parte muy jugosa del endeudamiento provincial (lo cual le da autonomía para precisamente jugar políticamente donde más le conviene).

El otro bando compañero es el “peronismo responsable”, compuesto tanto por los gobernadores que sufren tanto o más que el Gobierno el descenso de la actividad económica, golpeándolos fuerte la crisis de las economías regionales producto del dólar barato del neocomunista Axel Kiciloff –política pública cuya aplicación comparte con los camaradas José Martinez de Hoz y Domingo Cavallo, entre otros revolucionarios–. Como lo demuestra un paper reciente de Pablo Gerchunoff y Martín Rapetti, cada vez que hubo un intento reeeleccionario o hegemónico, el Gobierno abarató el dólar para conseguir el apoyo de la clase media, condenando la economía a la insustentabilidad.

Afortunadamente, las condiciones macroeconómicas de la competitividad han cambiado favorablemente con la devaluación producida apenas llegó el nuevo Gobierno a la Casa Rosada.

Pero si un tipo de cambio bajo arruina directamente a las economías regionales, un tipo de cambio alto tarda en revitalizarlas, por el mero hecho de que tiene que recuperarse la tierra, reconstruirse los canales comerciales y reconquistarse mercados internacionales abandonados. O sea, se necesita tiempo para que vuelva a moverse la rueda que da empleo genuino en las provincias. Y en este punto, no solo es necesaria la audaz macroeconomía de los Golden-BoyWell-Educated-Abroad (este Gobierno, en vez de House of Cards es más bien House of Chetos), sino también a la experimentada burocracia ministerial que conocen la microeconomía del subsidio productivo y su control.

En el Congreso, los diputados y senadores se dividen entre los que guardan lealtad a la ex Presidenta y los que, conducidos por un hábil Miguel Angel Pichetto, están en íntima relación con los gobernadores e intentan reunificar al peronismo sobre bases moderadas y de apoyo a la gobernabilidad (con el senador Juan Manuel Abal Medina) intentando construir puentes sobre la grieta.

Y aquí aparece una contradicción en el rédito político del macrismo respecto al regreso de CFK: en un hecho inédito, el Gobierno no tiene mayorías propias ni en la Cámara Baja ni la Alta. La partición de la bancada del FpV le ha permitido al Gobierno conseguir apoyos contundentes en la negociación con los holdouts. Pero cabe preguntarse si los que intentan la renovación seguirán teniendo suficiente aire si el cruce del desierto –hasta que la economía se reactiva– se alarga y ascienden el descontento y el conflicto social. La polarización podrá fagocitar ese centro, atrayendo el núcleo del populismo antisistema al peronismo dialoguista, como pasó con la decadencia de Antonio Cafiero y el ascenso de Carlos Menem a fines de los ‘80 (la sorpresa de un Menem Washington Consensus difícilmente será repetida si retorna La Dama o Hijitus Máximus).

A todo esto hay que sumarle la cuestión Sergio Massa. ¿El velociraptor tigrensis atrae votos peronistas o también le resta votos a Cambiemos? Porque, si es así, dos peronismos más una fuerza de centro ya asemejan a una jauría de perros que pueden morder por todos lados al oficialismo, especialmente en la provincia de Buenos Aires. Noticias que llegan del Sur relatan que, dado el incendio del Shangri-La austral, la ex Presidenta tentaría suerte reflotando su ciudadanía toloseña como candidata a senadora bonaerense. Asimismo, ¿qué hará Florencio “Hamlet” Randazzo? ¿Y Daniel “Teflón” Scioli que, pese a todo, no anda nada mal en las encuestas?

Sin duda (y con esto no se ventila ningún truco interpretativo o secreto) la última palabra la tendrá la recuperación de la economía. La posibilidad de endeudarse habilitada por el fin del default y el ostensible apoyo de Washington garantiza “sopravvivire senza gobernare”, como Giusseppe De Palma definió a la Italia de los ’70. Pero si el Gobierno pretende reeditar su batacazo en la provincia en el 2017 y consolidar su futuro político deberá atraer las inversiones que el crecimiento demanda, asegurando certidumbre y, también, negocios. Inversiones que hoy dudan en “hundirse” en estas playas ante la muy criolla herestética del “todo puede pasar”.

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