¿Elección a tercera vuelta?

(Publciado en la edición nº37)

Aunque no sean los previstos originalmente, las Paso tendrán efectos electorales.

Tras una serie de resultados electorales favorables al Gobierno Nacional, comenzaron
a llegar los sinsabores de Capital y Santa Fe. En este escenario donde se ha pasado del “Cristina ya ganó” al “puede haber segunda vuelta”, la reforma electoral de 2009 podría jugar un papel importante. La población en general poco sabe de la ley 26.571 y sus reglamentaciones. Ni los propios ingenieros electorales saben cómo resultará en los hechos.

La innovación central han sido las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias del 14 de agosto. No parece que funcionarán de acuerdo a los objetivos de quienes elaboraron la norma, en otro contexto y con otros supuestos candidatos. Se dijo que el sistema electoral resultante es difícil de comprender para la ciudadanía. Incluso son escasos los estudios que dan cuenta de una perspectiva integral de la reforma (cabe destacar el trabajo de Alberto Dalla Vía, “Las reglas del proceso electoral argentino”, La Ley, 15-6-2011).

La elevada cantidad de partidos y el fraccionamiento del sistema fueron uno de los objetivos que tuvo en mira la norma. La reforma impactó en el sistema de partidos a tal punto que, desde su implementación, se pasó de 713 partidos de distrito a 500 y de 36 partidos de orden nacional a 37.

En relación a la campaña electoral, para las elecciones primarias abarca 30 días, sólo 20 serán de publicidad audiovisual y culmina 48 horas antes del inicio del acto electoral. En la elección general el plazo se reduce a 35 días –antes era de 90 días para la elección presidencial– y 60 para las legislativas, y la publicidad electoral en medios televisivos, radiales y gráficos se reduce de 32 días a 25. En lo que respecta a la publicidad de los actos de gobierno durante la campaña, la ley aumenta de 7 a 15 los días de prohibición de los actos que pudieran promover la captación del sufragio a
favor de cualquiera de los candidatos a cargos públicos electivos nacionales. Si bien la reducción de las campañas electorales tiende a evitar la saturación de la información
al elector, cabe señalar que el oficialismo cuenta con cierta ventaja. Nótese que son sólo 15 los días de prohibición aludidos respecto de la publicidad de los actos de gobierno, más allá de la dificultosa diferenciación entre los actos neutros para la captación del voto y aquellos con sesgo proselitista. En otros países, se prohíbe la difusión por cualquier medio de propaganda gubernamental dentro del período que comprende desde el inicio de la campaña hasta el día de la jornada electoral.

Además, la “sorpresa” de la victoria de los oficialismos –y las reelecciones en general–
como se ha expresado en esta columna anteriormente, obedece principalmente a las notorias ventajas del incumbente, cuya gestión suele ser una campaña permanente.

La ley 26.215 también ha incluido a los encuestadores al crear un “Registro de encuestas y sondeos de opinión” en el que deberán inscribirse para hacer públicas sus mediciones. Resulta insuficiente a la luz de sus desacertados pronósticos recientes. Cabe agregar, aquí, la responsabilidad de los medios que insisten en otorgarle un papel estelar a quienes, reiteradamente, deben justificar a posteriori las causas de las desviaciones de los electores respecto de sus pronósticos.

Las elecciones primarias son un método de selección de candidaturas para cargos electivos y de habilitación de partidos y alianzas para competir por tales cargos, siempre que hayan alcanzado el umbral mínimo requerido. En el sistema de elecciones primarias adoptado, todos los ciudadanos podrán votar a cualquiera de los precandidatos de cualesquiera de los partidos, con un voto para los distintos cargos, en el mismo acto eleccionario. Pero lo que resulta más significativo, sin duda, será la elección de los candidatos a la Presidencia.

Se ha dicho que las internas funcionarán como una suerte de gran encuesta nacional. Podría especularse que más que una gran encuesta se ha configurado una suerte de elección presidencial a tercera vuelta. Efectivamente, en las primarias no hay precandidatos que diriman la candidatura presidencial. Uno podría imaginar estas internas o primarias como una primera vuelta en la que se visualizará el rendimiento de cada uno de los competidores. En la primera vuelta electoral del 23 de octubre es previsible que opere una polarización en base a los resultados de las primarias.

¿Hasta qué punto, luego de las primarias, los dirigentes podrán direccionar el voto de los electores? Más allá de la imposibilidad legal de establecer nuevas alianzas o recomponer las existentes, los electores realizarán su propio cálculo otorgando su voto a los candidatos que más probabilidades tengan en un escenario presumiblemente polarizado. Si es así, las internas, lejos de resolver candidaturas alternativas dentro de los distintos partidos, obrarán como un dispositivo de reagrupamiento de apoyos electorales a los candidatos con mejores chances para obtener un buen resultado en octubre.

Algunas consecuencias de las primarias serán las siguientes: a) decidirán el orden de las preferencias de los ciudadanos; b) influirán en el voto estratégico para la primera vuelta; c) probablemente el voto ciudadano en las primarias se distribuirá de acuerdo a la cercanía o no con la política oficial, de las distintas opciones; d) en la primera vuelta se operaría una polarización en torno de un issue electoral central: oficialismo versus no oficialismo; e) los dirigentes tendrán escasa influencia en los electores, pues no son los dueños de sus votos, y algo más en sus cuadros políticos, sobre todo si se operan acuerdos interpartidarios; y f) los precandidatos sin chances también tendrán poder de negociación pues podrán facilitar el voto hacia opciones no oficialistas si bajan sus candidaturas.

Las internas abiertas “fabricarán” ulteriores minorías más que decidir precandidaturas presidenciales. Extraño resultado no previsto por los ingenieros electorales, si es que así ocurre. ¿Habrá acuerdos luego del 14? Más allá de que la época de conformación de alianzas y presentación de precandidaturas venció, los partidos y candidatos podrán realizarlos. Principalmente, respecto de quién sigue en la contienda y quién desiste. Los resultados serán un parámetro objetivo y determinarán el viraje de los votos de los ciudadanos, pero el “despeje” de candidatos podría facilitar la tarea y aquí habrá, probablemente, negociaciones.

Pero todo depende del resultado que logre el oficialismo, que determinará el número de competidores no oficialistas más conveniente. Las reformas institucionales suelen ser resultado de distintos intereses. A veces van en la dirección en que fueron pensadas y en otras, no. En ocasiones, suelen volverse en contra de los intereses de los reformistas. Muchas disposiciones de la reforma electoral parecen beneficiar al actual oficialismo y no hay motivos para sorpresas. Otras, en cambio, pueden disparar en sentido contrario.

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