YPF: Yacimientos Peronistas Federales

El peronismo busca un regreso a las fuentes del populismo, trascendiendo el naufragio kirchnerista.

El marco interpretativo de Juan Carlos Torre le calza perfecto a la encrucijada que vive hoy el peronismo, aunque su conclusión no sea un destino ineluctable: “Uno podría decir que en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente. El alma permanente está alimentada por principios rectores que constituyen a sus valores tradicionales, como el nacionalismo, el estatismo, la justicia social, la protección social. Sobre ese telón de fondo, la conducción del peronismo se sintoniza con el clima de época bajo la inspiración de su corazón contingente. Sea porque ese clima de época se eclipsa, sea porque se cometen errores políticos, la estrella de ese peronismo contingente puede perder su brillo. En estas condiciones, se activan los reflejos del peronismo permanente para ofrecer una nueva oferta a fin de continuar en carrera y seguir siendo el partido predominante en Argentina”.

A 42 años de la muerte de Perón y seis meses de su salida del poder, el peronismo busca reagruparse a nivel nacional en un regreso a las fuentes, trascendiendo el naufragio kirchnerista. Lo que fue un eficaz remolcador –el FpV– que piloteó la llegada y permanencia del peronismo en el gobierno durante doce años –la más prolongada gestión de la historia argentina contemporánea– hoy se transforma en un barco escorado y a la deriva, con sus tripulantes y pasajeros buscando transbordar a las balsas que los conduzcan hacia algún puerto o los devuelvan a la gran nave del PJ, tan vapuleada por ellos mismos hasta hace poco tiempo.

No es la primera vez que el peronismo vive una crisis de estas características. Tras los primeros nueve años de sus dos primeros gobiernos, que concluyeron interrumpidos por el golpe del ‘55, vinieron los diecisiete años de proscripción y resistencia. El tercer gobierno peronista terminó signado por dos tragedias: la muerte del líder, el 1º de julio del ’74, y el golpe del ’76 que nos introdujo en la noche y la niebla de la última dictadura. En 1983, le tocó por primera vez al peronismo estar en la oposición y asumir que no representaba a la mayoría sino a una parcialidad. Frente al gobierno de Raúl Alfonsín, encaró su renovación, se recuperó y ganó las legislativas de 1987, con Antonio Cafiero, y regresó al Gobierno con Carlos Menem, en 1989. Al cabo de diez años, perdió frente la Alianza y volvió a la oposición, pero por poco tiempo: en 2001 ganó nuevamente las legislativas y la renuncia de De la Rúa dio paso, una vez más, a un presidente peronista, Eduardo Duhalde. Con Néstor Kirchner en la presidencia, en 2003, el peronismo tuvo una nueva renovación, despegándose de la década precedente y superando la marca histórica: por primera vez, se mantuvo en el poder por tres mandatos consecutivos, completando los dos períodos de Cristina Kirchner, y pierde las elecciones de 2015 volviendo a la oposición. Le llega ahora la oportunidad y el desafío de una tercera renovación. Como expresión nacional unificada, se encuentra fragmentado y desorientado. Pero también con una amplia representación parlamentaria y provincial, además de mantener su ascendiente en la CGT y las organizaciones gremiales. En pleno debate interno, mientras los núcleos que siguen fieles a la ex presidente comulgan en los documentos del grupo Carta Abierta y promueven una “guerra de trincheras” y una nueva resistencia frente a un gobierno al que identifican con el viejo antiperonismo oligárquico, los dirigentes, intelectuales y militantes del PJ que se reunieron recientemente en Formosa, invitados por el gobernador Gildo Insfrán, que integra la conducción partidaria y preside su Congreso Nacional, hicieron catarsis y convocaron a ¨una actualización doctrinaria del Movimiento Justicialista para fortalecer las grandes banderas de la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social en el siglo XXI, con sentido federal y en el camino de la Integración Latinoamericana¨. La Declaración de Formosa plantea así el regreso a las fuentes: “Defender la zona pétrea de nuestra identidad peronista, marcada por las banderas históricas del justicialismo, es garantizar su existencia activa como movimiento al servicio del pueblo y de la Patria. A partir de esa esencia inamovible, la Idea Justicialista en acción, ha sido capaz de expandirse encarando una diversidad de desafíos históricos”. Ni de izquierda ni de derecha, la Tercera Posición tiene sus ventajas e inconvenientes. Permite desmarcarse del universo binario dominante y extraer recursos a uno y otro lado del camino. Pero, como ya ocurrió en el pasado, coloca juntos a antiliberales y posliberales, antimarxistas y posmarxistas; a los que quieren mirar hacia adelante rumbeando hacia nuevos horizontes, y a los que siguen mirando hacia atrás, refugiados en la intangibilidad del dogma.

Este peronismo poskirchnerista se presenta dispuesto a limpiarse de las excrecencias y lastres que dejó su salida del Gobierno Nacional y purificarse en las aguas de la doctrina y las glorias del pasado. Allí rescatan lo que consideran los grandes logros de la década pasada pero los desprenden de los escándalos de corrupción que salen a la luz. Un legado que hoy aparece desdibujado, manchado o comprometido. En un texto de 216 líneas en los que hay innumerables menciones a Perón, Evita y al Papa Francisco dedicaron sólo 4 a reivindicar los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. En busca de un marco conceptual o carta de navegación para encarar el futuro, el peronismo vive esa tensión entre lo viejo que va quedando atrás y lo nuevo que, todavía sin liderazgos ni rumbos claros, busca, por lo pronto, abrevar en su historia.

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