Con la fuerza de los propios

En esta etapa inicial de su gestión, el Gobierno parece haberse decidido consolidar su base y apelar poco a otros sectores.

La popularidad del presidente Macri se ha mantenido estable y en un nivel alto a lo largo del 2016. De acuerdo a las encuestas mensuales de _Observatorio Electoral, _entre los meses de febrero y julio su imagen positiva tuvo un máximo de 56,3% (el pico fue en marzo, durante la visita de Obama al país) y un mínimo de 45,2%. La estabilidad de estos registros es meritoria, habida cuenta de que, de acuerdo a los mismos sondeos, ésta convive con indicadores de alta insatisfacción económica personal y de desacuerdo con muchas decisiones del Gobierno.

La identificación con Mauricio Macri y su gestión están por encima de otras valoraciones de desempeño que suelen correlacionarse con la evaluación presidencial.

Hay, sin embargo, un dato preocupante escondido detrás de estos números: los porcentajes de imagen positiva y negativa del Presidente se correlacionan muy fuertemente con el voto en el balotaje de noviembre de 2015. Es decir, que quienes declaran tener imagen positiva de Macri son quienes votaron por él, y quienes tienen imagen negativa votaron por Scioli. La única excepción fue el pico logrado a fines de marzo, breve momento en que la imagen de Macri tuvo un componente algo más plural.

Esta correlación se obtiene de cruzar los datos de imagen presidencial, con el voto pasado que los consultados declaran en las encuestas. Hay formas más sofisticadas de inferir esta relación, pero las pruebas de que hay una afinidad son suficientemente claras como para entender que el fenómeno existe.

¿Qué es lo preocupante? Que en su primera etapa de gobierno, Macri no parecería haber capturado nuevos adherentes. Sigue hablándoles a la mitad del electorado que lo catapultó a la Presidencia, y busca reeditar ese momento en forma permanente. La “pesada herencia” es un vehículo que mantiene viva la llama.

El riesgo, por supuesto, es que si un sector de ese electorado fiel, –1 de cada 6, por ejemplo– se cruza a la vereda de enfrente, aquí representada por quienes tienen imagen regular o negativa del Presidente, la relación de fuerzas se volverá desfavorable, y difícil de remontar. Macri hoy no tiene adherentes de repuesto.

La fórmula tradicional al problema de los apoyos restringidos es ubicarse en el centro. El lugar que permite capturar la mayor parte de los apoyos. ¿Dónde queda ese mágico lugar? El centro, como el camaleón, cambia de colores según la ocasión. Si la política argentina tiene una izquierda y una derecha, y también un arriba y un abajo, como han dicho Pierre Ostiguy y otros autores, entonces el centro sería un encuentro en dos planos: una suerte de equilibrio distributivo en las políticas económicas y sociales, y una salida del clivaje peronismo-antiperonismo. Pero la recarga de acusaciones al gobierno kirchnerista no lo saca del clivaje. Si, como observa Alejandro Grimson, el discurso oficialista emparenta a los disconformes y los opositores con el kirchnerismo, entonces estamos lejos del centro.

El Gobierno seguramente no ignora las premisas de nuestro análisis, y sabe que se está refugiando en su base electoral. Y que apela poco al resto. Convencido de que en esta etapa inicial, lo importante es asegurar lo que está. En el arranque, el oficialismo estaba más predispuesto a una actitud catchall pero hubo un giro en su estrategia hacia la opinión pública. De acuerdo a Ernesto Calvo –entrevistado por Martín Astarita–, el giro de actitud es de base económica, y se inició en el momento en que el Gobierno aceptó que la entrada de inversiones tardaba en llegar, y que el segundo semestre se posponía. Siguiendo ese razonamiento, una vez que se salga de la recesión, Cambiemos va a cambiar sus ejes discursivos y va a salir a la búsqueda de nuevos apoyos en la opinión pública. Oxigenar, o desprenderse de dos adherentes propios para sumar tres ajenos, es la quintaesencia del centrismo político; en este caso, habrá que soltarles las manos a algunos anti K furibundos para poder sumar varios más de esos votantes pragmáticos que te hacen ganar las elecciones.

Ahora bien, ¿no le convendrá a Macri arrancar este año con la estrategia centrista? Quedarse atado a que el crecimiento económico del futuro resuelva por sí mismo, o a sus votantes iniciales, restringe el espacio de la política. Hay otros elementos a los que puede apelar el liderazgo presidencial. La unidad nacional, el ponerse por encima de la cotidianeidad política, son también estrategias de ocupación del centro político, y que suelen dar buenos resultados.

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