Dos potencias se saludan

El presidente Macri tiene una popularidad que se origina, se consolida y se extiende más allá de los confines de la política.

Siempre se festejó la ocurrencia del “Mono” Gatica cuando le dio la bienvenida al ring a Juan Domingo Perón con un “Dos potencias se saludan”. La risa sobreviene, obviamente, por la irreverencia del boxeador al colocarse en el mismo nivel que Perón, en su doble carácter de Presidente y “hombre fuerte” de Argentina de esa época.

Pocos días atrás, hemos vivido una situación que puede ser considerada una glosa de aquel encuentro legendario: la reunión en la residencia de Olivos entre Mauricio Macri y Marcelo Tinelli. El snapchat del conductor televisivo intercambiando caras con la del Presidente funcionó como un equivalente aggiornado por la tecnología de aquel “Dos potencias se saludan…”. Sólo que aquí no primó el humor de la irreverencia, sino un mensaje subliminal de “equivalencia” entre las dos personalidades en el punto en que claramente pertenecen a la misma estirpe: la de los personajes mediáticos.

Cosas de nuestra Red Carpet Democracy, al que le cabe perfectamente ya el rótulo. No olvidemos que la segunda vuelta presidencial fue entre dos candidatos provenientes originalmente de la farándula –y mi Tía Nacha siempre dice “que una vez es casualidad, y dos veces ya es vicio”. No es de extrañar que en una sociedad amalgamada en gran medida por las horas que pasa frente a la pantalla plana, ante el debilitamiento de los partidos políticos, “la Gente” elija entre personajes populares. Y nobleza obliga, es cierto que tanto Mauricio Macri como Daniel Scioli, sin dejar nunca de pertenecer a la farándula, sino todo lo contrario (en ese sentido, corrigiendo y aumentando el estilo inaugurado por Carlos Menem) han acumulado una vasta experiencia en posiciones de poder y gobierno (que no es el caso, por ejemplo de un Donald Trump, paracaidista mediático impoluto).

LAS COMPARACIONES

Uno incluso podría ir a más y decir que, aunque pertenecen al mismo fenotipo, como personajes mediáticos, no hay punto de comparación: Tinelli ha sido el dueño del prime time televisivo por décadas, y seguramente, un reality conducido por Macri debería levantarse por falta de público ya en su segunda edición. Pero Macri podría contratacar victorioso afirmando que él llegó a Presidente, siendo antes diputado y jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, mientras que las encuestas no son precisamente favorables a que Tinelli sea candidato a algo.

Volviendo a nuestro ejercicio de Vidas Paralelas entre el encuentro Gatica/Perón y el del Gran Conductor (Tinelli) con el Presidente Ingeniero (Macri), entre el boxeador y el presidente no existía una situación de puja de poderes como sí existe en la tensión de público conocimiento entre las explícitas ambiciones de Tinelli de dirigir la AFA y la falta de interés del Presidente por apoyarlo. Cuestión que llevó a que el conductor ridiculizara a Macri sin piedad, recordando el “esmerile” televisivo que le propinó a Fernando de la Rúa.

Alguien, cínicamente, ha afirmado que los mediáticos son esos ciudadanos que ejercitan su derecho a la libre expresión, si no hay otra cosa mejor a cambio. Por cierto, la libertad es libre, tanto como los infinitos modos en que se puede realizar la crítica. Y en ciencia política tenemos un concepto bastante preciso en su enunciación –aunque no en su medición, más usual– que puede sernos de utilidad: el de “impacto deslegitimador”. El Presidente, en calzoncillos, siendo criticado en el programa de Tinelli por su poca feliz frase de que “si estás en patas” estás derrochando energía para calefaccionarte, no estaba siendo humanizado, sino ridiculizado, y dado el contexto, también evidentemente chantajeado.

Por el otro lado, es también el mismísimo Presidente el que acepta que Tinelli lo visite en un horario de trabajo y por una hora larga y que el encuentro tenga difusión pública. Y aquí cabe una reflexión sobre un tema más general que es el de la autoridad en nuestras sociedades contemporáneas. Hay toda una línea teórica (entre los que revisten Max Weber, Carl Schmitt, Karl Loewith, Eric Vogelin, y más recientemente, Giorgio Agamben) para quienes los conceptos políticos son conceptos teológicos. Sin embargo, si algo ha sucedido en los últimos tiempos es la desacralización incluso del concepto ya secularizado de “autoridad”, adoptándose una acepción, por así decirlo funcional, que cada vez queda más vacía de ritos e investidura (cosa que pasa también a nivel social).

El Presidente es así un primus inter pares, pero no entre los gobernadores ni los políticos, sino entre los ricos y famosos, cuestión que se extiende a todo el grupo familiar.

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