Radical Blues

¿Absorberá el PRO a la UCR o ambos son, cada vez más, las líneas internas de un partido llamado Cambiemos?

El radicalismo está muerto. Los radicales no”. Acomoda la jarra de cerveza sobre el apoyavasos de cartón y sigue.

“El otro día un politólogo decía que la UCR no es un partido nacional desde hace muchos años” (nota de la redacción: se refiere a Marcelo Leiras). “Tiene razón. No tenemos programa, estrategia ni liderazgo nacional. El partido resiste y hasta gana en algunas provincias, pero como propuesta política para todo el país se extinguió”.

No hay reproche en la voz, ni siquiera pesar. El dirigente desgrana hechos y no lamentos.

“Pero sigue habiendo gente, en todas las provincias, que levanta las banderas radicales o se identifica con su historia. Esa gente merece que alguien la represente. Y ese alguien sólo puede ser Cambiemos”.

Después de las definiciones conceptuales viene el poroteo. “Fijate Río Negro”, me dice. “En 1987 fue una de las dos provincias que conservamos en medio del tsunami peronista. Pero hoy perdimos la gobernación y no tenemos un único legislador nacional”. Le recuerdo que el radicalismo gobierna la capital, Viedma, y retruca que es sólo la cuarta ciudad de la provincia. “Las tres más grandes las gobierna el FPV, siquiera el partido del gobernador. Perdimos contra el peronismo, no contra una alternativa superadora. Nadie avanzó, nosotros fuimos para atrás”.

Interviene el tercer comensal. Admite el retroceso histórico pero destaca logros recientes. “Gracias a Gualeguaychú no sólo derrotamos al kirchnerismo, que parecía eterno, sino que volvimos al gabinete nacional y cogobernamos la provincia de Buenos Aires”.

El que habló antes quiere la primera y pasa la segunda. “Es cierto: cumplimos una misión histórica: sin nosotros, Scioli sería presidente y López ministro de obras públicas de Aníbal. Me saco el sombrero ante Sanz y Lilita, que es la dirigente más parecida a Leandro Alem que pisó este planeta” (NR: Alem era conocido por su brillante ciclotimia). “Pero fue el canto del cisne. Me gustó esa frase de que hay coalición de gobierno pero no gobierno de coalición. Nosotros acompañamos pero no entramos, como en el chiste” (NR: el estadista se disculpa por no ampliar pero publicamos en horario de protección al menor).

“Tres ministros más el Plan Belgrano”, rebate sin convicción el tercero. La respuesta es demoledora: “a los ministros los eligió el presidente, no el partido. Son los hombres de Macri en el radicalismo, así como Paladino era el delegado de Lanusse ante Perón más que el delegado de Perón ante Lanusse”, remata.

El dirigente se cuida, sin embargo, de culpar al Presidente por la situación del partido. “Así como está, el radicalismo no suma, resta. El agujero negro es la provincia de Buenos Aires, pero en el resto del país también hacemos un aporte deficiente.

Tres gobernaciones y nueve senadores son indignos de un partido de gobierno. Hace falta sumar figuras y modernizar el mensaje. Transmitimos decrepitud, grisura, misoginia. Necesitamos juventud, brillo, mujeres”. Los presentes asienten con la cabeza. En la mesa no hay mujeres.

El tercero vuelve a la carga. “El radicalismo es malo en el gobierno pero bueno en elecciones. El gobierno lo necesita para 2017, una elección que no puede perder”.

El otro empieza concediendo. “Cierto, supimos construir una gran máquina electoral. Pero fíjate: como partido orientado hacia las elecciones, lo paradójico es que hoy falta precisamente una organización y una estrategia de competencia. No hay quien mire, cuente y piense, por ejemplo, qué distritos votan senadores en 2017, ni cuántos diputados nacionales renovaremos ese año, ni cómo venimos en legisladores provinciales. Prescindir de algo tan necesario tanto a nivel intracoalicional como interpartidario es una ventaja decisiva. Y el PRO tiene gente dedicada: hoy nuestros bloques de diputados están parejos, pero en dos años, gane o pierda Cambiemos, ellos nos van a duplicar”. Toma un trago largo, apoya la jarra y sigue. “Al presidente de la UCR le falta un war room encargado de la comunicación y de controlar daños cuando a alguien, ponele González Fraga, se le escapa una bestialidad”.

El otro interlocutor, trabajador en medios, se siente por fin en sintonía. “Ahí das en la tecla. Las dos innovaciones mediáticas de estos tiempos son el manejo de redes del PRO y el lanzamiento del diario digital de la izquierda (NR: @izquierdadiario). Nosotros todavía nos manejamos con gacetillas de prensa escrita en lenguaje precámbrico. ¡Y así queremos plantearle una interna a Vidal, la dirigente con mejor imagen del país!”. El dirigente pide la cuenta y saca la billetera. “No se depriman”, consuela. “Los radicales saben que su partido es Cambiemos, sobre todo en la provincia”. Y remata, sibilinamente: “Puede doler, pero no estamos atravesando un cambio de principios sino de piel”.

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3 respuestas a Radical Blues

  1. Leo dice:

    el gran problema de los radicales es que se quedaron en 1989 y no aprendieron la leccion , si todavia hay “correligionarios” que quieren sacar leyes para meter presos a empresarios por aumentar los precios

  2. Pingback: ¿La hora de la paridad de género? | El Estadista

  3. Aldosivi dice:

    Es imperdonable lo de Gualeguaychú, vendieron nuestro partido por nada, nos vendieron a la derecha.

    Que se preparen los viejos atornillados al sillón que viene la juventud radical a sacarlos a patadas por traidores.

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