¿Europopulismo?

En los próximos meses habrá varias elecciones en Europa que darán la pauta sobre el respaldo que tienen los partidos populistas.

Cada vez se habla más de populismo en Europa con la aparición y el fortalecimiento de los partidos de derecha y de izquierda que tendrían ese perfil. ¿Cómo se define este nuevo populismo? ¿Se trata de un fenómeno similar o equiparable a los populismos latinoamericanos?

Cabe señalar el populismo es un concepto equívoco y que por tal motivo puede tanto favorecer como entorpecer la comunicación respecto del término. Existieron populismos en Estados Unidos y Rusia en el Siglo XIX y en América Latina podemos hablar de tres olas de populismo. El primero es aquel que vio la luz a mediados del Siglo XX con los casos paradigmáticos, entre otros, de Perón en Argentina y de Vargas en Brasil. Luego de la redemocratización de la Tercera Ola hubo dos olas populistas, la de los años ’90 llamada neopopulismo de contenido neoliberal y de derecha, y la ola el populismo radical o de izquierda de principios del Siglo XXI con la emergencia de los regímenes de Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa, entre otros.

Sin duda, en Europa, se trata de un fenómeno distinto qué tiene características determinadas. En primer lugar aparece luego de hechos que transformaron Europa como la caída del muro de Berlín y tras sucesivas modificaciones en la forma de vida que fueron alejando al continente del estado de bienestar. En segundo lugar, el populismo en Europa (según fueren las versiones) reacciona contra distintos fenómenos a lo largo de los últimos tiempos, el estancamiento económico, la pérdida del nivel de vida, el desempleo, la falta de respuesta de los partidos tradicionales, la inmigración, el globalismo. En alguna medida el llamado populismo europeo reacciona contra los gobiernos que se enmarcan dentro de la llamada democracia liberal, cualquiera sea la ideología de los gobiernos. En tercer lugar, otra característica es que pueden ser movimientos que tienen ideología o posiciones tanto de derecha o de izquierda, e incluso que escapan a estas categorías.

Al igual que en América Latina, el concepto sirve para agrupar distintas formaciones y movimientos que persiguen diversos fines y concepciones políticas. Pero su uso es aún mucho más confuso y hasta anárquico. En Europa, los partidos o expresiones políticas calificadas como populistas se reparten entre agrupaciones de izquierda, de derecha, xenófobos, anti europeístas, anti inmigración y, muchas veces, con posiciones extremas respecto de la misma democracia. En sus distintas versiones levantan el concepto de un pueblo que está oprimido o expoliado por una élite social y una clase dirigente (local o supranacional) que persigue sus propios intereses.

En los países aparecen diferentes versiones de este vasto y supuesto populismo, por ejemplo entre los ubicados en la izquierda, en España con el partido Podemos qué pretende constituirse en la verdadera izquierda. Fue fundado a principios de 2014 y en las elecciones de diciembre de 2015 obtuvo más del 20% de los votos y 69 diputados. En Grecia, la gobernante coalición de izquierdas, Syriza, fue fundada en 2004 y ha llegado al poder en época de grave crisis y turbulencia. En Italia el movimiento 5 Stelle de Beppe Grillo no se define ni como de derecha ni como de izquierda, entre sus objetivos figuran el cuidado del medio ambiente y políticas ecologistas, la libre conectividad a internet y la democracia directa. Fue creado en 2009 y tiene un electorado transversal. En las elecciones generales de 2013 fue el partido más votado y en las elecciones al Parlamento Europeo obtuvo más del 21% y 17 diputados. En Italia no puede soslayarse la presencia de la Liga del Norte, creada en 1991 bajo el liderazgo de Umberto Bossi. Antes pregonaba desde la federalización hasta el secesionismo del norte rico respecto del sur subdesarrollado y permisivo de la corrupción. Ahora el partido ha cambiado de ejes de su agenda. De la cuestión italiana se ha reconducido hacia una posición antieuropea y anti inmigratoria acercándose a otras expresiones de la derecha europea nacionalista.

El crecimiento del llamado populismo europeo de derecha, en los últimos tiempos, se encuentra vinculado a la reacción de importantes sectores políticos en contra de la inmigración, el proyecto europeo y la globalización. En este sentido puede mencionarse el Frente Nacional creado en 1972, en Francia, con una considerable trayectoria y liderado hoy por Marine Le Pen. El partido ha ido creciendo con los años y ya es un actor importante en la vida política y electoral francesa. En las elecciones al Parlamento Europeo, en 2014, fue el partido que más votos obtuvo. En Hungría. Jobbik, creado en 2003, tiene también un discurso antieuropeo, antiglobalización, nacionalista y tradicionalista. En 2015 ha sido votado por el 20% del pueblo húngaro. En Holanda cabe mencionar al Partido de la Libertad, fundado en 2006. El Alemania, Alternativa por Alemania, creado en 2013, pretende que el país deje la zona euro y vuelva al marco alemán y en tiempos más recientes ha profundizado sus posiciones derechistas y anti inmigración. En Austria el Partido de la Libertad, cuyos orígenes se remontan varias década atrás, casi obtuvo este año la presidencia de la República en elecciones reñidas y judicializadas. La segunda vuelta electoral fue anulada y en octubre se definirá si Norbert Hofer, candidato del partido, es el nuevo presidente. Se lo considera un partido nacionalista y de extrema derecha. En los países escandinavos también el populismo de derecha anti inmigración y anti Unión Europea tiene una notoria presencia, con el Partido Popular Danés, los Demócratas de Suecia, o el Partido Verdaderos Finlandeses. En el resto de los países europeos también existen partidos de derecha anti inmigración y xenófoba. La explosión inmigratoria de los últimos tiempos y los atentados terroristas islámicos no han hecho más que expandir y profundizar esta derecha de fuerte anclaje cultural. Incluso el Brexit ha sido leído en similares términos culturales.

Podría decirse que el populismo en Europa tiene características diferenciales al conocido populismo latinoamericano y que se presenta sobre todo como un movimiento que reacciona ante distintos fenómenos y , según sean estos, los populismos europeos podrán clasificarse como de derecha (más centrados en lo cultural) o de izquierda (más centrados en lo económico social). Pero, en realidad, en América Latina existe, más allá de los equívocos, una elaboración teórica que no ha llegado todavía al territorio europeo donde casi todos los partidos o movimientos contestatarios de las élites gobernantes se califican como populistas. Dicho esto, caben una serie de interrogantes. Cuál es el futuro de estos movimientos es una pregunta qué inquieta a los estudiosos del populismo. ¿Llegarán a ser gobierno en los países donde se ha notado un crecimiento importante? ¿Hasta qué punto estos partidos pretenden modificar la forma de gobierno qué hay en Europa, hasta ahora? ¿Se agregará a estos supuestos populismos el fenómeno del liderazgo carismático qué fue constitutivo en los populismos latinoamericanos? ¿Se agotarán estos partidos y movimientos en las cuestiones qué le dan origen o por el contrario establecerán una ideología más compleja, completa y compacta? Son todas dudas que se ciernen sobre el futuro de una Europa donde el estancamiento político y el descontento social tienen como contracara una situación política fluctuante y abierta. El desconcierto llega incluso al lejano noroeste europeo donde un Partido Pirata (fundado en 2012 por hackers y activistas) puede triunfar en las próximas elecciones de Islandia.

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