Alianza del Pacífico vs. Mercosur: ¿guerra o marketing?

¿ Qué consecuencias tiene el acercamiento de Argentina a la Alianza del Pacífico? La cobertura periodística no ha respondido a esta pregunta, o la respondió mal. Y la respuesta es simple: ninguna.

Los “acercamientos” no tienen consecuencias materiales o institucionales, se limitan a mandar señales. En este caso, las señales del presidente Macri y su canciller apuntan a:

  • Cortejar a Estados Unidos,
  • Atraer inversores internacionales,
  • Desmarcarse del proteccionismo brasileño, y
  • Aislar a Venezuela.

En ningún caso implican un compromiso jurídico, una modificación arancelaria o el desmantelamiento del Mercosur. De hecho, el Gobierno busca fortalecer al Mercosur mediante la firma de un acuerdo comercial con la Unión Europea, que se viene negociando sin éxito desde hace dos décadas.

Este análisis no implica un juicio de valor sobre la Alianza del Pacífico o el Mercosur. Para los fundamentalistas de derecha, la Alianza del Pacífico significa volver al mundo mientras el Mercosur es populismo nuestramericano. Para los fundamentalistas de izquierda, la Alianza del Pacífico implica entregarse al neoliberalismo mientras el Mercosur protege los intereses nacionales. En realidad, aunque les duela a ambos fundamentalismos, los dos bloques son compatibles.

En el fondo, la Alianza y el Mercosur pretenden crear cadenas transnacionales de valor. Ambos conciben a los mercados nacionales como pequeños y buscan construir escala. La Alianza lo hace desde la apertura rápida y unilateral al comercio internacional, mientras el Mercosur adoptó un enfoque paulatino y colectivo. Es una ironía que su crisis actual haya sido generada, precisamente, por un chofer de colectivo.

Pero Nicolás Maduro no tiene la culpa. El Protocolo de Adhesión de Venezuela lo firmaron los presidentes Chávez, Kirchner, Lula, Duarte Frutos y Vázquez en 2006. En el capítulo 3 de ese engendro jurídico se establece que:

La República Bolivariana de Venezuela adoptará el acervo normativo vigente del Mercosur, en forma gradual, a más tardar cuatro años contados a partir de la fecha de entrada en vigencia del presente instrumento.

El ingreso de Venezuela fue ratificado, exclusión paraguaya mediante, en 2012. Cuatro años después, un informe reservado (parcialmente develado por los investigadores Florencia Deich y Eduardo Rivas, porque la información oficial del Mercosur suele ser secreta) indica la existencia de 560 normas que no fueron incorporadas por Caracas. Entre ellas se cuentan la nomenclatura aduanera, el acuerdo de residencia y el compromiso con la promoción y protección de los derechos humanos. El gobierno de Brasil presenta la situación ilegal de Venezuela como objeción para que asuma la presidencia rotativa del bloque.

Venezuela responde que los demás países también están atrasados en la internalización de normas comunes. La simetría es incorrecta: la falta de internalización por algún miembro tiene como efecto que la norma no entre en vigor para nadie. Por lo tanto, no hay incumplimiento. En el caso de Venezuela, las normas que no internalizó son obligatorias para los demás.

En la Unión Europea, que no es ejemplo de nada pero tiene noción de direccionalidad, los países candidatos deben incorporar las reglas comunitarias ANTES de ingresar: por eso, entre otras razones, Turquía sigue afuera. Pero si el Mercosur acepta miembros que no están obligados a cumplir sus normas durante un periodo, podría al menos determinar las medidas a tomar en caso de incumplimiento posterior. Tal previsión está ausente en el Tratado.

El jurista Alejandro Perotti, ex funcionario de la Secretaría del Mercosur en Montevideo, sugiere una solución: elevar un pedido de opinión consultiva al Tribunal Permanente de Revisión, que funciona en Asunción. De ese modo, la instancia judicial del bloque podría definir los pasos legales a seguir. Pero, hasta ahora, nadie parece interesado en judicializar el conflicto. ¿Para qué involucrar al derecho si podemos romper todo con la política?

Mientras tanto, la Alianza del Pacífico se prepara para incorporar dos nuevos miembros (Costa Rica y Panamá), llevando el total a seis. Los 49 observadores, como su nombre lo indica, miran. Este bloque no tiene las pretensiones del Mercosur (es una zona de libre comercio y no una ambiciosa unión aduanera), pero cumple las pocas normas que se impone. Si el Mercosur también lo hiciera, afirmaba hace poco Félix Peña, sus problemas encontrarían solución. El resto es marketing, y ahí la grieta entre los bloques no podría ser mayor

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