El PP9, una exitosa política de Estado

(Columna de Mario Serrafero)

Millones de argentinos viven en situación de pobreza lo que demuestra el escaso interés de sucesivos gobiernos por resolver el tema.

El Plan Pobreza 9.000.000 (PP9) fue un éxito. Se trató de una Política de Estado pues, todos los gobiernos, aún sin ponerse de acuerdo y por distintos métodos parecen haber tenido un mismo objetivo: aumentar el número de pobres. Es difícil que un país con tantos recursos como Argentina, en poco más de cuatro décadas, pase de la cifra del 4,6% de pobreza en 1974, al 32,2% que resulta del número dado por el Indec, en septiembre de 2016. Y la cifra de indigentes llega al 6,3%. Un tercio de la población está sumida en la pobreza. El país de la gran clase media se desvaneció a lo largo de administraciones que parecen haberse puesto de acuerdo en un Plan Pobreza, seguido a rajatabla.

¿Cómo se llegó hasta aquí? Deben haber sido un cúmulo de cuestiones anudadas, pero la principal es no haberse interesado en que los pobres dejen de ser pobres. El asistencialismo y los planes sociales sirvieron para paliar necesidades, pero no van más allá. En realidad, reproducen un tipo de pobreza que reproduce la pobreza. Un círculo que también puede ser utilizado por vastos sectores de la política que convierten a los ciudadanos en clientes. Y la complacencia con este estado de cosas se ve, incluso, con medidas que son presentadas con cierto orgullo por los dirigentes, por ejemplo, urbanizar las villas. Ya no se dice más, erradicarlas definitivamente. Parece que la pobreza fue llegando paulatinamente para quedarse.

Todos los gobiernos contribuyeron poco o mucho. El proceso militar, la etapa de Alfonsín, la década menemista, De la Rúa y el colapso de 2001, y la década de los Kirchner que, más allá de su agenda social, aumentó el número de pobres y lo acompañó con notable descaro. El año pasado la presidenta Kirchner en el de la FAO, en Roma, dijo que en el país el número de la pobreza era menor al 5%. Y la indigencia del 1%. Había utilizado la cifra dada por el Indec en 2013 que decía que la pobreza era del 4,7%. Para la UCA, en aquella época, la pobreza llegaba al 26%. Axel Kicillof había dicho que medir la pobreza era estigmatizar a los pobres y Aníbal Fernández respondiendo una pregunta de un periodista dijo que en el país había menos pobres que Alemania.

Macri tuvo una pesada herencia por parte del kirchnerismo, pero nunca se presentó un serio informe de cómo recibió el Estado y el país. Su primer objetivo fue lograr la pobreza cero. Baste decir que el objetivo es de cumplimiento imposible pues en ningún lugar de la tierra parece factible. Recientemente el presidente realizó una suerte de rectificación. Dijo que su Presidencia sería un fracaso si al final no hubiera menos pobres de los que había cuando comenzó su mandato.

Macri tiene razón en un punto que es crucial y que ningún presidente antes lo dijo tan claramente. Para bajar la pobreza hace falta crear empleos genuinos y para eso es necesario que lleguen inversiones al país (y que los empresarios nacionales inviertan). Algunas constantes han conspirado, históricamente, para no haberse planteado antes este punto. Además de tener un empresariado que ha especulado y abusado de la población ganando escandalosamente, por ejemplo, en las turbias aguas inflacionarias, los partidos políticos no han tenido en sus programas, como objetivo, el desarrollo de un empresariado que pudiera crear más trabajo para la población. Es que hablar del desarrollo de empresas puede ser tildado de ¨derecha” en la tilinguería del pensamiento abstracto de tantos políticos e intelectuales. Macri, en este punto, ha marcado una diferencia.

El acierto de la idea y proyecto del presidente es inobjetable, pero es de mediano (o largo) plazo y deja a los actuales pobres en una situación de espera sin esperanza. Hablar del futuro es necesario e imprescindible, pero el futuro también tendrá la marca de la pobreza de hoy. ¿Cuántos millones de niños pobres formarán parte de esa Argentina que soñaron los funcionarios oficiales en la Mini Davos? De acuerdo al Indec el 47,4% de los niños menores de 14 años es pobre. La cifra es escalofriante. ¿Cómo no hay un plan agresivo para desalojar la desnutrición infantil? Cada día el país condena a millones de niños a un futuro sin salida, a una vida sin oportunidades.

La desnutrición infantil implica restar potencialidades al desarrollo mental y físico, y aumenta los riesgos que afectan la expectativa de vida. La falta de alimentación adecuada les impedirá el maravilloso recurso de ascenso social que es la educación. Incluso aun pudiendo utilizar el sistema educativo, el inacabado desarrollo neurológico de los primeros años de vida los depositará en los márgenes de la estructura social. Apenas hace falta mencionar que se trata de una de las más graves violaciones a los derechos humanos (derecho incorporado por un tratado en la reforma de 1994).

Durante los meses de gestión del presidente la pobreza agregó cerca de 1.400.000 pobres, según los datos de la UCA. Más allá de las buenas intenciones se advierte un problema importante de oportunidad de las medidas gubernamentales. Con una estructura social que presenta tantas vulnerabilidades, el aumento de las tarifas fue un dislate que, gracias al freno de la justicia, no provocó mayores costos sociales y políticos (para el gobierno). Entre tantos lugares comunes (como erróneos) revisitados por políticos, asesores y ahora CEO devenidos en políticos, la idea de que la toma de medidas duras deben hacerse en los primeros cien días (o seis meses) sigue provocando estragos en las sucesivas administraciones. La mirada netamente económica sin densidad de análisis político y desprovista de sensibilidad social para la toma de decisiones suele minar el capital más importante de un gobierno: su legitimidad.

La pobreza ha cambiado el perfil de Argentina y puede condicionar su destino pues se trata de una pobreza estructural. Algunos pobres podrán dejar de serlo si mejoran su situación económica, considerando que tienen un bagaje de recursos educativos y culturales que se los permitirá. Con cierta reactivación económica la pobreza bajará así algunos puntos. Otro segmento importante necesitará de una capacitación de calidad para el ingreso al mercado laboral, que está lejos de haberse diseñado hasta el presente. Y otro grupo está sumido en un nivel tan profundo de pobreza e indigencia que sólo le permitirá sobrevivir con la ayuda estatal. El gobierno debería tomar conciencia de que la difícil tarea de atraer inversiones y creación de empleo no será suficiente. Ojalá se logre en el menor tiempo posible. Pero en paralelo continuará existiendo un ejército de pobres que verá difuminarse sus oportunidades en la vida y que no permitirá que Argentina consolide una democracia moderna y estable.

La gravedad de la situación excede las políticas de este gobierno nacional y requiere un plan de emergencia que convoque a todos los funcionarios electos de todas las jurisdicciones y a dirigentes de todos los sectores. Se requiere una política de Estado de reducción drástica de la pobreza con un compromiso profundo de todos los sectores y una arquitectura de política pública que supere el diseño fracasado de los planes sociales. De lo contrario, una Argentina profundamente fragmentada, tendrá convulsiones sociales a repetición y será presa de nuevas aventuras demagógicas o autoritarias. Las mentiras de los últimos años no deberían ser continuadas o reemplazadas con la frivolidad de ciertos slogans.

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