¿Qué aprendimos del voto electrónico en las provincias?

(Columna de Santiago Alles -Rice University-, Tiffany D. Barnes -University of Kentucky- y Carolina Tchintian -Rice University-)

Un estudio sobre la introducción del sistema en la provincia de Salta demuestra que tiene consecuencias sobre el voto porque afecta al arrastre por categorías.

Las provincias han sido laboratorios del reemplazo de las boletas partidarias. La provincia de Salta implementó el voto electrónico a partir de las elecciones provinciales de 2011, antes que lo hiciera la ciudad de Buenos Aires. Dispositivos electrónicos también fueron utilizados en el Chaco y Neuquén, al tiempo que Santa Fe y Córdoba han usado una boleta única en las últimas dos renovaciones de cargos provinciales y municipales. Mientras el Gobierno Nacional impulsa activamente la introducción del voto electrónico en elecciones nacionales, la experiencia de reformas similares en las provincias deja algunas enseñanzas valiosas: primero, las reglas no son neutrales; segundo, tampoco es neutral la manera en que se implementan las reformas.

En un trabajo de próxima aparición en The Journal of Politics (Assessing Ballot Structure and Split Ticket Voting: Evidence from a QuasiExperiment, en prensa) analizamos la implementación del voto electrónico en Salta. En esa ocasión, las autoridades provinciales decidieron implementar la reforma en etapas. Así, alrededor de un tercio del padrón provincial emitió su voto utilizando dispositivos electró- nicos en 2011, y recién en la elección de 2013 se completó la implementación en toda la provincia. Esta forma de implementación parcial nos permitió utilizar un diseño cuasi experimental para comparar el comportamiento de los electores que utilizaron dispositivos electrónicos, respecto al de otros que votaron con las tradicionales boletas de papel.

REGLAS

Nuestros resultados indican que la introducción de voto electrónico influye sobre el resultado electoral en la medida en que afecta el arrastre entre categorías. Esto no es un dato menor. Un cambio en la proporción de corte de boleta entre cargos ejecutivos y legislativos tiene implicancias sustantivas para la representación legislativa y la relación entre ramas de gobierno. En el caso de Salta, la diferencia en corte de boleta entre cargos ejecutivos y legislativos fue significativamente mayor en los circuitos con voto electrónico: en circuitos de Salta Capital observamos un incremento promedio de 5%, con picos de entre 20% y 25% para algunos partidos. Estas diferencias no se observaron en las elecciones de 2007 y 2015, cuando todos los votantes usaron el mismo procedimiento.

Estos efectos no son triviales. Con los niveles de corte de boleta de esa elección salteña, la diferencia para los partidos más pequeños fue alrededor de medio punto porcentual, lo cual puede significar la diferencia entre lograr o no un escaño. Si asumimos que los partidos van a ir ajustando sus estrategias de campa- ña a las posibilidades que abre el nuevo procedimiento de votación, medio punto quizás sea el piso. Además, lo esperable es que estos efectos observados entre la elección ejecutiva y legislativa se generalicen a otras carreras. Así, el arrastre entre niveles también debería verse afectado y la influencia de los cargos que atraen más atención de los votantes sería menor.

REFORMAS

En la disciplina no es controversial afirmar que las reglas no son neutrales. Sin embargo, el modo en el que se implementan nuevas reglas tampoco es neutral. Al comparar las características educativas de los circuitos electorales donde fueron asignadas las nuevas máquinas de votación con los circuitos que continuaron utilizando la boleta de papel en 2011, se puede observar que la asignación estuvo sesgada en favor de las áreas más educadas. Las posibilidades de asignar máquinas declinaban marcadamente en áreas poco escolarizadas: la probabilidad esperada de encontrar dispositivos electrónicos fue 96% en circuitos con el 30% de población con baja educación (a.k.a. primario completo, o menos), cae a 72% cuando toca el 40%, y se desploma hasta 21% cuando llega a la mitad de la población. La lógica burocrática es difícil de ocultar. El equipo encargado de implementar la reforma tiene interés en minimizar riesgos (largas filas, quejas, etcétera) y votantes más educados parecen la vía más segura.

Los circuitos elegidos no sólo se distinguían por sus características educativas sino también por su pasado electoral. Manteniendo constante los niveles de educación y pobreza, la asignación de máquinas fue más probable en los circuitos donde Walter Wayar, competidor del gobernador Urtubey, había sido relativamente más débil en la elección anterior. La probabilidad esperada de asignar dispositivos electrónicos fue 64% en circuitos donde Wayar obtuvo 39% de los votos (15to percentil), cae a 41% donde logró 41,5% por ciento (mediana); y llega a 25% donde obtuvo 43,5% de los votos (85to percentil). La lógica política es también clara. El experimento se llevó a cabo principalmente en terreno propio.

¿QUE IMPLICA TODO ESTO?

Nuestros hallazgos no indican que el voto electrónico per se incremente el corte de boleta. Las características del nuevo dispositivo son la clave. El nuevo diseño puede hacer más fácil y conveniente cortar el voto, o pueden hacerlo más incómodo e inconveniente. Los dispositivos electrónicos también pueden manipularse para (des)estimular ciertas opciones al hacerlas más (in)convenientes. En los días previos al balotaje porteño del año pasado, cuando se implementó por primera vez el voto electrónico en la ciudad, los equipos de campaña de Rodríguez Larreta y Lousteau peleaban por el tamaño y lugar que iba a ocupar la opción ‘en blanco’ en la pantalla. Mientras unos intentaban que la mayor porción posible de votantes de terceras alternativas se retiraran de la contienda, otros intentaban empujarlos a elegir entre los candidatos aun en carrera. La intuición política detrás de esa disputa está avalada por la evidencia: el dispositivo afecta el resultado.

La experiencia también indica que el reformador tiene preferencias sobre el proceso de implementación. Algunos medios señalaban en estos días que mientras Vidal pretendía dilatar la introducción del voto electrónico en la provincia de Buenos Aires, Massa exigía que la implementación fuera completa en todo el país, como condición para apoyar la reforma en el Congreso. En este debate cada uno levanta sus motivos, pero también cada uno tiene sus intuiciones sobre los efectos de la reforma.

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