Recursos y votos en las provincias

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Los gobiernos provinciales llegarán a las elecciones de medio término con más ingresos, aunque la mejora no será absoluta ni igual para todos los distritos.

Los gobernadores llegarán a 2017 con más recursos que los que tienen actualmente. Por un lado, contribuirá a incrementar los ingresos de las provincias el crecimiento de los ingresos provenientes de la Nación. De acuerdo al Presupuesto 2017 que se encamina a su aprobación definitiva, las transferencias automáticas a las provincias ascenderán el año que viene 30% (a $ 761.500 M) contra una inflación esperada para el año en torno al 20%. Dentro de ese monto, estarán los $ 28.340 M provenientes de la devolución gradual del 15% que la Nación detraía de la coparticipación para el financiamiento de la Anses, a los que se sumarán otros $ 14.170 M (3 puntos porcentuales de ese 15%) a través de préstamos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS).

En lo que fue un logro político importante por parte de los gobernadores, el Presupuesto incluirá también otros $ 5.000 M –a transferir a través del fondo sojero– que la Nación tuvo que ceder ante los diputados peronistas durante el tratamiento de la ley de leyes en la Cámara Baja, además de $ 4.500 M adicionales para el financiamiento de obras públicas en las provincias, que se sumarán a los $ 34.547,7 M que ya se había comprometido a distribuir el Gobierno Nacional.

Pero por otro lado, los gobernadores se verán beneficiados por una mejora en sus ingresos propios, al mismo tiempo. Una eventual mejora de la actividad económica como la que pronostican la mayoría de los economistas impulsaría a las economías provinciales y sus actividades regionales, lo que haría aumentar la recaudación propia de los distritos, alicaída en este año recesivo.

Con apuestas de más de 35% de incremento en el gasto en obras en la mayoría de los proyectos de Presupuesto enviados por los gobiernos provinciales a sus legislaturas, las actividades económicas distritales no tardarían en entrar –en mayor o menor medida– en movimiento. Más aún, cuando la base de comparación será un pobre 2016.

 

LOS EFECTOS POLITICOS

Así las cosas, los gobiernos provinciales llegarán a las elecciones de medio término del año que viene con una mejor situación económica que la que tienen actualmente; de lo que se desprenden numerosas incógnitas. ¿Qué impacto puede tener ese dato en términos políticos? ¿Hay que esperar un fortalecimiento de los gobernadores al interior de sus partidos o en el escenario político en su conjunto? ¿Se verán beneficiadas las listas legislativas patrocinadas por los gobernadores? ¿O por el contrario, un eventual repunte de la actividad económica se percibirá como un logro nacional y por ende, tenderá a favorecer a los candidatos locales de Cambiemos?

Las respuestas posibles no están exentas de grises ni son homogéneas entre todas las provincias.

En primer lugar, aunque será similar en la mayoría de los casos, no todas las provincias llegarán con el mismo contexto económico. Entre las que mejores números muestran hoy, se encuentran –entre otras– Santa Fe y Córdoba y la CABA. La primera bajo gobierno socialista, la segunda bajo gestión de un peronista de inmejorable relación con el Gobierno Nacional y la tercera, parte de Cambiemos.

En cambio, la provincia de Buenos Aires y Mendoza, otras de las integrantes de Cambiemos, aunque marcaron un importante avance hacia el reordenamiento de sus cuentas fiscales este año, llegarán a 2017 con dificultades todavía relevantes. Peor aún llegarían otras como Santa Cruz o Entre Ríos (ambas bajo gobiernos peronistas, aunque de distintas inclinaciones), que lejos de mejorar, este año han visto empeorar sus números.

Asimismo, en lo político, los partidos políticos no pondrán en juego lo mismo en todas las provincias. Si bien la carrera por las tres bancas de senadores nacionales por Buenos Aires va a concentrar la mayor parte de la atención, también se renovarán los asientos en la Cámara Alta de Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz y de todas las provincias en Diputados.

Para gobernadores con aspiraciones nacionales, el que viene será un año clave, y una mejor situación económica los ayudarán a afrontar mejor sus campañas, mantener más alineadas a figuras propias y ajenas (sobre todo a aquellas con responsabilidades ejecutivas, como intendentes) y esperar un voto favorable de parte de la ciudadanía. En ese sentido, a quién perciban los votantes como artífices de la eventual mejora económica será una de las claves.  Para muchos que recién consiguieron su primer mandato el año pasado, en tanto, será una oportunidad para revalidar el voto de confianza de aquellas elecciones.

Por su parte, para Cambiemos –y el PRO, en particular– serán claves por cuanto es mucho lo que tiene para ganar. Su participación en esa cámara no alcanza el 25% y apenas pone en juego tres bancas (todas de ellas radicales). Por el contrario, una derrota el año que viene pondría en duda la continuidad del Gobierno Nacional más allá de 2019. A su vez, en muchas provincias, el radicalismo conserva un rol de peso como primera minoría, que querrá preservar el año que viene, donde no pueda triunfar.

Recientemente, Carlos Fara señalaba la paradoja de que la concentración de fondos que Cristina Fernández le dejó a Mauricio Macri sea lo que le hubiera permitido ganar apoyos legislativos y diversos acuerdos con peronistas. Otra paradoja será que Macri tenga que enfrentar a gobernadores con más recursos gracias a sus propias políticas de desconcentración.

 

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