Cambiemos: ¿Errores de cálculo y falso optimismo?

(Columna de Juan Battaleme, director de la Carrera de Gobierno y RR.II. -UADE-)

El proyecto de Cambiemos puede quedar seriamente comprometido después de las próximas elecciones del 2017.

Henry Ashby Turner, historiador inglés, en su libro “A Treinta días del Poder”, relata de manera precisa y acabada el mes de enero de 1933 en el que Hitler completa su ascenso a Canciller en la República de Weimar. Ese ensayo enfatiza tres aspectos que considero relevantes para quienes analizan la política nacional y realizan los cálculos de poder frente a las elecciones legislativas del 2017, frente a la necesidad de consolidar el poder obtenido a fines de 2015, o de recuperarlo aquellos que lo perdieron.

El primer aspecto es la idea por la cual Hitler era controlable una vez que llegara al poder. Ya sea por los acuerdos previamente firmados, sus debilidades de carácter y/o las circunstancias políticas, quienes propiciaban su ascenso, aunque no coincidieran con sus ideas, veían a un actor que podía ser controlado y que inevitablemente se integraría al sistema político. El segundo es el problema derivado de la coordinación de los actores que eran parte de la élite política quienes creían que Hitler era un jugador sistémico. Los problemas personales, las rivalidades existentes, junto con sus propias aspiraciones dieron un margen de maniobra al entonces aspirante a Canciller, explotando en beneficio personal las disputas existentes entre ellos, pudiendo maniobrarlos políticamente.

Finalmente, el tercer aspecto se relaciona con el factor suerte/desgracia los cuales se concatenan de manera tal que quedan  fuera del control político  y que terminaron por gestar una de las peores tragedias políticas del Siglo XX.

Las elecciones del 2017 aparecen como una bisagra para el gobierno de cambiemos. Con un año económico de éxitos limitados, con una serie de traspiés en las decisiones que ocasionaron dilapidar 10 meses de gestión junto con una oposición que, aunque dividida, presenta en Sergio Massa un actor más cercano al diálogo pero que presiona sobre los errores de cambiemos para posicionarse y busca por aunar al aparato del PJ tras de sí;  en Cristina Fernández alguien que no presenta signos de querer cerrar ninguna brecha, utilizando cada oportunidad que se le presenta para reafirmar el punto de fractura que nos supo legar, ya que eso define el remanente del proyecto político popular y nacional y su base de poder.

Desde hace meses se está señalando la conveniencia o no de “Cristina presa” o “Cristina candidata” para las próximas elecciones. Sería bueno cuestionar la sabiduría de dicho “debate” al fin y al cabo no hace otra cosa más presentar a la sociedad que Cambiemos ancla al pasado parte de su gestión temiendo al que lo acusen de proscripción, si se afecta la posibilidad de competencia de CFK.

Si bien suena lógico que se le gane a Cristina de una buena vez para que se pueda avanzar, y romper con otro aspecto del relato, esto es la imbatibilidad de la candidata, cabe destacar que el 51,40% de cambiemos versus el 48,60 del FpV hace suponer que puede ser una apuesta muy alta para el joven gobierno de cambiemos. Hasta podríamos identificarlo con los últimos plebiscitos que ocurrieron en el mundo y que no salieron como se supuso.  Si a ello sumamos que existe una caída de la imagen de Mauricio Macri, y un crecimiento de la de Cristina, credibilidad de encuestas aparte, la apuesta a que la gente “entiende” la gestión de gobierno, sabe que hay un “cambio cultural”, que tiene “paciencia” y que ello se va a traducir en las urnas el próximo año es un razonamiento al menos osado.

Cristina Fernández ya está enfrentando al gobierno, operando en su contra, juntando capital político y social, ya que entiende que su propia supervivencia depende de recuperar  su porción “legitima” de poder al entender que solo ella y sus acólitos son un “gobierno representativo” de los argentinos. Ese actor político no parece manejable aun cuando algunos asesores crean que lo es o que tienen alguna prenda para negociar en 2017 y mantenerla en el sistema. Su liderazgo se oxigena día a día y sus adláteres recuperan terreno en el plano discursivo, donde el gobierno ha demostrado alguna debilidad. Aun cuando su liderazgo está repleto de inconsistencias no son necesariamente determinantes, al fin y al cabo el votante cree lo que quiere creer.

Si la idea de “hay equipo” fue un importante componente de la campaña, el equipo muestra signos preocupantes de internas al interior tanto en el PRO como en el radicalismo. La estrategia de sumar aliados peronistas no deslumbra –aunque puede funcionar-, y la necesidad de reconvertir la base de votantes del kirchnerismo hacia Cambiemos, comienza a enajenar la base de votantes originales de la coalición. No es muy alentador la expansión del mote de “kirchnerismo de buenos modales”, para quienes querían el cambio, y aunque cueste asumirlo a los decisores, las percepciones cuentan y más frente a una elección, donde la economía no deslumbra aun cuando haya algún rebote.

Finalmente el factor sorpresa o no calculado. Para que el modelo económico funcione la deuda de corto plazo hay que transformarla en inversión extranjera directa, la cual hasta el momento fue débil. Si bien las perspectivas internacionales son buenas, cabe destacar que la relación con China se ha resentido, y el calendario electoral internacional puede cambiar varios liderazgos cercanos a la globalización, por otros que la cuestionan lo cual puede afectar la perspectiva sobre con quién y qué tiempo puede llevar hacer negocios redirigiendo la IED para la Argentina por sobre otras opciones, por ejemplo Brasil si es que Temer logra estabilizar la política de su país. El factor externo también influye.

Entre las tarifas, las escasas reformas de ganancias, los subsidios, el aumento del desempleo en el sector privado a costa del empleo público como muestran los datos que el propio gobierno de manera prudente y real nos hace conocer el proyecto de cambiemos puede quedar seriamente comprometido después de las próximas elecciones del 2017. La historia si bien no se repite, rima; y aun cuando la misma se presente primero como tragedia y después como farsa, ya sabemos cómo la sociedad reacciona frente a liderazgos débiles o que no parecieran tener futuro, a menos que puedan recuperarse como lo hizo el kirchnerismo después de las elecciones del 2009, aunque su condición de coalición puede trabajar en contra de ello.

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