Cambiemos, año II

(Por Facundo Matos Peychaux)

Poder mostrar éxitos económicos, mantener dividido al peronismo y lograr un buen armado electoral son tres desafíos claves para el Gobierno en 2017.

Mauricio Macri se convertía en presidente hace un año, tras una elección atípica tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires, por distintos motivos. La llegada al Gobierno de una tercera fuerza, en minoría en ambas cámaras, con apenas un puñado de gobernadores oficialistas y un perfil con el que la relación con los sindicatos podía llegar a un callejón sin salida, entre otros aspectos, sembraba un sinfín de dudas sobre la capacidad que tendría el Gobierno para “hacer política”.

Sin embargo, su flanco más débil en el primer año fue en el ámbito económico. Paradójicamente, tratándose de un espacio que tenía en la gestión su pilar principal y que llevaba al Gobierno programas y funcionarios presuntamente con más credenciales en lo económico que en lo político.

De ese triunfo pasó un año. El Gobierno está obligado a empezar a mostrar resultados de gestión si quiere consolidar el apoyo que despierta en una parte importante de la opinión pública. Macri ya cumplió un cuarto de su mandato y se encamina a haber agotado un tercio en algunos meses, poco antes de los comicios del año próximo, a las que el oficialismo le ha dado un peso trascendental en las últimas semanas.

Las elecciones de medio término suelen ser la forma en la que los ciudadanos ratifican el rumbo que tomó el Gobierno, votando por los candidatos que el oficialismo de turno respalda, o lo penalizan, inclinándose por alguna opción de la oposición. En ese sentido, como señalaba Ignacio Ramírez en una entrevista reciente con el estadista, el margen para volver a “plebiscitar al kirchnerismo” en 2017 será menor, por lo que el Gobierno deberá empezar a tener sus propios hitos de gestión para mostrar, algo que hasta ahora no ha logrado. Por el contrario, en el último tiempo tuvo que apelar a la AUH, el programa Ahora 12 y otras iniciativas del kirchnerismo para dar respuesta a la caída del consumo.

Un crecimiento de 3,5 por ciento del PIB, salarios creciendo al 20-25 por ciento con una inflación de entre 12 y 17 por ciento y un mercado laboral estabilizado, como prevé el Gobierno, son una proyección consistente con un buen resultado electoral. Lo que no quiere decir que sea seguro de lograr –aunque sí son estimaciones verosímiles– ni que ese escenario signifique por sí solo un triunfo oficialista.

En 2017, todas las provincias elegirán diputados y un tercio también senadores. Para Cambiemos, el resultado en los distritos será importante para intentar aumentar sus bloques en el Congreso, aunque la lectura central que se hará de los resultados será sobre lo que pase en la provincia de Buenos Aires.

En ese sentido, Cambiemos deberá mejorar su imagen en el Gran Buenos Aires (GBA), que reúne dos tercios de los votos y es la zona más golpeada por la recesión industrial y la apertura de importaciones en algunos sectores.

Sin embargo, el oficialismo no juega solo. Cuán dividido llegue el peronismo a las elecciones será determinante para las chances del Gobierno de imponerse en el distrito. Como mostraba Andrés Malamud en una edición reciente, el peronismo unido es difícil de batir, pero si compite fragmentado en al menos dos opciones equilibradas en votos, el oficialismo tiene chances de imponerse si alcanza cerca de 35 por ciento de los votos.

Para eso, contar con candidatos competitivos será importante –aunque no determinante–. Habiendo transitado ya medio mandato, el margen de Cambiemos para postular outsiders sin experiencia política pero altos niveles de conocimiento e imagen positiva (una fórmula que rindió sus frutos hasta ahora), se achicará y deberá dejarle paso a figuras más políticas que puedan representar la gestión ante el electorado. En esa línea se inscriben algunos de los nombres que se barajan para la provincia de Buenos Aires, como los ministros Esteban Bullrich, Carolina Stanley y Jorge Triaca. En la medida en que haya mayores resultados de gestión, esa tarea será más fácil. No obstante, más allá de quien encabece las ofertas oficialistas, en la campaña en ese distrito tendrán un rol preponderante María Eugenia Vidal y Macri.

Por otra parte, las elecciones le presentarán al macrismo otros dos desafíos centrales. Por un lado, como advertía Martín D’Alessandro en la edición pasada, tendrá que administrar cuidadosamente la negociación con la UCR por el armado de listas. El macrismo respetará al radicalismo en muchos lugares donde el partido centenario es más competitivo y le garantizará los lugares institucionales que hoy ocupa, aunque procurará quedarse con la mayoría relativa de los espacios adicionales que gane Cambiemos en su conjunto.

Asimismo, el Gobierno tendrá que enfrentar el dilema de competir con listas propias contra los candidatos de gobernadores que en muchos casos fueron aliados suyos durante este año, o tensionar la relación con el radicalismo provincial en aquellos distritos donde busque un acuerdo con los mandatarios peronistas.

Ninguno de los tres factores (los resultados de gestión, la división o no del peronismo y el hallazgo de candidatos competitivos) le garantizará por sí solo un triunfo a Cambiemos en 2017. Aunque la suma de los tres, será el mejor camino para alcanzarlo.

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