2017, el año en el que todo puede salir mal

El año que viene no hay Mundial ni Juegos Olímpicos pero se juegan partidos trascendentes. ¿Cuáles mirar? Acá van unas sugerencias.

1 . EL COLAPSO EUROPEO

La desintegración de la Unión Europea camina en cámara lenta. Incluso el Brexit, una decisión ya tomada, avanza a paso de hormiga. Pero en 2017 se espera una serie de eventos que podrían apretar el acelerador. El primero está relacionado con las elecciones, el segundo con la economía y el tercero con la inmigración.

Dos elecciones clave se vienen en Francia y Alemania. Si gana Marine Le Pen, su decisión de salir del bloque será menos relevante que la estampida que contagiará. ¿Qué empresario apuesta a una sociedad estancada que se cierra? ¿Y qué país europeo querrá quedarse en un club del que sus fundadores escapan? La derrota de Merkel sería aún más grave pero es más improbable.

La economía europea casi no crece, pero su problema no son las empresas sino los gobiernos y los bancos. La situación fiscal de Portugal y Grecia parece estable pero es frágil, y cualquier temblor puede acabar con el equilibrio. Y todavía no está claro si la banca italiana caerá antes que el Deutsche Bank o después. Siempre queda la opción del rescate, que gana tiempo para los bancos a cambio de hundir un poco más a los estados.

La inmigración es el ácido que corroe los cimientos europeos. ¿Es esta una apreciación xenófoba? No, porque el problema no son los inmigrantes que entran sino los que mueren en el camino. De los 5.300 inmigrantes que fallecieron en 2015, 3.700 lo hicieron en el Mediterráneo. El año anterior habían sido 3.200. Si Europa se va al tacho habrá siempre un consuelo: menos gente morirá tratando de entrar.

2. LA RETRACCIÓN DEL COLOSO

La xenofobia es siempre mala, pero Estados Unidos se prepara para hacer daño con herramientas más monetarias que racistas. Para financiar su plan de infraestructura sin aumentar impuestos, Trump va a emitir dólares y subir la tasa de interés. La emisión genera inflación… en el resto del mundo, porque el dólar es la moneda global. Y la subida de tasas succiona capitales internacionales, que irán a EE.UU. en vez de a países riesgosos o frágiles. Un Macri invertido, the Donald se propuso que el mundo vuelva a EE.UU. Eso es malo para el resto.

3. EL ASCENSO DEL DRAGÓN

El analista internacional Oliver Stuenkel señala una paradoja: mientras EE.UU. se convierte en factor de incertidumbre, muchos se vuelven hacia China en busca de estabilidad. La incertidumbre, en realidad, es producto de todo Occidente: Europa anticipa y acompaña la deriva norteamericana hacia la entropía. China no compra conflictos pero va ocupando los espacios vacíos, argumenta el politólogo argentino Luis Schenoni. La matoneada de Trump con Taiwán y su cercanía con Putin parecen intentos de reequilibrio que no logran esconder la novedad: en un mundo ansioso por previsibilidad, las miradas se dirigen a Beijing más que a Washington.

4. LA DESINTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA

Si alguna vez lideró algo en la región, nada queda de ese Brasil. México no está mejor. En América Latina no hay líderes, y hoy Cuba tiene más influencia que cualquier otro país en los asuntos que conciernen a sus vecinos. Al final, el Castro que hizo diferencia fue Raúl. Su desafío, sin embargo, es hercúleo: evitar el colapso de la economía de la isla y, sobretodo, de la sociedad venezolana que regentea a control remoto. Si la república bolivariana se hunde en la anarquía, la inestabilidad atravesaría fronteras junto con cientos de miles de refugiados. La amenaza para América Latina no es la disolución de los irrelevantes bloques regionales sino la algunos de sus elementos constitutivos, los estados nacionales.

5. LA DELARRUIZACIÓN DE CAMBIEMOS

Mientras tanto, en Argentina, el Gobierno necesita ganar las elecciones intermedias en la provincia de Buenos Aires. Los antecedentes históricos le asignan un 50-50 de probabilidad. Y menos mal, porque las consecuencias de la derrota serían altamente tóxicas: con un congreso hiper-minoritario, el peronismo cebado y la sociedad hastiada, las chances de acabar un mandato presidencial son reducidas.

6. LOS PRONÓSTICOS

Por suerte, 2017 puede ratificar la tendencia y demostrar que todo puede fallar, en especial los pronósticos. Juan Gabriel Tokatlian se preguntaba hace poco si vale la pena seguir previendo acontecimientos, una vez que nuestros intentos recientes se hundieron entre la costa del ridículo y la orilla de lo patético. Tiene razón. Habiendo tantos cientistas sociales que auguran el fin el mundo, es probable que 2017 sea un gran año.

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