El cambiante año de Cambiemos

(Columna de Nicolás Tereschuk y Mariano Fraschini)

El primer año de Macri no fue pródigo en la generación de nuevos recursos, y la sensible caída de su imagen y de la gestión de Gobierno es un correlato de estos déficits gubernamentales. Sin embargo, nada está dicho en estas latitudes.

El Gobierno encabezado por Mauricio Macri ha cumplido un año de mandato. Se trató de un año intenso en lo económico y que pareció más sereno en lo político. Una economía que entró en recesión a partir de la llegada de la alianza Cambiemos y un año legislativo con varias sorpresas. A la fecha, y a pesar de llevar adelante un plan económico que privilegió a la (esquiva) inversión en detrimento del consumo, no existieron grandes protestas (sí muchas movilizaciones sociales, pero no un paro general de la CGT) que conmovieran al Gobierno en el plano político.

Un marco explicativo que nos resulta pertinente para analizar el primer año de Macri es el de enfocarnos en el liderazgo presidencial y los recursos de poder que éste ostentó y/o pudo generar en el ejercicio del poder. Como dijimos en otra oportunidad, en las democracias presidencialistas de baja institucionalización como las nuestras, el liderazgo del Ejecutivo comporta un rol explicativo clave para dar cuenta de la dinámica política local. Es decir, a menor institucionalización democrática (con reglas laxas y cambiantes), mayor relevancia del liderazgo. Desde allí es que debemos enfocarnos en cuáles son los recursos de poder que un presidente tiene (o no) y logra conquistar (o perder) durante el ejercicio de su mandato. Analizar el primer año de Gobierno de la alianza Cambiemos bajo este marco explicativo, sin dudas, nos suministrará los elementos necesarios, no sólo para comprender las particularidades de estos 365 días, sino también para poder encontrar algunas claves para los otros tres que le restan.

Comencemos desde el principio. ¿Cuáles son los recursos de poder que ostentó Macri desde el inicio de su mandato? Los recursos institucionales más significativos fueron el dominio del Ejecutivo, la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma, con lo que implica el control no sólo de la gestión política, sino también de los bancos públicos más importantes del país, que junto con la política del BCRA constituyen los recursos financieros del Gobierno. Otro recurso de poder que ostentó Macri desde el comienzo (a diferencia de Fernando de la Rúa) es que el presidente no sólo es el líder indiscutible de su partido (el PRO) sino también que es el político más importante de la alianza de Gobierno. Este recurso de poder partidario se suma a los recursos de poder comunicacionales como son contar con el apoyo (coyuntural, si se quiere) de los principales medios de comunicación locales e internacionales, y la gran inversión simbólica y material que el gobierno pone en las redes sociales. Este último recurso de poder fue clave en el triunfo electoral de noviembre de 2015, y le permitió a un partido pequeño que gobernaba un solo distrito convertirse en una alternativa política viable. Entre los recursos sociales, el Presidente contó al iniciar su mandato del apoyo explícito de los empresarios, un activo central para su propuesta de transformación social. El recurso apoyo popular ciudadano (más de la mitad de los votos positivos) es otro activo en manos del gobierno, pero al tratarse de un producto de la segunda vuelta electoral puede considerarse un recurso a mantener durante el ejercicio del poder. Un último recurso de poder que detentó (y detenta) el Gobierno es el de contar con una Corte Suprema al menos amigable, sobre todo luego del nombramiento de Carlos Rosenkrantz. Sin lugar a dudas, no se trataba de un conjunto de recursos de poder decisivos, pero resultaron suficientes para iniciar un mandato con minoría parlamentaria en ambas cámaras, escasas gobernaciones, sindicatos peronistas y escaso potencial de movilización social.

Luego de un año en el Gobierno, ¿logró Macri mantener los recursos de poder con que inició su mandato? ¿Pudo a partir del ejercicio del poder conquistar nuevos? ¿Le alcanza al Presidente con los recursos con que cuenta generar una gobernabilidad exenta de conflictos?

Hagamos un breve repaso de las principales medidas adoptadas por el Gobierno y su impacto en la generación (o pérdida) de los recursos de poder con lo que inició su mandato.

•             La quita de retenciones a los principales productos de exportación, a las mineras, una política que prioriza la rentabilidad de las compañías energéticas, la prioridad y el aliento a la rentabilidad de los bancos, las altas tasas de Lebac y plazos fijos a inversionistas “golondrina”, la discusión sobre la flexibilización de los convenios colectivos de trabajo (para adecuarlos al “Siglo XXI” sic) y le ley de blanqueo que asegura la transparencia de activos para los sectores más altos de la sociedad forman parte de un menú de decisiones de política económica para ganarse la confianza de sectores del “gran capital”. Desde ya que estos sectores se vieron beneficiados por las acciones del Gobierno, ¿pero esto “pagó” en términos de apuntalar al Gobierno con la tan ansiada “lluvia de inversiones” y la salida de la recesión? La “normalización” de la economía de la que hablaba Guillermo O’Donnell al analizar la convulsionada década del 60 en Argentina apareció, igual que entonces, con un Gobierno que busca satisfacer los deseos de las grandes compañías pero -al igual que entonces- siempre parece faltar “cinco para el peso” para asegurar largos períodos de la estabilidad política más parecida a la paz de los cementerios que requieren esos sectores. Como lo expresó el economista Javier González Fraga, las inversiones no llegan porque hay quien teme que regrese “el populismo”. A esto se suman las críticas de algunos sectores -más dependientes del mercado interno- a la falta de crecimiento de la actividad y de otros sectores que consideran demasiado alto el déficit fiscal o demasiado costosas las negociaciones que el Ejecutivo encara en el Congreso. Como decía O’Donnell, “la ortodoxia se demuestra andando” y se trata de un camino nada fácil. Al aumentar la incertidumbre global con la victoria de Donald Trump el mes pasado, los distintos sectores del establishment que apoyan a Macri conformando uno de sus recursos de poder más importantes parecieron alborotarse, impacientarse, frustrarse y enojarse. Los brotes verdes no llegan y los “accionistas” de Cambiemos amenazan con disgustarse con el Presidente.

•             En la misma dinámica parece haber caído en el último mes los grandes medios de comunicación socios del Gobierno y a la vez recurso de poder del Presidente. La realidad de la falta de crecimiento, el aumento de los despidos y un cierto malestar social parece haber comenzado a colarse, casi doce meses después de la asunción de Macri en las páginas de los grandes diarios. En los últimos treinta días, el recurso del liderazgo indiscutido partidario también parece haber resultado más trabajoso de gestionar para el primer mandatario. Cuestionada su estrategia política general por el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó y en medio de la disputa entre los “alópatas” como el legislador bonaerense y los “homeópatas” de la política como el jefe de Gabinete, Marcos Peña, el clima interno de Cambiemos no parece el mejor. El decreto de blanqueo firmado por el Presidente motivó críticas por parte del jefe del interbloque Cambiemos de la Cámara Baja, el radical Mario Negri, al tiempo que la líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, siempre está dispuesta a lanzar algún cuestionamiento a algún integrante del círculo íntimo del Presidente. Con los resultados económicos que no aparecen habrá que ver si el “afecto” entre los miembros de Cambiemos -o incluso entre integrantes del PRO tan diversos como la gobernadora María Eugenia Vidal y algunos funcionarios con oficina en la Casa Rosada- continúan.

•            La capacidad del Presidente de contar con aliados circunstanciales fuera del ámbito de Cambiemos también se vio puesta entre paréntesis en el último tramo del año. El estruendoso fracaso de la reforma electoral en el Senado, las duras críticas de gobernadores patagónicos -la mayoría de ellos peronistas- a medidas de política económica adoptadas por el Gobierno, sumaron dificultades para algunas de las estrategias del oficialismo en el Congreso. ¿Vendrá la rebelión contra Cambiemos del peronismo de la periferia y contagiará a los más negociadores del “centro”? El aumento de la planta del estado (a pesar de las cesantías de principios de año), el incremento de los ministerios públicos, política de endeudamiento como centro de la dinámica macroeconómica y como un horizonte luminoso a alcanzar (no ya como una política de crecimiento, sino como una nueva utopía que generará, de ser factible, una explosión de inversiones extranjeras y de atracción de divisas) es otra faceta del rostro de la política del gobierno que hoy se encuentra en plena disputa.

•             La devaluación del 60%, con suba de precios y como se dijo quita de retenciones, una transferencia directa de las familias y empresas que pagan tarifas de servicios públicos a las empresas del sector energético por US$ 2.000 millones, implicaron claras transferencias de dinero de los sectores más bajos a los más altos de la sociedad, sin que por ello se hayan producido en el plano político institucional y sindical una oleada significativa de protestas. Muy por otra parte, este ángulo es el que el gobierno tiene más controlado a pesar de que los salarios durante todo este año se han negociado a la baja y que se ha aceptado el veto a la ley que bloqueaba despidos, ha habido una asombrosa ausencia de grandes medidas de fuerza, más allá de movilizaciones empujadas por las bases que por la conducción cegetista.

•             Por último, enumeramos otras iniciativas oficiales: el proyecto de cambio del sistema de votación (en el que todos los partidos han triunfado a lo largo de la historia) luego de más de 100 años, la cooptación del Consejo de la Magistratura, el intento de nombramiento por decreto de dos jueces de la Corte Suprema, el uso de decretos de necesidad y urgencia para modificar leyes del Congreso, el constante nombramiento de funcionarios que no cuentan con los requisitos inicialmente previstos por el cargo, el desplazamiento de funcionarios mediante interpretaciones normativas (como recientemente ocurrió con los directores del Banco Central), el congelamiento de concursos para cargos públicos realizados de acuerdo a la normativa vigente y la presión pública a jueces para que tomen determinadas decisiones en investigaciones penales. Esta “normalización”, en este punto, tiene mucho de deskirchnerización tanto simbólica, como material de los principales y legitimados activos del kirchnerismo

Esta lista de medidas no pretende ser un sumario de todas las iniciativas llevadas adelante por el Gobierno, pero nos sirve de base para dar cuenta de la movilización de recursos de poder del presidente. Sin dudas, las principales acciones del gobierno apuntaron a generar las inversiones “genuina” y “necesarias” para lograr puesto de trabajo de “calidad”. Esto implicó una transferencia de fondos desde los trabajadores a los sectores del capital, pero lejos de implicar un robustecido apoyo por parte de este último a las medidas llevadas adelante, los empresarios esquivaron (y continúan esquivando a pesar de las generosas condiciones existentes para el rendimiento del capital) las inversiones tantas veces demandadas por el poder ejecutivo. Se trata por lo tanto de un recurso de poder que el gobierno aún no ha logrado controlar, con muchos costos en términos económicos. En cuanto al otro recurso de poder social como es el sindicalismo, el gobierno ha conseguido neutralizar su fuerza, pero a medida que se aplica un modelo económico claramente adverso a los intereses de los trabajadores, es posible que este recurso se convierta en una barrera para lograr la paz social anhelada por el macrismo.

A pesar de no contar con el recurso de poder institucional parlamentario, el presidente pudo ingeniárselas (recurso político personal) para aprobar leyes sensibles a su gestión. Sin embargo, debemos advertir que a medida que avance el mandato del gobierno, y con un año electoral en marcha, el parlamento será caja de resonancia de lo que suceda en el campo de los votos y con ello es posible que se convierta en un recurso de poder esquivo al oficialismo. La “liga de gobernadores” del peronismo está haciendo sentir su poder de veto en algunas leyes, y amenaza con convertirse en un dolor de cabeza para la política legislativa de la administración macrista.

El recurso de poder apoyo popular ciudadano es otro de los activos del gobierno que aún se mantiene, pero en un nivel mucho más bajo que al comienzo del año. Como era de esperarse, el alto índice de apoyo al presidente al inicio de su mandato ha ido descendiendo a lo largo de los meses, pero aún conserva un importante nivel de adhesión, que según los especialistas se basa más en expectativas a futuro que a la performance del presente, y descansa en el deseo subjetivo que la economía estará mejor en el año próximo

Los recursos de poder financiero como son los bancos públicos más importantes del país, y la alianza con los privados, le ha otorgado al presidente la posibilidad de endeudarse a nivel local e internacional, y manejar una política monetaria restrictiva que tuvo como principal objetivo evitar la emisión monetaria que según la mirada del gobierno era una de las causas de la inflación durante la década anterior.

Los recursos de poder logrados en el ámbito internacional hoy parecen haberse licuado al compás del triunfo de Trump tras la apuesta fervorosa por la candidata perdedora en la elección norteamericana, y de los severos cuestionamientos por parte de organismos internacionales frente a la injusta detención de Milagro Sala.

Para culminar respondiendo a los interrogantes planteados al comienzo, el juego continúa abierto para el Gobierno. Los recursos de poder que hoy ostenta devienen de su origen, y salvo en la política legislativa en el primer tramo de Gobierno, no ha podido incrementarlos. Su primer año de mandato no fue pródigo en la generación de nuevos recursos, y la sensible caída de su imagen y de la gestión de Gobierno es un correlato de estos déficits gubernamentales. Sin embargo, nada está dicho en estas latitudes. La historia nos enseña que son los oficialismos, y en especial la pericia del liderazgo presidencial quienes se convierten, en última instancia, en los artífices de las victorias y de los fracasos.

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