El año del Congreso

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Sin mayoría de ninguna fuerza, el legislativo fue el ámbito clave para las negociaciones políticas. Qué quedará para 2017.

El triunfo de Cambiemos en las elecciones presidenciales de hace ya más de un año introdujo una novedad para la política argentina de los años más recientes: un oficialismo en minoría en ambas cámaras. Una realidad que obligó al Gobierno a negociar en busca de los consensos necesarios para hacer aprobar los proyectos que consideraba clave para llevar adelante su programa de gobierno, una tarea en la que, a pesar de lo que se esperaba a priori, no tuvo mayores dificultades.

La desventaja se sintió, aunque no paralizó la actividad de un Congreso que se erigió durante el año como el ámbito por excelencia de las negociaciones políticas. Según un relevamiento de Directorio Legislativo, se sancionaron 96 leyes este año, muchas menos que las 125 de 2015 y las 174 de 2014, último año electoral, aunque con una clara mayoría en ambas cámaras del oficialismo de aquél momento. En cambio, en 2016 sí se sancionaron más leyes que en 2010, el último año electoral con gobierno dividido (cuando era mayoría el llamado Grupo A), con 96 proyectos aprobados contra 64 aquél año.

Pero además de en términos cuantitativos, el éxito legislativo del Gobierno se vio en el plano cualitativo. Desde el acuerdo con los holdouts hasta el Presupuesto 2017, pasando por la Ley de Acceso a la Información Pública, la exención del IVA de la canasta pública, el régimen de participación público-privada en la obra pública, el acuerdo del Senado para los pliegos de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz para la Corte o la superley que incluyó el blanqueo de capitales y la llamada Reparación Histórica a Jubilados, los proyectos sobre los que el Gobierno puso prioridad, empeño y recursos fueron acompañados por buena parte de la oposición y fueron sancionados, en la gran mayoría de los casos, por más de dos tercios de los legisladores de ambas cámaras.

Como contrapartida, su desventaja numérica obligó al oficialismo a ceder en más de oportunidad. De las leyes redactadas por los legisladores, el 82% fueron presentadas por bloques de la oposición, cuando en 2015, el porcentaje fue exactamente inverso, según Directorio Legislativo. Asimismo, de las 55 iniciativas que Macri envió al Congreso apenas fueron aprobados 24 (44%). El año pasado, Cristina Fernández había logrado hacer convertir en ley 66% de los proyectos que había enviado.

En simultáneo, el Congreso también ganó peso como espacio donde se originan las leyes. En 2015, el 43% de las leyes sancionadas por el Congreso habían sido redactadas por el Poder Ejecutivo, mientras que ese porcentaje se redujo a 27% este año, según Directorio Legislativo. Como contrapartida, las leyes redactadas por legisladores ascendieron de 57% a 73%. También hubo más oportunidades para discutir en comisión los proyectos e introducir modificaciones, haciendo funcionar la idea de cámara revisora, una práctica perdida en los últimos años. Otra novedad fue la transversalidad lograda con la paridad de género. Legisladoras de todos los bloques en ambas cámaras trabajaron juntas para llegar a una ley unificada y promoverla tanto al interior como por fuera de sus partidos. Con la caída de la reforma electoral, el objetivo quedó a medias, aunque las legisladoras que promueven el proyecto aseguran que seguirán intentando convertirlo en ley.

DIFERENCIAS, ACTORES Y FUTURO

Aunque en muchos sentidos tuvieron una dinámica similar, la Cámara de Diputados y el Senado operaron bajo lógicas diferentes en otros aspectos. En la Cámara Baja, la figura de Emilio Monzó, presidente de la Cámara, fue clave para construir consensos, como remarcaron varios líderes opositores y como plasmaron en su reelección como presidente de la cámara para el año que viene por unanimidad, con excepción del bloque del FIT.

En el arco opositor, por su parte, la dirigentes de peso político como Sergio Massa y Diego Bossio agilizó la negociación con el oficialismo y como explica Graciela Camaño en una entrevista en esta edición, le significó a la oposición la posibilidad de conseguir que una batería importante de iniciativas propias se convirtieran también en ley con apoyo oficialista.

En este marco, los principales acuerdos que forjó Cambiemos fueron con el Frente Renovador y el Bloque Justicialista, aunque también con partidos provinciales como el Frente Cívico por Santiago o hasta por momentos con algunos sectores del FpV. El núcleo duro de oposición al Gobierno fue el FIT, el sector más kirchnerista dentro del FpV y el ala izquierda del progresismo.

Al interior del interbloque Cambiemos, la UCR y la Coalición Cívica votaron siempre con el PRO, aunque durante la discusión de los proyectos en comisión –y en menor medida en el recinto– interpusieron objeciones que terminaron en modificaciones en algunos proyectos, con mayor frecuencia que en períodos anteriores con mayoría oficialista.

En el Senado, la figura de Miguel Pichetto, de varios mandatos legislativos y presidente del bloque mayoritario en los últimos años, relegó por momentos a Gabriela Michetti, aunque allí el oficialismo tuvo en el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, un interlocutor asiduo y respetado con la oposición.

No obstante, para conseguir resultados en esta cámara la estrategia del Gobierno pasó por la negociación con los gobernadores. Los mandatarios provinciales fueron clave para determinar el resultado de las leyes, tanto en el caso de las que terminaron siendo aprobadas, como el acuerdo con los holdouts, o aquellas, las menos, que quedaron truncas, como la reforma política. Al interior del bloque del FpV, que cuenta con mayoría, un sector mayoritario, más dependiente de los gobernadores, fue el de mayor cercanía con el oficialismo, mientras que hubo comportamientos más disímiles entre los legisladores más independientes de los mandatarios de las provincias –sea por estar alineados con el kirchnerismo, porque difieren en sus signos políticos o sectores al interior de un mismo partido, o porque son figuras de mayor trayectoria que aquellos gobernadores–.

El próximo año, con elección de diputados en todas las provincias y de senadores en un tercio de ellas, el Congreso volverá a tener menor actividad. La composición de las cámaras no cambiará demasiado (el oficialismo seguirá sin tener la mayoría), pero sí puede mutar la conformación al interior de los interbloques. El kirchnerismo perderá seguramente peso relativo dentro del FpV, mientras el radicalismo lo hará probablemente dentro de Cambiemos. Cómo siga la relación del Gobierno Nacional con los gobernadores, que en muchos casos enfrentarán listas respaldadas por Cambiemos en sus distritos, determinará también la dinámica del Congreso en 2017. Algunos de los proyectos que se tratarán el año que viene serán la reforma tributaria que el Ministerio de Hacienda y Finanzas prepara con los gobernadores, el traspaso de la Justicia a la ciudad de Buenos Aires, el proyecto El camino de sirga, la ley que reduce las comisiones de las tarjetas de crédito y débito y, según promete el Gobierno, una nueva ley de coparticipación y algunos aspectos de la reforma electoral, así como también la paridad de género.

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