Estado y poder en la Argentina de Cambiemos

Extracto de “Cambiando, el eterno comienzo de la Argentina” (Grupo Planeta, 2016), de Mario Riorda.

La cuestión era llegar. Todo aquel que se aproximara al poder debía llegar, de uno u otro modo, a controlar la cúspide del gobierno. Desde ahí controlar al estado y una vez ahí el merecimiento máximo: levantar el máximo trofeo de la representación. Más o menos ese era el proceso hace décadas para quien detentara el poder. El estado era el estadio último. No sólo significaba el último peldaño para garantizar la representación política, sino además desde ahí salían todas las respuestas posibles a las demandas ciudadanas.

Ya no es así. Incluso muchos que llegan al gobierno lo sufren, lo padecen. Por ejemplo, durante siete años desde 2002 al 2009 la aprobación de gobierno en promedio aumentó de 36% a 60% para los 18 presidentes latinoamericanas. A partir de 2010 esta comienza a bajar. En el año 2009 había 12 gobiernos con más del 50% y ocho de ellos tenían aprobación más del 60%. Eso ha quedado reducido a la mitad en 2013 (1). Hoy solo 5 mandatarios en toda América Latina tienen diferencial positivo, es decir, más imagen positiva que negativa.

En este contexto llegó Cambiemos al poder. Con límites. Un periodo donde hay una mayor presencia de los límites para la acción de gobierno. ¿Qué significa ello? Que no siempre el estado hace las veces de máximo articulador de relaciones sociales. Se ve sobrepasado. “En el fondo, el propio Macri se siente defraudado en parte por el ADN del círculo rojo, el entorno de empresarios más importantes del país, que no apuesta lo suficiente y muchas veces elige girar su dinero al exterior” aparecía como off the record en una reconocida revista empresarial (2). “Yo me voy. Si quieren venir, vengan”, fueron palabras de Mauricio Macri que evidenció otro off the record, marcando la tensa relación de poder del Presidente con la plana mayor del sindicalismo frente a la negativa del sector laboral de frenar la llamada “Ley Antidespidos” (que Macri vetaría luego) (3). Estos ejemplos muestran que el poder existe, pero la referencia de verlo de modo prevaleciente en la autoridad gubernamental es lo que ha mutado.

Con la llegada al poder de Cambiemos, ¿cambió la percepción de la ciudadanía respecto a la distribución del poder? Sí. Perdón, no cambió, literalmente se descuajaringó. En el 2015 el 55% de los argentinos entendía que el poder estaba depositado en el gobierno nacional. Un 21,6% en los medios de comunicación. Un 6,4% en los empresarios. Y un 2,4% en los sindicatos. Un 1,4% en la justicia. En el 2016 en cambio, un 22,9% en el gobierno, 28,3% en los medios, 17,9% en los empresarios, 12,4% sindicatos y 4,4% el Poder Judicial.

Resumiendo: cae estrepitosamente la percepción de poder el gobierno, sube estruendosamente el peso de los medios que se ubican en el primer lugar y se triplica el peso de los empresarios, sindicatos y poder judicial. Un cambio contundente de percepciones, cuando el clima de época no ha variado en igual sentido (4).

Entonces vaya un poco de luz: el poder no desaparece, se diversifica, se ramifica, se imbrica.

Esto se condice con la clara advertencia de Mosiés Naim respecto de que, en la actualidad, el poder es más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder (5).  De hecho, cuando Joseph S. Nye distingue sobre los grandes cambios de poder que están aconteciendo en este siglo, sostiene que uno de ellos tiene que ver con lo que llama proceso de difusión vertical, que desplaza el poder de actores estatales a actores no estatales (6).

Y si bien la descripción de muchos intelectuales suele hacerse en relación a los problemas de transnacionalización y de la globalización, las fuerzas determinantes que irrumpen en la nueva agenda no son sólo económicas y, además, hay fuerzas locales, regionales o nacionales que también amenazan, desde abajo preferentemente, al poder político estatal.

Como todos los síntomas, este sentimiento de pérdida de control y disolución del poder tiene un núcleo que suele ser visto como una especie de vaciamiento de los roles dentro de la democracia. Ya Ricardo Alfonsín había propuesto un contrato social de cumplimiento difícil: “con la democracia se come, se educa y se cura”. Era la mezcla de oferta electoral con generación de peligrosas expectativas para la democracia, cuando en realidad se trataba de un estado lo más parecido a una visión socialdemócrata.

Esa tentación siguió sucumbiendo, mezclando a cada rato la capacidad de respuesta del estado con la capacidad de soluciones que la democracia puede proveer a todo sistema político. Por eso el sistema cruje. Más simple y en tips: el estado aparece expropiado de una parte considerable (y creciente) de su antaño genuino o presunto poder; el gobierno crónicamente aquejado de déficit de poder que se enfrenta al desafío de poderes emancipados del control político – la separación entre poder y política de la que habla Zygmunt Bauman (7)-; la sociedad insatisfecha con su relación estatal replantea la representación gubernamental y ponen los cimientos de nuevas formas de representación democrática; y la democracia como método político con arreglo institucional para llegar a decisiones político-legislativas y administrativas se vuelva obsoleta (8).

El sociólogo Wolfgang Streeck provoca y hace tiritar las concepciones formalistas del estado, ¿o de la democracia?. Dice que el estado hoy se encuentra apergaminado de sustancia democrática (9), que hasta ahora ha tomado forma institucional casi únicamente en el estado nación. El Estado nación ya no puede garantizar el Estado de Bienestar y la democracia, afirma Jürgen Habermas. Y la respuesta de la sociedad se dispara hacia muchos nortes intentando tener satisfacciones en otras manifestaciones del poder, a las que llega desde la emoción, el resentimiento, el miedo o desde una especie de aquiascencia, o sumisión, visto incluso como servidumbre (10).

Y si el Estado pierde peso por su propio devenir de estado carente de grandes respuestas, muchas veces se produce una aceleración consciente -e ideológica- de ese proceso. El presidente Mauricio Macri pregóno: “se acabaron las épocas en las que un gobierno se transforma en un obstáculo” (11), abonando el terreno para concebir la idea de un estado mínimo como doctrina en que las responsabilidades gubernamentales se reducen a su mínima expresión. En lo económico se tiende a un retiro de la intervención directa que pudiera manifestarse a través de empresas públicas, expropiaciones o participación decisiva en cadenas de producción y servicios. En lo político la acción estatal tiende a estructurarse mediante redes más horizontales y flexibles, más afines al amplio mosaico social de las sociedades coalescentes, económicamente no administrada y digitales (12). Constituye un conjunto de prácticas político-económicas que expone que la mejor manera de promover el bienestar del ser humano consiste en no restringir el libre desarrollo de las capacidades y de las libertades empresariales del individuo dentro de un marco institucional caracterizado por derechos de propiedad privada fuertes, mercados libres y libertad de comercio. El papel del Estado es crear y preservar el marco institucional apropiado para el desarrollo de éstas prácticas (13). La manifestación constante del virtuosismo del emprendedorismo en la voz del presidente argentino, especialmente arengando a los jóvenes en lo que se denominó el Mini Davos -llamado formalmente Foro de Inversiones y Negocios- da pistas muy evidentes de un pensamiento expresado cada vez más claro: “¿Es verdad que estamos en un momento en el cual ustedes sienten que hay muchos jóvenes que hay que inspirar y acompañar para que el Estado acompañe y no sea un obstáculo? ¿Hay terreno fértil en Argentina que puede apostar al nuevo emprendedorismo?” y agregó: “¿Ahí vamos a tener respuesta a la necesidad de salir de la exclusión y la pobreza donde se encuentran tantos argentinos?” (14).

Un clásico de la ciencia política de Peter Evans, lleva el título “El estado como problema y solución”. Y es lo mismo en boca del presidente porque en una carta abierta, desde otra línea de pensamiento, defendía la idea del estado así: “no nos olvidamos de esos argentinos que no pueden esperar, que necesitan un Estado presente, que esté ahí para acompañarlos y cuidarlos” (15).

Y es paradójico que a medida que más se sabe que el Estado ha perdido terreno, más ha aumentado la percepción de eficacia del mismo en el contexto argentino. ¿Usted cree que el Estado debe intervenir en la economía? El 36,5% respondió “Mucho” y el 34,2% “Bastante”, en una investigación nacional realizada en Abril del 2016, ya con el gobierno de Cambiemos (16). Es decir que más de dos tercios de los argentinos (70,2%) se manifestó favorable a una intervención significativa del Estado en la economía.

Cambiemos, a los 100 días de asumir el gobierno, fue víctima del planteo sobre una mayor intervención económica. El índice de aprobación de Mauricio Macri bajó a 53,5% en marzo de 2016, una caída de 10 puntos desde que asumió en diciembre, según el informe de humor social del Grupo de Opinión Pública (GOP) (17), debido al reclamo de la mayoría de los argentinos para que el Gobierno baje la inflación “ya mismo”. Según el estudio, el 31,3% de los argentinos está de acuerdo en que resolver la inflación es “el problema” que “debe” atender el presidente Macri en primer lugar. De hecho, más de la mitad de los argentinos (53,3%) considera que debe frenar la escalada de precios “ya mismo”. Piedra libre otra vez a un sistema crujiendo (en gerundio) donde se demanda más intervención del estado, no menos.

Por eso afirmar que existe una pretensión de estado activo -interventor- desde una mirada del apoyo en la opinión pública, sobre el rol que el estado debe jugar en la economía argentina es, en estos tiempos, acertada. Y lo importante es que esa percepción trasvasa por completo las demandas económicas y es transversal a la mayoría de los sectores. La primera campaña publicitaria de Cambiemos en el poder llevó como eslogan a la frase: “El futuro depende de vos”. Hoy, a casi un año de aquella, el gobierno ensaya un nuevo eslogan: “El estado es estar”.

 

***

(1) Datos del Informe de Latinobarómetro correspondientes al año 2013.

(2) http://fortunaweb.com.ar/2016-04-17-176799-macri-convoca-manana-a-duenos-de-empresas-para-instarlos-a-que-inviertan/

(3) http://www.infobae.com/2016/05/10/1810321-el-enojo-mauricio-macri-los-sindicalistas-la-ley-contra-los-despidos/

(4) Datos aportados por el sociólogo Ignacio Ramirez en “Anatomía de un contraste De la centralidad gubernamental a la fragmentación”, Revista Nueva Sociedad: Septiembre 2016, donde cita y analiza el estudio de Cultura Política de los argentinos 2015-2016 elaborado por FLACSO e Ibarómetro http://nuso.org/articulo/anatomia-de-un-contraste/?page=2

(5) Idea que desarrolla el analista y columnista Moises Naim en el libro “El Fin del Poder”, Debate, 2013

(6) Descripción que el académico Joseph S. Nye Jr hace en el ensayo “El Futuro del Poder”, publicado en la plataforma Project Syndicate en September 19, 2016 https://www.project-syndicate.org/commentary/the-future-of-power?version=spanish&barrier=true

(7) Zymunt Bauman y Carlo Bordoni, 2016, “Estado de crisis”, Paidós Ibérica, pp. 18-24.

(8) Aún en situaciones de emergencia permanente como describe Hugo Quiroga a la Argentina, caracterizada por el uso de poderes excepcionales -o plenos poderes- en “La Argentina en emergencia permanente”, Edhasa, 2005, 19.

(9) Streeck, Wolfgang. 2013. “The crises of democratic capitalism”, en New Left Review 71 https://newleftreview.org/II/71/wolfgang-streeck-the-crises-of-democratic-capitalism

(10) Zymunt Bauman y Carlo Bordoni, 2016, “Estado de crisis”, Paidós Ibérica, pp. 26-27

(11) En la presentación de la Ley de emprendedores y beneficios e interés colectivo, jueves 18 de agosto de 2016. http://tn.com.ar/economia/macri-dijo-que-se-acabaron-las-epocas-en-las-que-un-gobierno-se-transforma-en-un-obstaculo_699720

(12) Milton Friedman (Premio Nobel de Economía en 1976), Samuel Huntington, Michael Crozier, Rudiger Dornbusch son algunos de los teóricos y académicos que plantaron las bases y principios del menor peso del estado.

(13) David Harvey “Breve historia del neoliberalismo”, Ediciones Akal, Madrid, 2007.

(14) http://www.losandes.com.ar/article/macri-cerro-el-mini-davos-apostando-al-emprendedorismo-argentino

(15) http://telefenoticias.com.ar/politica/macri-en-una-nueva-carta-abierta-gobernar-para-mi-es-decir-la-verdad/

(16) Investigación de 2226 casos (+/- 2,1 con un intervalo de confianza del 95%), realizada entre el 11 y el 14 de abril, vía entrevistas telefónicas IVR en todo el país, por la Consultora Analogías.

(17) http://www.cronista.com/3dias/100-dias-de-Macri-como-lo-ven-los-argentinos-20160317-0106.html

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