Una Presidencia para el Presidente

El casado casa quiere. Y el Presidente Presidencia quiere. Es así, todo Presidente llega al poder haciendo promesas y concesiones. O sea, firmando pagarés a futuro a muchos y pagándole al contado a pocos. Entre las concesiones más críticas está la ocupación de sillas ministeriales en el Gabinete. Y los gabinetes inaugurales de los Presidentes se han caracterizado por la presencia de concesiones importantes.

El primer gabinete de Alfonsín estaba plagado de figuras del viejo radicalismo, por ejemplo el venerable Antonio Tróccoli ocupando la poltrona de ministro del Interior y Berni Grinspun, la de Economía. El primero de Carlos Menem se extinguió en una puja incoherente de riojanos, Bunge & Born Boys y pejotistas retrógrados. El inaugural de Kirchner nació plagado de grandes figuras heredadas del gobierno provisional de Eduardo Duhalde; Roberto Lavagna y Gustavo Beliz, entre otros. El de Cristina Fernández evidenció una superestructura reinal para ella y un sottogoberno efectivo de Kirchner, quien finalmente nunca puso el prometido Café Literario.

Todos, esperaron una crisis para cargarse a esas concesiones e inaugurar “su” Presidencia: Alfonsín en 1985 desplazó al viejo partido por los prominentes jóvenes de la Coordinadora (que habían sido el eje de la resistencia radical contra la Dictadura). Menem nombró como su Primer Ministro efectivo a Domingo Cavallo quien ejerció el cargo desde el Ministerio de Economía, y otra historia comenzó. Kirchner “se lustró” a las figuras de su gabinete y las reemplazó por anónimos colaboradores. Como alguien muy cercano al patagónico dijo “Nosotros cuando perdemos nos sacamos de encima a los traidores, y cuando ganamos, a los que no necesitamos más”. Por último, CFK lloró la muerte de NK y desplazó a los old penguins por imberbes que seguramente su marido no hubiera ni siquiera permitido que jugarán en la Plaza.

Quizás Mauricio Macri haya sido el Presidente que menos concesiones realizó en términos concretos. No tanto por el nombramiento de ministros “solo PRO” sino por la lógica de gabinete de CEOs que contrasta con el origen electoral coalicional de su gobierno.

Pero esta lógica animada por el Presidente Director, un Jefe de Staff y dos Secretarios/controllers no puede funcionar si alguien en el Gabinete no acepta su rol funcional y en cambio se le ocurre ser ministro. Eso paso con Alfonso Prat-Gay. Se comportó como un ministro de Economía clásico (incluyendo las zancadillas de rigor) y chocó entonces cotidianamente con el esquema de funcionamiento que quería el Presidente para su Presidencia.

Ahora con el desdoblamiento de Economía, con Hacienda a cargo de Nicolás Dujovne y Finanzas en manos de “Toto” Caputo puede decirse que se acabó el precalentamiento y comienza la Presidencia Macri. Qué es lo mismo que decir que el Presidente puenteó sus fusibles y es él y solo él el responsable de la marcha de la economía justo en un año electoral. Si gana en las elecciones, la victoria será doble entonces, porque significará la confirmación del rumbo económico. Tanto como qué si pierde, perderá dos veces: en su construcción política y en el plebiscito sobre la macrinomics.

La arquitectura presidencial resultante no deja de ser muy original. Abundan las carteras ministeriales en términos nominales, pero no tiene nada que ver con el funcionamiento del Gabinete de los mini ministros de Lula, en Brasil, creados para pagarles a cada una de las fracciones que integraban la coalición. En el gabinete de Macri más bien son “directores de branchs” que integran una cadena de producción de políticas públicas dividida en su control según talantes personales entre Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, supervisados a la vez por un cada vez más implacable Marcos Peña quien reviste la gestión de cobertura comunicacional. Pero el equipo de comunicación no sólo se ocupa de “justificar” decisiones tomadas sino que provee el input de las “demandas” de la Gente al Gobierno colocándolo en el difícil negocio entre lo que se “quiere” y lo que “debe” hacerse.

Hasta el momento, el contraste con la delirante experiencia de los últimos años K le ha permitido al gobierno sobrellevar una primera etapa bastante olvidable (y la de todos los Presidente, salvo la de Néstor Kirchner fue así –catapultado por el crecimiento desde el fondo del mar en el que se encontraba Argentina–).

También ha sido de manual la eyección de Carlos Melconian como inquilino del mejor edificio público argentino, el Banco Nación, quien ahora será regenteado por un experimentado y filoso Javier Gonzalez Fraga. El Presidente no podía dejar que en vez de un banco para reactivar la economía, la benemérita institución fuera un banco de suplente del Ministerio de Economía para cuando todas las alternativas gradualistas no funcionaran y entonces entrara el equipo serio y ortodoxo.

Es evidente que el Gobierno ha decidido que sea el Presidente en persona la figura para encarar las elecciones legislativas venideras: se nota en su presencia en los medios, como artífice de los cambios, como propulsor de reformas –a través de decretos–, y también defendiendo personalmente y a rajatabla a su Jefe de Inteligencia, Gustavo Arribas de una denuncia mediá- tica (y hay que decirlo) bastante estrambótica como tal. Incluso el Presidente se animó a reunirse con intendentes conurbanos en ausencia vacacional en Playa del Carmen de María Eugenia Vidal (faltaba el zócalo que dijera “quien quiera ponerse el sayo, que se lo ponga”).

La Presidencia del Presidente Macri ha comenzado. No hay más excusas. Será la mismísima figura presidencial la que plebiscitada en las elecciones de renovación del Congreso

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