“Deberíamos ver un Congreso menos colaborativo”

(Entrevista a Javier Zelaznik, politólogo (UBA/UTDT). Por Facundo Matos Peychaux)

“Es muy importante que ganemos, no por una cuestión deportiva, sino porque va a fortalecer la idea del cambio (…) El cambio cultural se tiene que profundizar, se tiene que acelerar. Y para eso necesitamos más apoyo de la gente”. Entrevistado a finales del año pasado por el diario bonaerense El Día, el presidente Mauricio Macri consideró “crucial” un triunfo en las próximas elecciones.En ese sentido, el politólogo Javier Zelaznik, profesor de la UBA y la Universidad Di Tella (UTDT), señala que las próximas elecciones definirán “con qué Congreso va a convivir el Presidente los últimos dos años de su mandato” y anticipa: “Aún en el hipotético caso de que Cambiemos obtuviese triunfos rotundos para ambas categorías, seguiría siendo minoría en ambas cámaras”. Bajo ese escenario, advierte, es probable que veamos una oposición más enfrentada al oficialismo en los próximos dos años, forzando la aprobación de leyes a las que se oponga Cambiemos y dificultando la construcción de mayorías en torno a los proyectos impulsados por el Presidente. “Los próximos dos años deberíamos ver un Congreso menos colaborativo, dada las características de los principales actores y la carrera a las presidenciales de 2019”, apunta.

El Gobierno y la mayoría de los analistas han considerado fundamental un triunfo oficialista en las elecciones de medio término para garantizar la gobernabilidad. ¿Son así de trascendentales?

Las elecciones intermedias para elegir legisladores siempre son importantes. Por un lado, porque con la elección de la mitad de los diputados y un tercio de los senadores se define con qué Congreso va a convivir el presidente los últimos dos años de su mandato. Por el otro lado, porque envían una señal sobre la fortaleza relativa de las diferentes fuerzas políticas y, en el caso del Gobierno, sobre su capacidad para mantener la gestión bajo control por el resto del periodo y constituir una opción competitiva para las próximas elecciones presidenciales. Es especialmente importante también en este caso por la idea, instalada en nuestro país, sobre la incapacidad de terminar los mandatos por parte de presidentes no peronistas, especialmente tras ser derrotados en elecciones intermedias. Aunque en la caída de Fernando de la Rúa y la renuncia anticipada de Raúl Alfonsín hay muchos factores que jugaron un rol importante, esa idea es muy fuerte, y forma parte de los cálculos de muchos de los actores relevantes en el juego político y económico, que eventualmente puede definir sus estrategias políticas y de inversión tras las elecciones.

¿Qué pronósticos se pueden hacer para este año en materia legislativa?

El pronóstico para este año no depende tanto de lo que pasó hasta ahora sino de lo que pueda pasar de aquí en adelante respecto del desempeño económico y, especialmente, de las estrategias electorales que se vayan desplegando para las PASO de agosto y las generales de noviembre. El 2016 fue razonablemente bueno para el Gobierno ya que logró aprobar partes importantes de su agenda. La tasa de aprobación no fue asombrosa pero dada la condición minoritaria del Gobierno fue bastante alta. El Presidente mostró flexibilidad al aceptar versiones modificadas de sus proyectos para que fuesen aceptables para los partidos opositores, cuyo apoyo era necesario para su sanción. Para ello fue central la ayuda de la disidencia peronista de Sergio Massa y Diego Bossio y del líder del FpV en el Senado, Miguel Angel Pichetto, quienes buscaron diferenciarse del kirchnerismo y mostrar al mismo tiempo la imagen de un peronismo colaborativo, que no pone palos en la rueda. El trabajo legislativo de 2017 va a estar pautado por la coyuntura electoral: todo lo que pase dentro del Congreso va a formar parte de las estrategias globales que adopten los actores en la arena electoral. El problema para el Gobierno es que las elecciones implican competencia mientras que la lógica de construcción de mayorías legislativas requiere cooperación.

¿Cómo se van a ver reflejados esos cambios en el contexto sobre la dinámica legislativa?

Dado ese escenario, es esperable que surjan mayores dificultades para que el Gobierno pueda avanzar con su agenda legislativa. Por un lado, es probable que veamos más frecuentemente que las mayorías legislativas aprueben leyes que cuentan con la oposición de Cambiemos y el consecuente veto del presidente. Por el otro lado, es probable que veamos mayores dificultades en la construcción de mayorías alrededor de los proyectos impulsados por el presidente, lo que implica una disminución de su éxito legislativo. Esta dinámica sería electoralmente redituable para el FpV, ya que le permitiría reforzar su rol opositor. Pero también podría ser útil para el oficialismo, ya que podría jugar a la victimización (“la oposición pone palos en la rueda”), y que la polarización le otorgue una ventaja en las elecciones. Finalmente, me parece que sería poco efectivo seguir la vía de gobernar mediante decretos sustituyendo la vía legislativa. Eso solo podría ser efectivo de manera limitada respecto de decretos que satisfacen los intereses de los actores a los que se refieran (sindicatos, gobernadores) o que se acercan a las preferencia de actores importantes en ambas cámaras (Pichetto, Massa, Bossio). De lo contrario, quedarían vulnerables en el Congreso, dado que la mayoría de cada cá- maras es suficiente para anularlos, y esa decisión no puede ser vetada por el Presidente.

¿Cómo ve el escenario para el Frente Renovador, que el año pasado fue un actor central, sobre todo en Diputados?

La situación del Frente Renovador es más complicada, especialmente en la provincia de Buenos Aires, que es su núcleo. En la polarización entre Cambiemos y el FpV es poco claro cuál es el margen de acción para el FR. Para oponerse al gobierno ya está el FpV, y el oficialismo seguramente jugará fuertemente sus fichas en ese distrito, enviando recursos y usando la imagen alta que aún conserva María Eugenia Vidal. Cuanto más deskirchnerizado se presente el FpV, menor será el margen de acción para el FR. Con eso ya nos estamos deslizando a la arena electoral. Pero me parece que ese tipo de consideraciones va a terminar definiendo el comportamiento del FR en el Congreso. Por supuesto, todo ese análisis asume en gran medida que el desempeño econó- mico tiene alguna mejora, de lo contrario el éxito legislativo del Gobierno será menor que en 2016.

¿Cómo puede cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso después de las elecciones?

Me parece que es imposible que cambie significativamente la correlación de las Cámaras: se elige solo un tercio del Senado y la mitad de los Diputados. Aún en el hipotético caso de que Cambiemos obtuviese triunfos rotundos para ambas categorías, seguiría siendo minoría en ambas cámaras. Por supuesto, eso no implica que no haya cambios. El FpV va a aumentar el número de diputados aún sin mejorar su desempeño electoral, ya que va a recuperar legisladores que abandonaron el bloque durante 2016. Por ejemplo, los bloques de Bossio y el Movimiento Evita ponen en juego 10 diputados, y el de Giustozzi otros 4. Ninguno de esos grupos constituye opciones competitivas por afuera del FpV, y es muy probable que el FpV obtenga la mayoría de esas bancas además de las que pone en juego por sí mismo. Por otro lado, es probable que la polarización entre Cambiemos y FpV perjudique al FR disminuyendo el tamaño de su bloque le gislativo. En ese caso, el resultado neto sería el fortalecimiento de los sectores más opuestos al gobierno (FpV) y el debilitamiento de los más colaborativos (Massa y Bossio). Del lado del Gobierno, es esperable que Cambiemos aumente el número de diputados y senadores, asumiendo que tenga un resultado al menos equivalente al de 2015. En la PBA, Cambiemos pone en juego solo cuatro diputados (en 2015 obtuvo 12), con lo cual en ese distrito tiene un margen importante para avanzar. Con Cambiemos pasa algo parecido: pude aumentar sus contingentes legislativos aún sin una notable mejora electoral. Sin embargo, ni aun la mayor de las victorias podría darle la mayoría en alguna de las Cámaras. Por otra parte, es probable que haya algún cambio dentro de la composición de Cambiemos ya que la UCR pone en juego más de la mitad de sus diputados y el PRO apenas un tercio. Aunque es interés común de los socios de Cambiemos preservar la coalición, es posible que existan tensiones en el momento del armado de listas, o que tengan que recurrir al mecanismo de las PASO para resolver el conflicto. Si esa descripción es correcta, los próximos dos años deberíamos ver un Congreso menos colaborativo, dada las características de los principales actores y la carrera a las presidenciales de 2019.

¿Qué implica la novedad de haber tenido gobierno dividido durante los cuatro años del mandato?

La gran novedad sería, precisamente, que un presidente pueda durar un período completo a pesar de carecer de mayorías legislativas. Habrá que esperar hasta 2019 para saber si además de durar es capaz de gobernar

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