Renovación, ¿cuánto valés?

(Columna de Nicolás Tereschuk y Mariano Fraschini)

El título de esta nota replica el de un escrito del sociólogo Norberto Ivancich en la revista Unidos de 1987. Nos sirve para de puntapié inicial para reflexionar acerca de cómo se dan los procesos de recambio o revalidación de liderazgos en el interior del peronismo, una dinámica que caracteriza a una fuerza política que con asiduidad se dedica a violar la única “ley de hierro” de la ciencia política –planteada por Robert Michels–, que habla de la tendencia de las oligarquías dirigenciales a sostenerse en las cúpulas de las fuerzas partidarias.

Las elecciones legislativas de 2017 serán la tercera oportunidad desde la restauración de la democracia que tienen como contexto dos elementos: el peronismo está en la oposición y un gobierno no peronista enfrenta su primer test legislativo. Ocurrió en 1985 durante la presidencia de Raúl Alfonsín y en 2001 bajo la gestión de Fernando de la Rúa. Ambos presidentes radicales de dos facciones ideológicas distintas que lograron vencer al peronismo en elecciones nacionales.

Asimismo, y al igual que en 1985, el peronismo de hoy también se encuentra afuera del Ejecutivo de la provincia de Buenos Aires y a diferencia de 2001 todo hace pensar que no habrá una crisis económica terminal, un gobierno cerca del “default” político o una sociedad que castigue con el “voto bronca” la ineficacia gubernamental.   Visto con los lentes de la principal fuerza opositora, aparece al mismo tiempo en juego la necesidad de mostrarse competitiva en términos electorales y comenzar a dirimir sus disputas internas, lo que implicará reformular, renovar o revalidar liderazgos. En este sentido, la lectura del libro compilado por las historiadoras Marcela Ferrari y Virginia Mellado (“La Renovación Peronista. Organización partidaria, liderazgos y dirigentes 1983-1991”, publicado en 2016 por la Untref) resulta un muy valioso punto de apoyo para pensar estas dinámicas al interior del peronismo. Nos detenemos en este texto, y en esta etapa histórica, porque creemos que contiene ciertos elementos –no todos– similares con la realidad del peronismo actual. Por ejemplo: sólo en la etapa 1983-1987 el justicialismo se encontró fuera del Ejecutivo nacional y la provincia más importante del país.

¿Qué nos aporta el texto de Ferrari y Mellado? En primer lugar, este trabajo nos nutre de una mirada original para comprender qué fue la Renovación Peronista, al avanzar con la descripción de los procesos en marcha poniendo el foco no ya en lo ocurrido a nivel nacional sino en cada una de las provincias. En sucesivos capítulos se revisa lo acaecido en la provincia de Buenos Aires, donde se produjo el gran triunfo renovador de 1987 de la mano de Antonio Cafiero, pero también las situaciones registradas en Mendoza, Misiones, San Juan, Jujuy, Santa Fe, Córdoba, la Ciudad y Santa Cruz. He aquí un gran acierto de las autoras y los demás participantes del volumen: entender qué ocurre en “las periferias” permite captar elementos clave de la dinámica política general que no se reduce, en este caso, a la “historia oficial” que nos indica que Cafiero se impuso a la ortodoxia peronista personificada en Herminio Iglesias y Lorenzo Miguel para “modernizar” así al PJ, ponerlo a tono con los nuevos tiempos democráticos y volverlo una vez más competitivo. La mirada provincial nos recuerda que si bien lo que ocurre en el peronismo no es una suma matemática de partes, un mismo momento político –en este caso, de auge de la Renovación– puede tener distintas expresiones, dinámicas, tiempos e intensidades en cada territorio. Esto también debería hacernos notar que la elección legislativa de 2017 tendrá distintas expresiones –y estrategias– provinciales en el interior del peronismo.

Como se indica en el capítulo final del libro, “el proceso de institucionalización partidaria y la imposición de nuevas reglas acordes con los requerimientos del régimen democrático en el peronismo de los años ochenta, en los diferentes distritos, muestra un panorama complejo y diverso en el que se pueden reconocer desde fracturas partidarias y confrontaciones internas marcadas, niveles de negociación y acuerdo pragmático relativamente sólidos, hasta transacciones precarias y efímeras”. Más aquí en el tiempo, quizás desde esa lente haya que leer los chispazos verbales entre distintos sectores en el PJ bonaerense, muchas veces seguidos por negociaciones y acuerdos entre distintos sectores como los que derivaron en la fotografía de unidad en el congreso partidario de diciembre. No todas son rupturas ni “tirar un viejo por la ventana” todos los días en el siempre cambiante panorama peronista.

Otro aporte muy interesante del libro es comprender que los procesos políticos no siempre son lineales, ni están exentos de marchas y contramarchas. O sorpresas. Así, en la provincia de Buenos Aires, veremos a los seguidores de Iglesias alejarse de su exlíder hacia fines de 1985, pero “aunque desmembrados y desplazados por el entramado cafierista” continuar en el partido en una situación de “disponibilidad”. La intervención partidaria registrada en el PJ bonaerense en 1986 les dio la oportunidad de “rearmarse”, aún en un contexto de auge de quien se convertiría un año más tarde en gobernador de la provincia. “Ciertamente –explica Ferrari– el ascenso renovador anunciaba el desplazamiento de los ortodoxos que se encontraban al frente del Movimiento Nacional Justicialista; pero este sector no era inerme y buscó una salida honrosa que, a la vez, abriera cierta continuidad. Nada más certero que intentarlo en el bastión del peronismo, la provincia de Buenos Aires, distrito definitorio en cualquier interna partidaria, dada su cantidad de afiliados”. De esta forma, al mismo tiempo que asistimos al ascenso de Cafiero, vemos un movimiento de “reconfiguración del peronismo no cafierista, de fuerte arraigo, que los renovadores se apresuraron a dar por muerto”. Ese aspecto sería central para comprender luego el empuje logrado por Carlos Menem y su impulso hasta derrotar a Cafiero en la interna por la candidatura presidencial, incluso en su bastión bonaerense. Nuevamente, conviene mirar no sólo en la superficie sino analizar qué ocurre “por debajo” en el ánimo y las estrategias de una miríada de dirigentes, militantes, responsables de unidades básicas y referentes locales, para comprender cuáles serán los desenlaces que muestre el peronismo en cada territorio. Este aspecto relevante, y escasamente observado por los analistas, resulta de importancia para dar cuenta de la praxis interna del peronismo, que descarta la “extinción” de sectores que a priori no tendrían “nada más para aportar”. Dar cuenta de las estrategias para nada uniformes en el interior del peronismo permite pensar al justicialismo como un movimiento de contornos flexibles, donde nunca es posible determinar con anterioridad los escenarios futuros. Desde allí que volvamos al principio y a interrogarnos acerca de cómo el peronismo procesará sus cuitas internas.  Renovación, ¿cuánto vales?

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