El Perro del Hortelano. CFK y las elecciones del 2017

(Columna de Patricio Gómez Talavera)

La exmandataria está ante el riesgo de volverse un “tapón” para el centroizquierda argentino, obturando el crecimiento de nuevas opciones.

Por estos días, Cristina Fernández de Kirchner y su personalizado think tank, el Instituto Patria, han lanzado al ruedo su precampaña, con el slogan “No me olvides”. En líneas generales, CFK esta trazando las formas (no confirmadas aún) de una candidatura para este año, presumiblemente en Buenos Aires, antes que en otras plazas disponibles, y ciertamente mas plácidas para ella, como Santa Cruz.

A juzgar por las declaraciones de María Eugenia Vidal y Jaime Duran Barba, el riesgo de una derrota electoral en las elecciones de medio término parece contemplado en los planteamientos de un sector del PRO, por lo menos en las filas que no revistan directamente en la terminal de operaciones con sede en Roca al 700. Sin embargo, existen razones de peso, para suponer que a) no hay una conveniencia clara de la necesidad de una candidatura de CFK para su bloque político este año; b) su candidatura es mucho menos sólida de lo que se tiende a pensar. En base a un promedio de sondeos de dos consultoras que trabajan mayormente con intendentes en las provincias de Buenos y Córdoba, podemos encarar las siguientes observaciones.

El deterioro de la imagen del Gobierno Nacional. Si bien la observación es correcta (la imagen de Mauricio Macri y de la gestión, luego de la crisis del Correo, rebasa ahora ampliamente el 60% de negatividad en la Primera y Tercera Sección), dichos números son sustancialmente menores en el interior agrícola bonaerense, donde ayer el radicalismo y hoy el PRO encuentran un núcleo fuerte de apoyo. Por otra parte, existe una miríada de municipios peronistas y vecinalistas (San Nicolás y Tres Arroyos, por citar dos ejemplos) que pueden sustentar una especie de “macrismo crítico” o “macrismo blue”, y establecer sintonía con un candidato-intendente, como Jorge Macri. El foco en lo local y en las necesidades prácticas, como contraposición del ideologismo extremo de ámbito nacional que puede encarnar el kirchnerismo más militante. La imagen de Vidal es un expediente aparte: entre 15 y 20 puntos arriba del presidente, la consagración de un candidato de poco voltaje puede ayudar a una mayor implicancia de la gobernadora como figura de campaña a plebiscitar, reduciendo la exposición de Macri. Por último, la estabilización de gestiones tumultuosas, como las de Martiniano Molina en Quilmes y Carlos Arroyo en Mar del Plata, mediante intervenciones de la gobernadora, pueden aplacar focos de deterioro en zonas donde Cambiemos aún no pisa fuerte.

La economía. En líneas generales, los pronósticos no son especialmente alentadores. No solo hay anuncios de aumentos periódicos de los servicios, y lo que es peor, escalonados a lo largo del año, sino que además es factible que el crecimiento del PIB este año no llegue a compensar lo perdido en 2016. CFK puede sacar fuerte crédito de eso, y de hecho, ya lo está haciendo. Pero aún existe un importante segmento del electorado que considera al actual gobierno y al anterior como corresponsables frente a los actuales desajustes de la economía, aun cuando la tendencia se haya equilibrado. El leve rebote de este año puede ser utilizado como “brote verde”, frenado por el ajuste necesario producto de la “herencia”. La falta de renovación que se percibe en los equipos de CFK (donde Oscar Parrilli y Axel Kiciloff continúan fungiendo de articuladores) mantendrá el recordatorio social del equipo de gestión que a partir del 2012, estacionó en la medianía a la economía argentina. Si se logran avances visibles en los 948 acuerdos de pbras publicas entre gobernación e intendentes, el efecto estimulante de la intervención del Estado puede implicar micro dinamismos, que aun siendo un acicate a la inflación, sirvan como prótesis temporal a un consumo alicaído, por lo menos hasta que octubre pase. En ese contexto, el discurso de la vuelta a un “pasado glorioso” parece menos lineal y efectivo de lo que se puede afirmar.

La imagen de CFK como referente opositora. Dicha percepción tiene un sustento real, y se basa en las experiencias fallidas, desde el Grupo Esmeralda hasta Juan Manuel Urtubey, de articulaciones alternativas que renuevan y desplacen el impacto de la minoría intensa en la que se atrinchera el kirchnerismo. Sin embargo, la imagen de CFK, en el promedio de encuestas, se percibe estancada, con un núcleo fuerte en Primera y Tercera Sección, pero más inestable y menos intensa en el resto de la provincia, inferior al 50%. El gobierno puede revivir la polarización que ha servido durante 2016 para evitar una baja aún más pronunciada de su percepción positiva, para hacer a un candidato como Jorge Macri, Gladys González o, mejor aún, Facundo Manes, como el rostro amable  de la “nueva política” contra la “rispidez” del pasado reciente.

Cristina está ante el riesgo cierto de, a los 63 años, volverse un “tapón” para el centroizquierda argentino. Una mujer de influencia y caudal electoral propio, pero con baja competitividad y posibilidad de victoria en elecciones generales, suficiente sin embargo para obturar el crecimiento de nuevas opciones. Como la Condesa de Belfor en la comedia de Lope de Vega, Cristina corre el riesgo de no conquistar ni dejar conquistar. Esta vez, sin final feliz.

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