Escuchas, Correo, Milani: avances frente al “cripto-gobierno”

Salir de un momento populista, como sea que queramos definirlo, empieza por reconocer que el poder está dividido y no hay cómo ni porqué eludir esa división. Que es normativa porque así lo prescribe la naturaleza del sistema republicano-, como pragmática -porque así sucede en la dinámica de las democracias contemporáneas, o poliarquías más o menos plutocráticas o verdaderamente plura- listas, según el caso-. La ilusión populista supone que es posible suturar esa división -menospre- ciada como artificiosa y elitista-disolviéndola en una voluntad nacional-popular encarnada en un líder. En el ejercicio del gobierno, lo que hace esa concepción del poder concentrado y plebiscitario, es encubrir las constelaciones de poder actuantes debajo del velo discursivo y las estrategias de mo- vilización de masas o audiencias: poderes extra- gubernamentales o intra-estatales colonizados por aparatos políticos y grupos económicos hasta confundirse con ellos.

Cuando el ciclo populista agota sus energías históricas y bases de sustentación, cae el velo de encubrimiento y aflora la estructura de poder tal y como fue aprehendida al inicio de la experiencia: revoluciones de 360o que nos regresan al origen del problema. Una fórmula clásica de nuestro sistema republicano indica que ̈sólo el poder contrarresta al poder ̈. Por eso la división de poderes es tan im- portante: para evitar que el poder se concentre en un monarca, autócrata o híperpresidente, las repú- blicas se organizan sobre la base de tres poderes -el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial-, cada uno con sus funciones y atribuciones. Y vigilándose unos a los otros, de tal modo que ninguno de ellos pueda ava- sallar al otro. Se le atribuye este principio fundacio- nal a Montesquieu; entre nosotros lo tomó Alberdi y fue la letra y el espíritu de nuestra Constitución Nacional, en 1853, influida por la experiencia de la república presidencial de los EE.UU. Esa misma ex- periencia constitucional de la que hoy el presidente de aquel país Donald Trump se burla abiertamente. Pero existe otra división de poderes: la del gobierno visible y el gobierno subterráneo. Los poderes insti- tucionales y los poderes ocultos que subyacen e in- tervienen en los engranajes de la maquinaria estatal. Cuando los controles republicanos no funcionan o rechinan, son los poderes ocultos del Estado los que actúan sin otro control que el de su propia capacidad de actuación -y extorsión- sobre los poderes visibles.

Los dos actores políticos nuevos de la Argentina del Siglo XXI, el macrismo y el kirchnerismo, apren- dieron a coexistir con ambas formas de organización y funcionamiento del poder: la visible y la invisible. Y ambos tuvieron en estos últimos tiempos su baño de curación republicana: la división de poderes -actuación judicial independiente, ejecutivo sin mayo- rías- ganó algunas pulseadas significativas a las zonas opacas del poder.

En primer lugar, la difusión de escuchas telefó- nicas con conversaciones comprometedoras de al- tos dirigentes y ex funcionarios tuvo ese trasfondo e involucra desde la ex presidenta Cristina Kirchner hasta el presidente de Boca y operador “extraoficial” del Gobierno Daniel Angelici. Estos trascendidos forman parte de investigaciones judiciales, pero de- jan al descubierto públicamente una práctica que tiñe nuestra vida política democrática de compo- nentes escabrosos cuando no mafiosos. Ahora son víctimas de esos recursos quienes hasta ayer gober- naron contando con ellos. Y al trascender sus con- tenidos, salpican suciedad y malas artes para todos lados, desde la política al fútbol, mezclados con el narcotráfico, la corrupción y la criminalidad.

En segundo lugar, el fallido acuerdo entre el Es- tado y el Grupo Macri por la deuda del Correo es otro caso testigo que expone las sospechas de que existen intereses particulares por delante del interés general en las decisiones políticas. En un contexto particular: el caso Odebrecht, la corporación multinacional bra- sileña que ha llenado los bolsillos de gobernantes, fun- cionarios y políticos de todo el subcontinente, revela la trama de intereses que involucra a grandes empresas contratistas del Estado y gobiernos del más diferen- te signo político. Y con un trasfondo: una corrupción estructural, la de un Estado cortesano que funciona asociado a un capitalismo prebendario.

Se trata, al fin y al cabo, de otra deuda en este caso: la contraída por el Estado ante la sociedad. Está presente, además, la promesa de transparencia y ho- nestidad en el manejo de los asuntos públicos y de lu- cha frontal contra la corrupción planteada como ob- jetivo principal por el presidente Macri al asumir su cargo. Finalmente, la detención del general César Milani, otrora poderoso jefe del Ejército y de la inteli- gencia militar al servicio de la presidenta Cristina Kirchner, derriba un muro que separaba el relato de la verdad histórica y descabeza otro componente resi- dual de los excesos y desmanejos en los servicios de inteligencia. En palabras de Norberto Bobbio, la de- mocracia puede resultar socavada en sus raíces por “un gobierno que opera en la penumbra”; un “subgo- bierno” que actúa “en la oscuridad más perfecta, al que podríamos llamar “criptogobierno”. Un poder in- visible que puede actuar tanto fuera como dentro del Estado pero se vuelve un peligro para éste y para los ciudadanos cuando adquiere control sobre alguno de sus resortes. La caída del arreglo del Grupo Macri con el Gobierno por el Correo y la detención del general Milani han puesto en la escena pública aquello que transitaba por las trastiendas y sótanos de la política y son, por eso mismo, avances de la República y la de- mocracia sobre el cripto-gobierno.

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