¿Unificar los fragmentos o fragmentar lo polarizado?

Conviven dos estrategias en Cambiemos: fragmentar el campo opositor y el uso de un discurso que unifica a esa misma oposición bajo la acusación de “kirchnerista” y “desestabilizadora”.


No es una novedad a esta altura decir que el gobierno de Mauricio Macri ha atravesado los últimos dos meses con zozobra. La situación econó- mica no repunta, la imagen presidencial fue afectada por los escándalos del Correo y Avianca, y la mayoría de las encuestas muestra un deterioro en la intención de voto de Cambiemos. A esto se le sumó en el último mes una serie protestas que fueron desde una marcha docente en apoyo al pedido de paritarias docentes nacionales, una movilización de la CGT en donde se escuchó el reclamo por un paro nacional, una masiva marcha de mujeres, una nueva marcha federal educativa el 22 de marzo, luego de un paro docente de 48 horas, y un paro y marcha de la CTA el 30 de marzo. El 24 de marzo se espera una gran marcha por los Derechos Humanos y el 6 de abril la CGT (impulsada por sus bases) llamó al primer paro nacional.

 

El contexto de estos meses conflictivos está dado por las elecciones legislativas de octubre. Macri asumió la presidencia sin mayoría propia en el Senado y sin poder garantizar quórum propio en la Cámara de Diputados. Las elecciones de octubre son vistas entonces por muchos como un verdadero examen para la capacidad del Gobierno de atraer las deseadas inversiones. Sin embargo, y de cara a octubre, puede encontrarse una curiosa bifurcación o dualidad en las estrategias de Cambiemos: la simultá- nea insistencia en la necesidad de fragmentar el campo opositor y en el uso de un discurso que unifica a esa misma oposición bajo la acusación de “kirchnerista” y “desestabilizadores”.

 

Como sostienen los analistas (una entrevista al analista Matías Carugati en el estadista publicada en la última edición lo confirma), el oficialismo cifra sus esperanzas electorales en que la economía repunte en el segundo trimestre, y en que el peronismo continúe dividido. El PRO ha apostado mucho a la división del peronismo en tres o cuatro opciones que compitan entre sí. Entre otras cosas, en el 2016 Cambiemos fue muy eficaz en alentar el desgajamiento de minibloques del peronismo tales como el pilotado por Diego Bossio o el formado por los diputados del Movimiento Evita, interlocutores privilegiados de Carolina Stanley. Inclusive María Eugenia Vidal se acercó a Eduardo Duhalde. Hasta ahora, Cambiemos también ha evitado antagonizar a Florencio Randazzo, de quien seguramente esperan que sea candidato “por fuera” del FpV.

 

Esta estrategia de negociaciones radiales (la cual manejaba con maestría el menemismo, por ejemplo) le funcionó a Cambiemos en 2016. Lo notable es que se da de bruces con la estrategia discursiva de las últimas semanas que ha sido hiperpolarizante. La mejor formulación de este nuevo discurso la realizó Vidal cuando dijo, sobre el conflicto docente en la provincia de Buenos Aires, “le pido a los gremios que digan si son kirchneristas”.  En las últimas dos semanas el Gobierno ha pasado de negociar radialmente a acusar de kirchnerista a todo aquel que se le ha enfrentado: a los gremios docentes, a los movimiento piqueteros, a los gremios de la CGT que llamaron al paro, a los y las fiscales que plantearon investigaciones contrarias a los intereses del ejecutivo, a organizaciones de derechos humanos como el CELS, a organismos internacionales como la OEA y la CIDH. No importa en esta polarización que varios de estos actores nunca hayan pertenecido al kirchnerismo (como los grupos piqueteros de izquierda) o que, habiéndolo sido, hayan renunciado públicamente a esta identidad (como el Movimiento Evita), o que hayan militado activamente por la victoria deMacri en 2015 (la mayoría de los sindicatos alineados en la CGT. (No vale la pena comentar la idea de llamar kirchnerista a la OEA, que hoy está denunciando a Nicolás Maduro) No, hoy por hoy el Gobierno ha trazado una línea en la arena: todo aquel que se me oponga es kirchnerista.

 

Esta estrategia puede también ser eficaz, pero se contradice con la anterior. La fragmentación de la oposición requiere particularizar sus diferencias. Cortar las negociaciones con todo aquel que sea considerado kirchnerista y apostar a su rendición incondicional puede terminar siendo funcional a unificar o la oposición. No tanto por amor, sino por instinto de supervivencia. Amenazar con quitar personería a los sindicatos que paran o pedir el juicio político de todo juez que falle en contra del Gobierno también puede serlo.

 

Por supuesto, se puede apostar a que “Cristina unifica, pero para perder”. Por eso se dice que la ex Presidenta tiene una imagen negativa alta. Pero ésta es una elección legislativa de medio término. Hay más de una forma de ganar y más de una forma de perder. ¿Qué sucedería si finalmente la ex Presidenta no es candidata y emerge un candidato peronista con un perfil opositor? ¿Si Randazzo finalmente no se presenta? ¿Y si la misma polarización empuja a una baja de Sergio Massa en las encuestas? La imagen negativa de Cristina Fernández es alta, pero según M&F está alrededor del 45%: ¿que sucede si baja sólo cinco puntos? La ultra polarización es una estrategia en el filo. Las elecciones de medio término no las ganan o pierden las oposiciones sino los gobiernos, y sobre todo, las define la evaluación sobre la gestión económica. En las legislativas los votantes tienen la posibilidad de votar a alguien para protestar, aunque probablemente no lo votarían para Presidente. (Caso a la vista: Elisa Carrió). Va a depender del mensaje que quieran dar los y las votantes.

 

Para cerrar, una anécdota. En un video que circuló en las redes sociales, se ve al presidente Macri en una recorrida una fábrica, sonriente y saludando. Sin embargo, se escuchan voces de obreros que (separados del Presidente por un alambrado) le gritan “Aguante Cristina”. ¿Esos gritos quieren decir que ahora son adoradores de la ex Presidenta? Es muy probable que no. Es probable que hayan gritado eso porque están enojados, quieren expresar su bronca y saben que esa frase es lo que más molesta al Presidente. (Y lo saben porque el Presidente se los dice, cada vez que habla). No vaya a ser que los votantes enojados quieran hacer llegar el mismo mensaje en octubre.

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