“El peronismo ha vuelto de peores crisis”

(Entrevista a Steven Levitsky. Por Facundo Matos Peychaux)

Si bien cree que “si Macri hace un buen gobierno, complicará las chances de que el PJ vuelva”, para el politólogo estadounidense Steven Levitsky, el movimiento nacido en 1945 “no está agonizando”. En diálogo con el estadista, el académico señala que hoy en día el peronismo “depende mucho más del clintelismo y el patronazgo”, por lo que sufrirá más la derrota bonaerense y nacional de 2015, aunque reconoce que “el peronismo ha vuelto de peores crisis”.

 

Desde de su derrota tanto a nivel nacional como bonaerense, el peronismo está atravesando quizás uno de sus peores momentos en mucho tiempo a nivel organizacional. ¿Cómo puede salir de esta crisis?

El peronismo ya ha tenido momentos muy malos: 1955-57 fue malo; incluso en democracia, 1983-86 fue un momento muy malo para el partido; y muchos analistas han observado que también fue así en 1999-2000. Y después de doce años en el poder y particularmente luego de un período económico difícil desde 2014, se tiene que reagrupar nuevamente. En el pasado, la recuperación del PJ se ha visto beneficiada por malas performances de sus rivales: de Raúl Alfonsín en los ’80 y de Fernando de la Rúa en 2001. Si Mauricio Macri hace un buen gobierno, eso complicará las chances de que el PJ vuelva. Pero no creo que esté agonizando, ha vuelto de peores crisis.

Con los sindicatos, los gobernadores y algunos bloques legislativos peronistas en buenos términos en muchos casos con Macri, por un lado, y con Cristina Fernández en una posición totalmente opuesta, no se ve todavía claramente de dónde podría venir la renovación justicialista. ¿De dónde cree que podría emerger una nueva conducción?

Eso también sucedió en otros períodos. Líderes provinciales y sindicatos coqueteaban con Juan Carlos Ongañía en los ‘60 y con Alfonsín en los ‘80. Está en el interés de Macri aprovechar eso para seguir intentando “comprar” esos dirigentes y así dividir al peronismo. Pero cuando las elecciones se acerquen, veremos una oposición peronista más amplia, y las elecciones son un medio para producir nuevos liderazgos.

¿Qué tan determinantes serán los peronismos provinciales en esa renovación?

Los peronismos provinciales son el bastión del peronismo, quizás más que nunca. Son la fuerza sobre la cual puede recaer el partido nacional para producir un nuevo líder con atractivo nacional, como lo hizo en otras oportunidades. Si puede hacerlo otra vez, es todavía una pregunta abierta.

En el mismo sentido, ¿cuál será el costo de no gobernar el Estado Nacional ni el de la provincia de Buenos Aires ni varios municipios, lo que le dotaba al peronismo de una estructura informal de poder superior a la de otras fuerzas? ¿Pueden llegar a perder poder o desaparecer aquellas estructuras si no gana en 2017 o 2019?

Haber perdido el control del Estado es claramente un problema. El peronismo es una maquina política vacía hoy en comparación a lo que era hace tiempo. Hace décadas que ha quedado atrás la era de la militancia del peronismo, y las identidades y la subcultura justicialistas se debilitan con el paso de cada generación. Están todavía ahí, pero más débiles, lo que significa que el partido depende mucho más del clintelismo y el patronazgo. No enteramente, pero sí en mayor medida. Así que perder el Estado a nivel municipal, provincial o nacional es más costoso para el PJ hoy. Ya no puede apoyarse en los sindicatos, como en el período 1955-83 ni en el activismo voluntario como en un pasado anterior. Es un desafío, sin dudas, y sobre todo si Cambiemos sigue ganando.

¿Cómo ve el rol de Cristina dentro del peronismo hoy?

Si Cristina quiere regresar al poder, va a ser un problema. Tiene cierto apoyo, así que no puede ser ignorada, pero también genera mucha resistencia, así que va a dividir al partido y obstruir una renovación. Un poco como lo hicieron Carlos Menem y Alfonsín, pero más aún.

Se suele decir que con el peronismo en la oposición no se puede gobernar. Si Cambiemos pierde en la provincia de Buenos Aires estas elecciones, ¿habrá un escenario de desestabilización?

Hay dos versiones de ese argumento. Una más política, que dice que los peronistas son malas personas que no están comprometidas con el pluralismo y las reglas democráticas, por lo que van a hacerle la vida imposible a este gobierno a través de cualquier medio necesario. No creo que sea así. La otra versión, que postula gente como Ernesto Calvo o Victoria Murillo, es más estructural. Dice que los vínculos del peronismo con actores sociales clave (como los gremios o los piqueteros) y su fortaleza en las provincias, lo que le da el dominio del Senado, implica que incluso partidos que hayan ganado la Presidencia tengan dificultades para gobernar, porque el Senado y los actores sociales clave son automáticamente de la oposición. Creo que hay algo de eso, pero tampoco exageraría ese efecto. Dicho esto, es un hecho histórico ineludible que los últimos dos gobiernos no peronistas sufrieron crisis de gobernabilidad extremas, pero fue en gran parte por shocks exógenos. No creo que los gobiernos no peronistas estén destinados a ese destino siempre. Fue realmente mala suerte en ambos casos. De todos modos, si Cambiemos pierde en 2017, va a tener dificultades para gobernar. El escenario de gobierno dividido es difícil en todas las democracias presidenciales y, desafortunadamente, Argentina no tiene mucha tradición en lidiar exitosamente con esos escenarios. Pero no exageraría con ese afán destructivo que se le endilga al peronismo.

En un artículo que escribió recientemente con Daniel Ziblatt, señalaba que los filtros institucionales eran los que habían fallado para dar lugar al surgimiento de liderazgos antidemocráticos o antipolíticos como el de Trump en muchas partes del mundo. ¿Cómo se pueden reforzar esos mecanismos?

No diría que fueron muchos, al menos por ahora. Entre las democracias industrializadas, Trump es el primero. A Trump sí lo considero una figura autoritaria y creo que va a ser un verdadero desafío para las instituciones democráticas estadounidenses. Mientras tanto, la tendencia más amplia en Occidente pareciera ser una reacción a la globalización y más importante aún, a la diversificación étnica y cultural producto de las inmigraciones. Eso está produciendo una reacción nativista que –desde mi punto de vista– es muy nefasta y puede derivar en un terrible maltrato a las minorías étnicas y religiosas. No son necesariamente autoritarios en el sentido de Franco o Pinochet, pero sí Trump es un outsider populista con claras tendencias autoritarias. Respecto a cómo reforzar los filtros institucionales, ojalá lo supiera. Ziblatt y yo estamos escribiendo un libro llamado “How Democracies Die: Lessons for America”. Nos preocupa mucho esta erosión de las normas básicas de la democracia de Estados Unidos, pero todavía no hemos encontrado cómo restaurarlas.

Algunos han comparado a Trump y otros líderes populistas que emergieron en el último tiempo en el mundo con Perón y los líderes peronistas. ¿Le parece correcta esa comparación?

No sé sobre los peronistas, porque “peronista” puede tener muchos significados –y por lo general erróneos– fuera de Argentina. Trump es populista –el presidente más populista que elegimos en Estados Unidos desde Andrew Jackson–. Comparte algunas características con Juan Perón, que también era un populista “clásico” y porque ganó un nivel sorpresivo de apoyo por parte de los trabajadores (blancos). Pero no a no exagerar. Perón conquistó el apoyo de la clase baja y trabajadora por completo y mantuvo ese apoyo por setenta años. La mayoría de los estadounidenses pobres no apoya a Trump, es solo una parte de la clase trabajadora blanca. Entonces, sí, Trump es populista y puede ser comparado con otros populistas. Pero, ¿peronista? No diría eso. Los peronistas que conozco están experimentados, son pragmáticos. Trump es un amateur que sabe casi nada sobre política y no es adorado por los pobres sino solo por una fracción de ellos, blancos y de zonas periféricas.

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