La economía no tracciona (votos)

(Columna de Matías Carugati)

La situación económica ayudará en términos electorales, aunque no de forma contundente. Descartada la gestión como eje ganador, Cambiemos parece optar por la polarización.

Toda elección es un plebiscito a la gestión. Esto incluye, lógicamente, a los resultados de la economía y la percepción social alrededor de ellos. De ahí el interés del gobierno en apuntalar la recuperación, consolidar la desinflación y promocionar sus acciones. ¿Cuál será el impacto de la economía en las urnas? Para analizar de forma rápida el contexto en el cual se desarrollarán las elecciones y contestar esta pregunta clave construimos un Monitor Electoral.

El Monitor es una combinación de datos duros y percepciones sociales. Compilamos información sobre 17 variables (de actualización relativamente periódica) agrupadas en 4 ejes: Valoración Social, Actividad Económica, Empleo e Ingresos Reales[1]. Estudios preliminares reflejan que estos indicadores sirven para explicar el resultado electoral en Argentina. ¿Cómo saber si la información es, en términos electorales, buena o no? Un método sencillo (perfectible, por cierto), consiste en comparar cada valor con el promedio registrado en las elecciones ganadas y perdidas por el oficialismo. Para cada variable decimos que el sesgo es relativamente favorable si el dato es mejor al promedio observado en las elecciones ganadas por el oficialismo, relativamente desfavorable si es peor al promedio de los comicios perdidos por el oficialismo y neutro si está entre ambos.

Una mirada rápida al Monitor explica por qué el gobierno está en alerta. Los indicadores sociales se muestran entre neutros a relativamente favorables, mientras que las variables económicas son desfavorables. Esto es el resultado lógico de un 2016 que combinó recesión con aceleración inflacionaria. En efecto, puede observarse el deterioro de prácticamente todos los indicadores relevados a lo largo del año pasado. De todos modos, la foto de hoy posiblemente tome otro color gracias a la reactivación. Es más, varios indicadores muestran mejoras (leves) desde hace algunos meses.

La economía ayudará en términos electorales, aunque no de forma contundente. Está claro que el cuadro económico de agosto/octubre próximo será mejor al actual y mucho mejor al del año pasado. Habrá más crecimiento y empleo y menos inflación. Las proyecciones de consenso son consistentes con una economía que empujará más que en las legislativas de 2009 y 2013 pero no tanto como en las presidenciales de 2007 o 2011. Paradójicamente, aportaría más o menos lo mismo que en 2015, año en que el kirchnerismo ganó 2 de 3 elecciones (perdiendo la más relevante, claro está) por un pequeño margen. Este sesgo entre neutral a levemente favorable es lo que empuja al gobierno a redoblar esfuerzos a nivel macro (hoy con más foco en bajar la inflación para potenciar el “efecto paritarias”) y micro (acuerdos sectoriales) para conseguir un resultado favorable en las urnas. Sobre todo, por los rezagos entre las decisiones de política económica y su impacto en la realidad.

Descartada la gestión como el eje ganador de la elección, Cambiemos parece optar por la polarización. A falta de resultados económicos contundentes, polarizar con el kirchnerismo puede ser efectivo para atraer a un electorado algo desilusionado con Cambiemos pero claramente en contra de volver al pasado. Esta estrategia cuenta con la colaboración del kirchnerismo, que pretende, como mínimo, mantenerse vigente como la principal fuerza opositora. Se trataría de una campaña donde los dos extremos del arco de preferencias políticas (cada uno con un piso de 25/30% de votos) se disputan la franja central para ganar la elección. Si efectivamente éste termina siendo el escenario, la ancha avenida del medio podría terminar siendo una calle angosta.

Concentrar el voto puede ser una estrategia ganadora, pero tiene sus riesgos. No hace falta explicar demasiado el impacto (político y económico) que puede llegar a tener un kirchnerismo revalidado en las urnas. De todos modos, todavía falta mucho para octubre y la incertidumbre tiñe el panorama político. Lo que está en claro es que será el gobierno el que, con sus aciertos y errores, gane o pierda la elección. En el camino, veremos si la economía termina aportando algo más de empuje que lo esperado.

 

[1] Las variables son: Confianza en el Gobierno, Confianza del Consumidor, Expectativas Económicas Positivas, Expectativas Económicas Negativas, Aprobación de gestión (Valoración Social); PBI, EMAE, EMI, ISAC, Comercio (Actividad Económica); Ocupados EPH, Empleo-EIL, Empleo Privado Registrado (Empleo); Masa salarial, Salario privado registrado, Jubilación mínima, SMVM (Ingresos Reales)

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