“La opinión está partida casi en mitades respecto al Gobierno”

(Entrevista a Diego Reynoso, politólogo e investigador -Udesa-Conicet-. Por Néstor Leone)

Junto al sociólogo Manuel Mora y Araujo y la consultora Ipsos, Diego Reynoso tiene a cargo la encuesta Indicadores de Satisfacción Político-Institucional. Docente de la Universidad de San Andrés e investigador del Conicet, el politólogo expuso en esta entrevista con El Economista algunos datos del informe mensual correspondiente a abril y trazó perspectivas políticas, en un año electoral, a partir de esa información.

¿Cuáles son los aspectos que mejor pondera la sociedad del Gobierno y cuáles los que menos?

Según nuestros datos, las políticas mejor evaluadas son las de turismo, relaciones exteriores y, en este último estudio, obras públicas e infraestructura. La política en relación a los medios de comunicación también es valorada positivamente y, hasta hace poco, la política cultural. Pero desde el conflicto suscitado en torno al INCAA, viene retrocediendo. Una política que al comienzo de la gestión tenía una valoración positiva era la de ciencia y tecnología. Aun hoy está dentro de las primeras, pero desde octubre del año pasado viene en retroceso. Probablemente, el conflicto en el Conicet hizo mella en la opinión.

¿Qué evolución advierte en la valoración de la gestión de Cambiemos?

Como todo nuevo gobierno, al principio la aprobación fue muy alta: rondaba el 72%. Incluso quienes no lo habían votado le otorgaban el beneficio de la duda. Las lunas de miel son un patrón mundial en países con regímenes democráticos. Ese período dura 5 o 6 meses, depende del contexto. La gestión de Cambiemos, ya en mayo de 2016, estaba en 48% de aprobación. Así se mantuvo todo el año, oscilando alrededor del 50%, de acuerdo a cada coyuntura. Cuando fue el anuncio de aumento de tarifas, la aprobación cayó a 46 puntos. Luego se recuperó. En febrero y marzo de este año retrocedió a los valores más bajo. Fueron los dos peores meses de la gestión. Comenzó con la deuda del Correo, el affaire Avianca y luego los conflictos sectoriales. En especial, con los sindicatos de la educación y con mucho foco en provincia de Buenos Aires. Por primera vez, educación fue una de las tres políticas que menor satisfacción generaron, junto a Justicia y seguridad. Y, desde abril, el Gobierno levantó unos puntos, con números cercanos a los del año pasado. Lo que da una idea de una opinión pública partida casi en dos mitades.

¿Qué dirigentes se han potenciado en los últimos estudios y cuáles perdieron peso en la consideración?

Sin duda, y no deja de sorprenderme personalmente, la gobernadora María Eugenia Vidal es la nueva estrella en ascenso. Tiene una imagen positiva siempre por encima de 50%. Llegó, incluso, a tener más de 60%, y la negativa muy baja. Si bien perdió unos puntos en febrero y en marzo, con el conflicto docente, sigue teniendo una brecha muy favorable. Pareciera estar blindada a la erosión o al desgaste que produce gobernar una provincia como Buenos Aires. Luego, Margarita Stolbizer tiene, de manera sostenida, una muy buena imagen, aunque eso no se traduzca automáticamente en votos. El presidente Mauricio Macri, sube y baja, de acuerdo a cada coyuntura. El último mes, con el repunte del Gobierno, su imagen subió unos puntos. Pero tiene una imagen negativa pareja con la positiva. Elisa Carrió también es de las que dividen. Tiene una imagen positiva alta, pero tiene la misma proporción negativa.

¿Y en el universo peronista?

Sergio Massa experimentó una retracción desde noviembre a la fecha. Quizá con la campaña electoral pueda recobrar el lugar que hace unos meses tenía en la opinión pública. El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, y Florencio Randazzo comenzaron a medir un poco más, pero tienen una imagen negativa superior a la positiva. Tienen a favor que aún un porcentaje superior al 30% no los conoce. Eso, con una estrategia correcta, puede ser capitalizado a favor. Y Cristina tiene una imagen positiva muy baja a nivel nacional, que oscila alrededor del 25%. Pero a diferencia de Stolbizer, por ejemplo, los que opinan positivamente de ella, la votan. La implantación de Cristina, por otra parte, está segmentada territorialmente: la imagen positiva en el Gran Buenos Aires está por encima del 35%, lo cual concuerda –porcentajes más o porcentajes menos– con algunas encuestas que indican que tendría una intención de voto cercana al 40%. Cristina tiene un piso firme bastante alto, pero un techo bajo.

La gobernadora Vidal, como decía, conserva una buena imagen, pero no será candidata. ¿Qué capacidad de traccionar o transferir votos le adjudica?

Eso es difícil de saber. La respuesta más honesta sería decir que no lo sé. Mi intuición es que algo le suma al candidato que ella acompañe o bendiga, aunque no sé si esa es una práctica en la que Cambiemos incursionará. Valga un ejemplo relativamente reciente. En junio de 2007, Macri ganó la elección de jefe de gobierno de CABA: obtuvo 45,6 % en la primera vuelta y llegó a 60% en la segunda. A los pocos meses, en octubre, hubo elección de senador nacional y el candidato del PRO obtuvo 6% de los votos. Es cierto que Macri evitó mostrarse y acompañar a Carlos Melconian, el candidato del PRO en esa elección, pero quiero decir: cuánto más le habría aportado.

¿Cuáles consideran que pueden ser los ejes de campaña de este año?

Depende de la provincia. Son 24 de elecciones de diputados nacionales y 8 elecciones de senadores nacionales. Obviamente, no todas tienen la misma densidad. Quizá la elección de senadores de provincia de Buenos Aires, por el volumen de votos que tiene y por ser un distrito en el cual se juega mucho, sea la que más pese. En ese caso particular creo que se pone en juego el triunfo de Cambiemos de 2015. Independientemente de los números positivos de Vidal, está en la mesa si la elección de 2015 fue un accidente producto de la zancadillas que se hicieron en la interna de FPV o fue un triunfo de Cambiemos, que vino a ponerle fin a décadas de predominio peronista en la provincia. Los ejes girarán en torno a esto. El peronismo tendrá que plantearse si reivindicará los 12 años de gobierno kirchnerista o si intentará mostrar una versión renovadora. Y si es lo segundo, evitar dividir los votos con el Frente Renovador de Massa. Aun no queda claro qué prevalecerá. Lo que sí queda claro es que si el peronismo vuelve a presentar tres opciones, el triunfo del Gobierno estará casi asegurado.

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