Massa, el líder sin relato

(Columna de Joaquín Múgica Díaz)

Ahora el líder del FR apunta mostrar más progresismo y menos peronismo pero su mensaje tiene menos sustento.

 

Durante los años en los que Néstor y Cristina Kirchner gobernaron Argentina, los lineamientos ideológicos, políticos, históricos y económicos conformaron un relato. Una narración cargada de subjetividad sobre el pasado del país y el presente de la gestión del matrimonio santacruceño. En los últimos años, ese relato, que fue utilizado por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner para sostener sus decisiones políticas, sirvió para ampliar una grieta que dividió a los argentinos y enrareció el clima político.

Cambiemos forjó su propio relato cuando llegó al poder. Un discurso anclado en los errores del kirchnerismo y sólo contenido por una constante arenga basada en el “sí se puede”, una expresión que se enflaqueció con el paso de los meses. Con ese mensaje de gobierno, formulado por dirigentes, ministros y legisladores, se buscó dejar en claro que la sociedad iba a tener que sufrir para dejar atrás los desaciertos de la anterior gestión.

El tercer actor en la escena política argentina siempre fue Sergio Massa. Al menos, desde que formó el Frente Renovador y forjó un nuevo espacio para concentrar dirigentes peronistas desencantados con el kirchnerismo. Massa logró elevar su protagonismo entre las figuras de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, y construyó su perfil de opositor moderado y sagaz.

El diputado nacional generó su propio relato para mantenerse presente en la agenda mediática y tomar mayor protagonismo en la vida diaria de la política argentina. En 2013, cuando gobernaba el municipio de Tigre, se postuló para competir por una banca en la Cámara de Diputados. Para hacerlo se abrazó a un relato. Su primer relato con impacto nacional. Se promocionó para ser el dirigente capaz de ponerle un freno a un proyecto de reforma constitucional que le permitiría a Cristina volver a ser electa luego de estar gobernando durante dos mandatos.

En el 2013, Massa logró instalar al Frente Renovador en la escena política, frenar la reelección de Cristina, desmarcarse de su pasado kirchnerista y comenzar a posicionarse como un dirigente opositor de renombre. En ese momento ya era la figura con mejor imagen y potencial de votos en la Provincia. Su jugada estratégica le sirvió como base para competir en una elección legislativa que lo tuvo como absoluto ganador.

Desde un principio su objetivo fue abrir un callejón para que transiten los votantes que no se sentían identificados por el kirchnerismo, pero que consideraban que votar al PRO de Mauricio Macri era un límite que no estaban dispuestos a atravesar. Es decir, eludir la polarización entre kirchnerismo y antikirchnerismo.

Así fue que llegó, en  2015,  a una de sus frases de cabecera en las que aseguraba representar  “la ancha avenida del medio”. Quería, y aún quiere, cautivar a un importante porcentaje de votantes que no se siente identificado con las dos posturas antagónicas en las que está dividida la política nacional. Un esfuerzo que, hasta el momento, no le dio tan buenos resultados, más allá de los 5 millones de votos que juntó en la elección presidencial pero que solo le alcanzaron para quedarse con el tercer lugar en la general.

En el 2017, Massa dejó atrás su perfil de opositor moderado, que expuso durante el primer año de mandato de Macri, y comenzó a cargar fuerte contra el gobierno de Cambiemos. De cara a las elecciones, necesita mostrarse, nuevamente, como una opción diferente al peronismo tradicional.

A ese cambio de rumbo le sumó una alianza estratégica con Margarita Stolbizer. Menos peronismo y más progresismo. Pero en esta oportunidad el mensaje carece de sustento. No hay un relato firme en el cuál pueda pararse para agitar las banderas de una nueva representación política. No tiene un tema que se mantenga en la agenda política y mediática del país, y que se convierta en una marca registrada con el sello de su cara.

“No me resigno a que la Argentina se someta a discutir entre un gobierno para ricos o un gobierno para chorros”, aseguró durante este abril. Otra vez apostó a la dicotomía para ensanchar el espacio por donde moverse. Está convencido que la tercera vía será la que lo lleve a juntar una mayoría necesaria para hacer una buena elección, aunque esos mismos números no alcancen, como ya quedó demostrado, para cumplir su anhelo presidencial.

Massa volvió a quedar encerrado. Esta vez entre el gobierno de Cambiemos y un peronismo que día a día intenta recuperar fuerzas. Ambos tienen un relato firme para enfrentar la lucha ideológica de las próximas elecciones. No es el caso del ex director del Anses. Un dirigente que se resiste a volver a pelear en el barro del PJ para ganar adhesiones, y que suele quedar pegado en las fotos que retratan la agilidad y el oportunismo de los dirigentes políticos argentinos.

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