Lo que dejó Mar-a-Lago

(Columna de Esteban Actis)

La cumbre entre los presidentes Trump y Xi constituyó un punto de inflexión en la política exterior estadounidense.

 

A finales de la primera semana de abril, el Presidente de la República Popular China visitó los EE.UU. con el fin de mantener su primer encuentro bilateral con su homónimo Donald Trump. La cita en la residencia privada del magnate norteamericano en la localidad de Mar-a-Lago (Florida) era esperada con mucha expectativa por parte de la comunidad internacional dado la trascendencia de la reunión entre los líderes de las dos potencias globales.  Sin embargo, la decisión simultánea de la Casa Blanca de autorizar el uso de la fuerza en Siria eclipsó la relevancia del acontecimiento el cual no ha sido suficientemente desmenuzado por los analistas internacionales.

Ahora bien, es dable destacar que ambos sucesos no pueden ser analizados de forma separada. Los mismos están estrechamente relacionados a partir de comprender cabalmente las agendas domésticas tanto de Pekín y Washington, principalmente los recientes ajustes en la política exterior de la administra
ción Trump. El resultado de la Cumbre en Mar a Lago puede ser sintetizada con la siguiente afirmación: una necesaria cooperación entre EE.UU. y China antes los recientes cambios geopolíticos.

En la campaña presidencial como en los primeros días de gobierno, Trump colocó a China y no a Rusia como la primordial amenaza a la primacía global. Si el tándem ObamaHilary,  junto con gran parte del establishment político en Washington, señalaba a Rusia como el principal factor de desestabilización debido a su vocación imperial (visible en Siria), Trump y sus asesores más próximos (Michael Flynn y Steve Bannon) hacían otra lectura del escenario global. La nueva visión alertaba del usufructo que China había logrado en el último lustro de la globalización era proporcional a los perjuicios, que según Trump, sufría EE.UU. (déficit comercial, falta de empleo, pérdida relativa de la ventaja tecnológica). Una política de mayor confrontación con China poniendo sobre la mesa la aún supremacía americana (el llamado de  Trump a Taiwán tuvo un alto impacto simbólico) junto con un acercamiento/entendimiento con Putin eran los puntos nodales de la estrategia adoptada.

Sin embargo, la orientación de la política exterior que intentó imponer Trump se desvaneció a menos de 100 días de su mandato. La falta de consensos sobre el nuevo esquema externo y los tropiezos de en el tablero político doméstico obligaron a Trump a ajustar su política exterior para recuperar la iniciativa política. Desde la Casa Blanca se decidió prescindir de la tesis  “pro rusa”  (Flynn y Bannon) y  retomar el unilateralismo belicoso dejado de lado por el premio “ Nobel de la Paz”  Barack Obama. En pocos días EE.UU. bombardeó Siria, mostró todo su poderío militar con el lanzamiento de la “madre de todas las bombas”  en Afganistán y comenzó a movilizar sus flotas ante la profundización de la amenaza del régimen de Corea del Norte. El nuevo esquema geopolítico tensó inexorablemente los vínculos con Rusia, principal colaborador del régimen Siria de Bashar al-Asad y obligó irremediablemente a ensayar un entendimiento con China dado su rol clave para persuadir y frenar a su eterno aliado Corea del Norte. Para Pekín el estallido de un conflicto en su patio trasero generaría una inestabilidad regional/global alterando y revirtiendo el mayor  crecimiento económico e industrial experimentado en lo que va del año.

El escenario descripto explica el porqué del entendimiento  entre Trump y Xi Jinping en suelo norteamericano. El afianzamiento de la cooperación económica entre ambas potencias resulta un eslabón central para que Washington pueda desplegar su nuevo enfoque geopolítico y una precondición para que China consolide su modelo de desarrollo. El giro discursivo de  Trump  en torno a que China ya no manipula más su moneda como el reciente anuncio de la empresa Volvo (mayoría de capitales chinos) de la apertura de una fábrica en Carolina del Norte que empleará 4.000 trabajadores con el fin de producir un modelo de automóvil que será exportado a Europa y China en 2018 parecen ser los primeros indicios de la “ distensión”  acordada en Mar-aLago. El CEO de Volvo dijo que producir autos en EE.UU. rebate fuertemente la acusación de que China quita el trabajo a los ciudadanos estadounidenses. En este punto los intereses parecen converger: Trump muestra un hito en crear empleo en casa y China consolida su estrategia de going out, es decir  instalarse en el exterior y producir desde allí.

En definitiva, la Cumbre de Mar-a-Lago parece haber marcado una bisagra en la política exterior de la administración de Trump y un hito en la configuración del orden internacional. En el corto plazo los temores sobre una tensión entre las dos mayores economías del mundo parece desvanecerse. En contrapartida, la mutación geopolítica implica un desplazamiento de las controversias y los conflictos a otras latitudes del globo

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