May, más allá de 2017 pero no de 2018

(Columna de Jimena Sánchez, London School of Economics and Political Science –LSE–)

Es muy probable que la Primer Ministro no logre la suficiente gobernabilidad para sobrevivir más allá de 2018. Más temprano que tarde, será necesario convocar a nuevas elecciones generales.

Después de las elecciones británicas del pasado jueves 8 de junio, si algo quedó en evidencia, es que por mucho repetir la mentira, ésta no se convierte en verdad. En este sentido, la frase “fuerte y estable” muletilla de Theresa May durante la campaña, no fue más que una concepto vacío.

Si bien ganó las elecciones, perdió las bancas que le aseguraban mayoría en el Parlamento y por ende, representación política. Esto no sólo debilita la posición británica de cara a las negociaciones con la Unión Europea por el Brexit, sino que también explicita el malestar de la ciudadanía frente a la falta de soluciones en materia económica, educativa, de salud y seguridad.

Tan sólo dos meses atrás, la Primer Ministro británica convocó a elecciones con el objetivo de aumentar la presencia del Partido Conservador en el Parlamento y así demostrar mayor peso en la mesa de negociación en Bruselas. Para muchos, un ejercicio innecesario y vanidoso por parte de May.

Nadie imaginaba el reves que los resultados podían generar en la política interna y externa del país. Es que claro, cuando hizo el anuncio, las encuestas daban al Partido Conservador a 21 puntos de ventaja sobre el Partido Laborista.

Ahora bien, más allá de los errores de campaña del Partido Conservador y los aciertos de los laboristas, lo cierto es que hoy Theresa May hace equilibrio en la cuerda floja. Mientras Jeremy Corbyn, líder laborista indiscutido, espera paciente que la gravedad haga su trabajo.

La élite política se encargó de señalar a May como la gran culpable de una de las peores campañas políticas de la historia y las encuestas reflejan la creciente impopularidad de la Primer Ministro. Sus jefes de gobierno fueron los primeros en salir del gabinete y posiblemente los únicos si logra mantenerse en su puesto, el escenario más probable, al menos en el corto plazo.

Las condiciones para su supervivencia política son el apoyo del Partido Conservador y del DUP (Partido Unionista Democrático) de Irlanda del Norte. Para ello, varios conservadores señalaron fundamental un cambio de actitud que procure un Brexit moderado.

El apoyo del DUP que, obtuvo 10 bancas, le permite conformar una mayoría parlamentaria en asuntos clave como la aprobación del presupuesto anual así como también el voto de confianza requerido para constituir el nuevo gobierno. Si bien aún no se encuentra confirmado su apoyo, las críticas por las polémicas posiciones del DUP en temas como cambio climático y matrimonio igualitario no se hicieron esperar.

En el caso que la actual Primer Ministro no logré alinear filas detrás de sí, deberá renunciar y dejar paso a otro líder dentro del partido. Boris Johnson, Philip Hammond y Amber Rudd son nombres que resuenan para un eventual cambio de liderazgo. Este sería un cambio riesgoso dado que la fecha para el comienzo de las negociaciones en Bruselas es en poco menos de 10 días, el 19 de junio. Aunque es posible que sean pospuestas unas semanas hasta que se calme el revuelo de la política local.

Un escenario casi descartado es que sin acuerdo del Partido Conservador, Corbyn se convierta en Primer Ministro de un gobierno minoritario. En el caso que suceda un gobierno laborista, va a ser por vía electoral más que por una cesión de poder de los conservadores.

Tal cual están dadas las cosas, es muy probable que Theresa May siga ocupando su puesto el tiempo suficiente como para iniciar el primer tramo de la negociación sobre el Brexit. Asimismo, también es muy probable que no logre la suficiente gobernabilidad para sobrevivir más allá de 2018.

Más temprano que tarde, será necesario convocar a nuevas elecciones generales. Y será de nuevo el turno de la sociedad, quién deberá asistir a las urnas por tercera vez en menos de tres años, y definir a conciencia, junto el apoyo responsable de la élite política, qué tipo de país desea en el mediano y largo plazo.

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