Defensa nacional: cuando el Presupuesto habla

(Columna de Sergio Eissa)

Hay muchos indicadores que permiten analizar la relevancia política de defensa nacional en la agenda gubernamental desde 1983. Se puede recurrir a encuestas, a las plataformas electorales (si es que aún existen) y a las demandas de la sociedad en la agenda pública. Pero uno de ellas, de la que poco hablamos los politólogos, es el presupuesto. Miguel Pesce sostiene en el libro “Gasto en Defensa Nacional del Gobierno Nacional” (1999) que “la información presupuestaria se constituye en una herramienta central a la hora de definir una acción de gobierno” y, que nos permite indagar sobre cuáles han sido las prioridades del gobierno más allá del discurso público. Analizar el presupuesto en defensa nos permitirá aprehender si la defensa nacional ha sido y es relevante para la dirigencia política argentina.

El desconocimiento de esta herramienta, tanto en su faz estrictamente presupuestaria como en su materialización de prioridades políticas, lleva a conclusiones erróneas como las sostenidas por el colega Juan Battaleme (“La defensa necesita construir capacidades” en https://www.zona-militar.com/2017/06/12/la-defensa-necesita-construir-capacidades/).

 

DESDE 1983 HASTA EL BICENTENARIO

Durante los años ‘90, mientras el gasto en la Administración Pública se incrementó considerablemente, el gasto en defensa permaneció prácticamente inalterable, con una leve reducción hacia el final de la década. En efecto, la función defensa muestra una caída del 7,61% entre 1993 y 2001, de acuerdo con las Cuentas de Inversión, mientras que el gasto de la Administración Pública Nacional aumentó en 50,74% para el mismo período. Pero el mayor incrementó en esos años se produce en los servicios de la deuda pública: 350,52%.

Luego de la devaluación del 2002, el gasto en defensa se recupera  tanto en pesos del 2006 como en pesos constantes. El aumento en el gasto de la función de defensa acompañó el aumento del gasto en la Administración Pública Nacional. Mientras el primero aumentó en 216,04% entre 2002 y 2007, la función defensa se incrementó en 105,63%. Mientras ésta recibió 2,19% del total del gasto, los mayores aumentos correspondieron a seguridad social -38,70%-; deuda -10,89%-; transporte -10,10%-; energía, combustibles y minería -9,83%- y educación y cultura -8,95%-. Las diferencias con el período anterior, no sólo en materia de defensa, son relevantes.

El análisis precedente, extraído de los resultados de las Cuentas de Inversión –de los cuales podemos dudar por cierto–, es ratificado, sin embargo, por los datos que publica todos los años el Stockholm International Peace Research Institute. De acuerdo a este centro de investigación el promedio del gasto en defensa en América Latina en el año 2015 fue del 1,35% del PBI, mientras que el de nuestro país fue del 1,2%. Esto contradice los argumentos del colega en cuanto a la retracción e insuficiencia del presupuesto. Si bien el monto del presupuesto es importante, éste es insuficiente para saber por qué las capacidades militares se han deteriorado y no están adecuadas a la misión principal.

Sin embargo, si relacionamos los datos de la función de defensa en dólares  con el PIB de Argentina, los valores cambian. La inversión se mantiene estancada, mostrando un crecimiento estimado para el 2017. De todas maneras, tomando unos u otros datos, claramente la plata no alcanza. Por ello, hay que adentrarnos un poco más en la estructura presupuestaria para, junto con análisis de política pública, comprender que es lo que ha pasado con la defensa nacional y sus capacidades militares.

Vayamos un poco al análisis politológico.

El problema es que el colega sigue atado al Siglo XX, no analiza la política de defensa de acuerdo a la nueva realidad internacional, regional y nacional, sino que con parámetros nostálgicos y emocionales que se remontan a la década del ´60 y a un destino de grandeza que nunca existió. Por ello sostiene que la Ley Nº 23.554 de Defensa Nacional de 1988 es vieja, sin decir que la Posse Comitatis Act, la ley de defensa de los Estados Unidos es de 1878, que este país separa orgánica y funcionalmente defensa y seguridad interior (law enforcement), a punto tal que luego del atentado terrorista más grande de su historia creo el Departamento de Seguridad Interior (Homeland Department). No se trata de resguardar el “Consenso Básico” (la separación de defensa y seguridad interior), sino evitar que nos quieran llevar a los años ´60, resucitando las viejas hipótesis de con Chile y Brasil o proponiendo que las Nuevas Amenazas (narcotráfico y terrorismo, especialmente) se conviertan en una hipótesis de empleo, destruyendo así a las Fuerzas Armadas y mejicanizando el país bajo la ilusión de la “Guerra contra las Drogas”.

Asimismo, el colega crítica el acuerdo con China y defiende el firmado con la Guardia Nacional de Estados Unidos (simplificando, una especie de Gendarmería Nacional). Esto es contradictorio con los argumentos de querer recuperar capacidades para la misión principal, es decir, la defensa de la integridad territorial. Una vez más el presupuesto y la historia nos enseñan mucho.

Otra manera de analizar el presupuesto es a través del objeto del gasto, es decir, cuánto se gasta en personal, servicios, bienes de consumo, bienes durables y transferencias. En promedio, el 80% del gasto en defensa se destina a sueldos, jubilaciones y pensiones. Por otro lado, históricamente, la compra de bienes durables (sistemas de armas) nunca se ha correspondido con los intereses estratégicos de nuestro país. Esto es resultado de un realismo de ferretería que compara que cantidad de sistemas de armas tienen los países de la región; el famoso balance de poder. Argentina tiene un conflicto territorial real y concreto con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte desde 1833. ¿Dónde compramos armas los argentinos? A ese país, Francia y los Estados Unidos. ¿Qué pasó en la Batalla de Malvinas? Nos embargaron. En la década del ´90’ se continuó con la misma lógica y se compraron los A4 AR, sin tener en cuenta el costo de mantenimiento y de sostenimiento de dicho sistemas de armas y las limitaciones impuestas por la potencia colonial. ¿Vamos a seguir comprando armas en países que les van a restringir las capacidades o nos las van a embargar en caso de un potencial conflicto? Obviamente que si compramos chatarra no tendremos ninguno de esos dos problemas.

De más está decir, que Argentina nunca en su historia tuvo como hipótesis de conflicto a Gran Bretaña, pese a ello fuimos a la guerra contra ella. Claro que supusimos que ésta no iba a responder y que Estados Unidos nos iba a ayudar. Nada de eso sucedió y Fuerzas Armadas que se habían entrenado para pelear con Chile, Brasil y contra el enemigo ideológico interno –y pese al heroísmo de oficiales, suboficiales y soldados–, fracasaron. El nivel operacional no corrige los errores del nivel estratégico nacional y militar.

 

EL BICENTENRARIO Y MAS ALLA

¿Hay qué recuperar capacidades militares? Absolutamente, fuerzas de submarinos, aviación de combate, negación de área, antiminado, etcétera. ¿Pero entonces para qué queremos cambiar la ley de defensa? ¿Para qué queremos, antes y ahora, luchar contra el narcotráfico? ¿Para fracasar, para tener más presupuesto, para congraciarnos con los Estados Unidos? Las Fuerzas Armadas no sirven, no porque no puedan aprender a realizar tareas de seguridad interior, sino porque la Guerra contra las Drogas ha fracasado, ha destruido países y ha destruido a las Fuerzas Armadas. ¿Es esto lo qué queremos?

Estados Unidos son un gran país y un ejemplo a seguir. Hay que fortalecer el Ministerio de Seguridad y la inteligencia criminal para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo. Empoderemos al Ministerio de Defensa, no volvamos al viejo proyecto de fusionarlo con el Ministerio de Seguridad; incorporemos profesionales civiles y militares; todos trabajando juntos por la defensa nacional. Asimismo, apliquemos la Ley de Defensa y Ley de Reestructuración y adecuemos el Instrumento Militar a la realidad internacional, regional y nacional del Siglo XXI. Basta de pensar en el pasado. Ello supone como mínimo cambiar la ley de personal, cambiar el despliegue, la estructura orgánica, aprobar una ley de movilización y reserva y aplicar el PLANCAMIL 2011 y su actualización. Luego aumentemos el presupuesto porque, caso contrario, la plata no va alcanzar nunca, aunque éste sea del 2% del PIB.

Si el Presupuesto hasta ahora nos muestra que la defensa fue irrelevante, también nos mostrará efectivamente que es lo que se quiere hacer más allá del discurso. Miremos las decisiones políticas, la evolución del presupuesto y qué y dónde se compra. Los parches, el pasado y el cortoplacismo solo conducen a la irrelevancia estratégica de Argentina y/o a la destrucción de las Fuerzas Armadas. Pronto lo sabremos.

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