Movimiento de pinza

(Columna de Néstor Leone)

La candidatura de Cristina, el factor Randazzo y la decisión de evitar las PASO. Del FpV al Frente Ciudadano

 

1 ECUACION. En una columna similar a ésta, en febrero, consignábamos cuáles eran las razones por las que, a nuestro entender, “CFK está obligada a jugar” (así, precisamente, se tituló aquella nota, en el número 153 de El Estadista). Y “ahora”, más allá de su deseo o muy a su pesar. Razones de distinto tipo, señalábamos entonces. Políticoelectorales, más inmediatas. Y de sustentabilidad política de más largo aliento. Y hasta judiciales. Por caso, la posibilidad de politizar de manera más intensa y en su favor las ya politizadas causas en su contra. Por caso, la necesidad de cuantificar en votos los repetidos sondeos de opinión en la provincia de Buenos Aires que marcan su muy buena performance. La chance de ponerlos en valor, de alguna manera.  Y hacerlos pesar en una disputa concreta. Luego del retroceso en términos de espacios institucionales relevantes y los cuestionamientos a su ascendencia al interior del peronismo, esos guarismos se convirtieron en uno de sus capitales más preciados. De los pocos que parecía tener a su alcance. Pero también sugeríamos que si el tándem Macri-Vidal lograba revalidar en “la madre de todas las batallas” (Néstor Kirchner dixit), la recomposición opositora sería más lenta y la del peronismo, en particular, más imprevista. Y, ahí, otra razón de peso. Aún no presentándose, el balance sería adverso, con escaso rédito a futuro y algunos costos extras por pagar. Y lo sería también en el caso de que quien ganara en octubre fuera la oposición, en algunas de sus variantes, o el peronismo en particular. Entonces decíamos que su margen sería aún menor. Y que esa recomposición con nuevos liderazgos, más o menos regresivos, en casi todos los casos, la alejaría del centro de la escena. Algunas de estas razones, quizá, hayan tenido su peso en el menú de opciones.

2 RACCONTO. En el tránsito hacia esa decisión, mucha agua pasó bajo el puente. El peronismo volvió a ejercer un rol opositor luego de catorce años, pero sin una línea monolítica ni unívoca. Distintas relecturas sobre los doce años de gestión y respecto de las causas de la derrota tuvieron su correlato en formas también distintas de relacionarse con el gobierno de Cambiemos. Mientras que el PJ retrotrajo su estructura a un universo de liderazgos parciales, preexistentes incluso y circunscriptos a los territorios en los que había conservado el poder, pero desarticulada y sin estrategia nacional. En tensión con el kirchnerismo, en algunos casos. O negando su pertenencia al Frente para la Victoria, lisa y llanamente, en otros. El kirchnerismo, entonces, se fue convirtiendo en una expresión marginal entre la dirigencia del interior del país y la ascendencia de Cristina quedó cuestionada. Implícita o explícitamente. Por aquellos dirigentes de apoyos pragmáticos, pero ajenos a su cosmovisión, y también por varios de quienes habían formado parte de su núcleo duro. En la provincia de Buenos Aires eso se tradujo en fragmentación y grupos diferentes de jefes comunales deseosos de preservar o ampliar su predominio en ese río revuelto. En un degradé en donde los Esmeraldas eran los más esquivos a aceptar otra cosa que no fuese un borrón y cuenta nueva, los Fénix fatigaban la palabra renovación pero procurando no dejar excluidos en el camino, los Establos transmitían la aparente ajenidad del interior bonaerense y los Patria, casi en solitario, profesaban fe cristinista. No obstante, la ausencia de liderazgos alternativos que trasciendan los límites de sus distritos (o de sus intenciones), la recurrencia implícita del oficialismo en elegirla como rival, el deterioro de la mayoría de los indicadores sociales y económicos y la capacidad de Cristina de generar hechos políticos aún en la adversidad desdibujó estos cortes que parecían taxativos y fue acotando la fragmentación. Hasta que muchos de esos intendentes, que habían negado su liderazgo poco antes, propiciaron una especie de operativo clamor por candidatura, encuestas mediante, y volvieron al ruedo. Casi con la misma convicción. Y de manera cuasi unánime.

3 RETADOR. Entre esos liderazgos alternativos posibles está (o estaba) el de Florencio Randazzo, ministro del Interior de Cristina durante su gestión y maltrecho precandidato a presidente en 2015. La forma traumática en que se resolvió la oferta electoral del Frente para la Victoria en esa ocasión, con Daniel Scioli como el aspirante pretendido por la mayoría de la estructura peronista y asumido como tal por Cristina, y la interna despiadada en la provincia de Buenos Aires entre Aníbal Fernández y Julián Domínguez, lo alejó de la escena pública. Malquistado con la expresidenta y buena parte del kirchnerismo. El silencio fue su manera de expresarse, como forma de medir los tiempos, a la espera de los más propicios. Y a la espera, también, del escenario que despuntase como el más ajustado a sus pretensiones. Por caso, unas primarias con Scioli, a modo de esperada revancha, y sin Cristina como gran electora. El grupo Esmeralda asumió como propia esa estrategia durante buena parte de ese recorrido, a la espera de que se agregasen los Fénix,  y sumó a otros actores con ganas de saldar esa cuenta, desde el Movimiento Evita hasta Alberto Fernández, de algunos líderes sindicales a dirigentes sueltos como Domínguez. La decisión de Cristina de persistir en el centro de la escena, cierta memoria colectiva en segmentos importantes de los bonaerenses, el realineamiento que cosechó en el camino y el prolongado silencio de su retador jugaron en contra del chivilcoyano. De modo tal que, del apoyo de los Esmeralda, sólo quedaron las adhesiones a título personal de Gabriel Katopodis (San Martín), Eduardo “Bali” Bucca (Bolívar) y Juan Zabaleta (Hurlingham). Y del elogio al “tiempismo” y al silencio quedó algún reproche por “falta de política”.

4 PASO O NO PASO. La reaparición de Cristina, en una entrevista con C5N, el 25 de mayo, dejó finalmente varias pistas posibles sobre sus movimientos futuros. Mostró vocación para participar en las elecciones como candidata “si es necesario”, diferenció deseos de responsabilidad política, le tendió un puente a Randazzo para una posible negociación, pero a modo de advertencia, y desechó la posibilidad de competir en las primarias con “quien fue mi ministro durante ocho años”. También recomendó volver sobre su discurso del 13 de abril de 2016, frente los Tribunales de Comodoro Py. Allí mencionó la necesidad de construir algo parecido a un nuevo instrumento de articulación política y le dio nombre. Frente Ciudadano lo llamó. Precisamente, la denominación alternativa que ya circula para reemplazar al batallado FpV.  Un acuerdo político-programático, con lista de unidad, ella como candidata y sin PASO. ¿Será?

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