Larralde, Palacios y Cipriano Reyes, en la Convención del ‘57

(Columna escrita junto a Santiago Senén González)

Radicales, socialistas y laboristas, entre peronistas y antiperonistas.

La convención nacional reformadora de la Constitución Nacional, convocada en el año 1957 por la autodenominada Revolución Libertadora, sesionó en la Ciudad de Santa Fe entre el 30 de agosto y el 14 de noviembre de 1957. En su primer sesión ordinaria se consagraron sus autoridades, en su totalidad convencionales pertenecientes a la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). El 28 de julio se habían realizado las elecciones de constituyentes, con la proscripción del peronismo. Para elegir 205 convencionales constituyentes oficializaron listas 37 partidos políticos. Sólo 3 de ellos, la UCRP, la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) y el Partido Demócrata Cristiano (PDC), de reciente creación, lo habían hecho en las 23 regiones electorales: la Capital Federal y las 22 provincias. La concurrencia había alcanzado al 90,07 %. En cuanto a los resultados electorales, primero se ubicaron los votos en blanco (expresión del peronismo proscripto) con el 24,31%, luego la UCRP con el 24,20 %, seguida por la UCRI con el 21,23 %, el Partido Socialista con el 6,04% y el PDC con el 4,83%.

Hasta la designación de las autoridades definitivas, el presidente provisional fue el socialista Nicolás Repetto. Incluidas las reuniones preparatorias, la convención sesionó, después de haber quedado sin quórum, durante 77 días con un total de 26 reuniones. Por aquel entonces, también estaba reunido, pero en Buenos Aires el Congreso Normalizador de la CGT, que terminaría en una fractura. En el transcurso de los debates se manifestaron las tensiones existentes. Habían pasado dos años desde el derrocamiento de Perón y algo más de un año del alzamiento del general Juan José Valle, reprimido con la aplicación de la Ley Marcial. El gobierno cívico-militar encabezado por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac F. Rojas buscaba una fórmula de legitimidad democrática que concebía sin la presencia del peronismo.

Al comenzar las deliberaciones los convencionales de la UCRI –encabezada por el diputado Oscar Alende- y otros agrupamientos como el Partido Laborista, el Partido de los Trabajadores y la Unión Federal, plantearon la nulidad de esa Convención Constituyente. El argumento básico que utilizaron fue que un presidente de facto no tenía facultades para derogar una Constitución, ni para declarar la necesidad de su reforma. Señalaron el carácter antidemocrático de impedir la representación del electorado peronista, para denunciar que el verdadero objetivo de la convocatoria era eliminar definitivamente los derechos sociales y económicos establecidos por la Constitución de 1949.

Esa intervención fue replicada por Arturo Mathov, de la UCRP, quien dijo que “…la bancada que tiene los ojos puestos en Caracas quiere obstaculizar la marcha de esta Convención”, en referencia al general Perón, que se encontraba exiliado en la capital venezolana. Instantes después se retiraron del recinto los convencionales electos del sector del radicalismo intransigente, dejando a la Convención con un quórum estricto.

El conjunto de los partidos que dificultosamente mantenían el quórum pudo aprobar el artículo 14 bis de la Constitución –inspiración y prédica de Crisólogo Larralde- , referido a derechos sociales, en cuya redacción tuvo destacado papel el radical del pueblo Luis María Jaureguiberry. El convencional entrerriano definió el artículo como “una transacción de contenido histórico entre los que querían mantener la intangibilidad de la Carta del ‘53 en su redacción y los que deseábamos colocarnos en nuevos tiempos para no marchar a la zaga en principios de avanzada social”.

Continuado el desarrollo de los debates, se presentaron cuatro puntos de fricción: la constitucionalización del sistema electoral de lista incompleta, la elección directa del presidente, la enseñanza y el carácter social de la propiedad. Finalmente los convencionales conservadores condenaron la Convención, dejándola sin quórum, denunciando que se persistía en el dictado de cláusulas sobre temas tales como reforma agraria, servicios públicos o expropiación de empresas.

Tres protagonistas singulares de la política nacional se encontraron en esa convención. Cipriano Reyes, el legendario dirigente que encabezó, desde Berisso, la histórica movilización del 17 de octubre de 1945, luego de sufrir persecusión y encarcelamiento durante los últimos años del gobierno peronista, fue liberado en 1955 y reorganizó en el ‘57 el Partido Laborista, con una posición opuesta a la dictadura militar y partidaria de restablecer la Constitución de 1949 sancionada durante el gobierno peronista.

El 31 de agosto del ’57, en la segunda reunión preparatoria, bajo la presidencia de Repetto, pide la palabra Reyes para exaltar la figura de otro dirigente socialista: “Uno de los grandes demócratas de los argentinos ocupa una banca en esta honorable convención, y su figura legendaria nos ha llevado a la juventud de otros tiempos y de ahora, con el entusiasmo del sueño de la democracia y de la libertad. Yo era un niño cuando lo escuchaba a Don Alfredo Palacios (aplausos) en las calles de Buenos Aires, en Parque Patricios, en aquella trágica semana de enero (nota: se refiere a los sucesos conocidos como la Semana Trágica, en enero de 1919), llevando su puñado de ensueño y su palabra de ardor a la juventud. Allí comencé a sentir, yo también, el espíritu de lucha y el ideal que avanza buscando un mundo mejor”. Palacios había sido electo como primer diputado socialista en la historia americana en 1904 y tenía 79 años cuando fue elegido convencional en el 57.

La misma edad de Crisólogo Larralde, reconocido dirigente del radicalismo nacido en un hogar obrero de Quilmesprovincia de Buenos Aires. Como presidente del Comité Nacional de la UCRP, intervino activamente para evitar que los convencionales de la UCRP se retirasen de la Convención antes de dar su voto favorable al artículo 14 bis. La incorporación del 14 bis a la Constitución Nacional, consagrando los derechos laborales y sociales, fue el único resultado concreto de aquella Convención. Un puñado de políticos de distintos partidos e ideologías había logrado salirse, por un instante, de la tajante división del país entre peronismo y anti-peronismo.

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