¡Es el cambio, estúpido!

Por Mariano Fraschini & Nicolás Tereschuk

Cristina muestra un espíritu flexible necesario para no quedar presa de sus formas tradicionales o esperadas. ¿Le alcanzará eso para “reinventarse” ante ciudadanos que habían dejado de apoyarla?

 

A la medianoche del sábado 24 de junio, finalmente, se develaron las candidaturas en la estratégica provincia de Buenos Aires. Luego de un último intento por conformar una lista única en el interior del peronismo, Florencio Randazzo terminó presentando su candidatura a senador por el PJ oficial y Cristina Kirchner por el frente Unidad Ciudadana (UC).

El grueso del ex Frente para la Victoria se encolumnó detrás de la expresidenta, a quien secundará Jorge Taiana. La división del peronismo,a lo que hay que sumar los sectores peronistas que encabeza Sergio Massa, a priori significa un beneficio electoral para el oficialismo, aunque en política la matemática no es la mejor aliada para dar cuenta de las futuras preferencias electorales.

Como expresamos en una nota anterior, “la interna” del peronismo estuvo muy lejos de parecerse a otras del pasado. No hubo críticas públicas entre los principales protagonistas, no hubo “portazos” sin vuelta atrás, “no volaron sillas” en congresos “aparateados” y de la boca para afuera se expresaron disidencias en cuanto a cuestiones “metodológicas”. Otras fueron las dinámicas cuando se enfrentaron en el mismo territorio“ herministas” y“ renovadores”, “cafieristas” y “menemistas” o “menemistas” y“ duhaldistas”.

Con las listas sobre la mesa, el punto de partida de Cristina aparece como más ventajoso que el de Randazzo, a quien las circunstancias y también algunas jugadas de la expresidenta -como la propia decisión de ser candidata- le quitaron apoyos al interior del peronismo, al tiempo que se plantean dudas sobre cuál será su espacio para moverse en una campaña que ya tiene ejes discursivos muy marcados, como los que planten Cambiemos y Unidad Ciudadana, pero también el massista 1País.

También mejoró el punto de partida de Cristina el estreno de su frente en el estadio de Arsenal de Sarandí. Mucho se ha escrito sobre “el cambio de imagen” de la expresidenta, de su “duranbarbarización”, de su táctica de “parecerse al PRO”, de un cambio de escenario en relación a sus seguidores (de los“ retos del Atril”  o “los patios militantes” a ubicarse en“ igualdad” con su público, etc), en fin de una “nueva CFK”. Es decir, se exalta el cambio operado en la expresidenta como un intento de “modernizar” su campaña electoral con instrumentos de la “comunicación política”, como si antes de esta fecha, la misma CFK no hubiera incursionado en esquemas semejantes. No hay que ir muy lejos para recordar las campañas electorales de 2005, 2007 y 2011 para observar que la líder del peronismo suele innovar en su comunicación con el electorado. Parece que algunos analistas congelaron a CFK en su versión 2013-2015 -una jefa de Estado sin reelección-, y no advirtieron que se trata de una dirigente política que no suele atarse a esquemas prefijados. Desde allí que algunos sectores expresen con cierta desazón que hay “una nueva Cristina” que se adapta a los nuevos tiempos, tanto en su presentación mediática, como en la confirmación de sus listas donde estuvieron ausentes los representantes de la “vieja guardia”. Olvidan que para un político los contextos suelen ser centrales a la hora de elaborar las políticas públicas, electorales y comunicacionales.

A un manual sí pareció aferrarse Cristina con su puesta en escena de“ los agredidos” por el modelo de Macri: el del “populismo” en sentido estricto. Si nos guiamos por el teórico Ernesto Laclau, advertiremos que el populismo no es ni más ni menos que “una lógica de formación de identidades colectivas”. Rápidamente podemos decir que, en su visión, lo primero para conceptualizar al populismo es “dividir la  unidad del  grupo  en  unidades menores” denominadas “demandas” Mediante ciertos mecanismos -en los que, ciertamente interviene la representación y el liderazgo-  puede darse “una articulación de demandas”. Así, Laclau explica que “si  la  demanda es satisfecha, termina  el  problema;  pero  si  no  lo  es,  la  gente  puede  comenzar percibir que los vecinos  tienen  otras  demandas  igualmente insatisfechas -problemas  de  agua,  salud, educación,  etcétera-.  Si la situación permanece igual  por un  determinado  tiempo,  habrá una de demandas insatisfechas y una creciente incapacidad del sistema institucional  para  absorberlas  de  un modo  diferencial (cada  una manera separada  de las  otras)  y  esto  establece  entre  ellas una equivalencia.  El resultado  fácilmente podría ser,  si no es interrumpido por factores externos, el surgimiento de un  abismo cada vez mayor que separe  a  sistema institucional de la  población”. Hay allí una articulación populista en ciernes, con sus conocidas “precondiciones”. Esto es:  “(1 ) la  formación  de  una frontera interna  antagónica separando el ‘pueblo’ del poder ;  (2)  una  articulación  equivalencia!  de demandas que hace  posible  el  surgimiento  del  ‘pueblo’” y“ una  tercera precondición  que  no  surge realmente  hasta  que la movilización política ha alcanzado  un nivel  más  alto: la unificación de estas diversas demandas -cuya equivalencia  hasta ese punto, no había ido más allá de un vago sentimiento de solidaridad- en  un  sistema estable  de significación”.

La sucesiva presentación que hizo Cristina durante el acto de científicos, empresarios pymes, quinteros bolivianos, discapacitados cuya pensión había sido dada de baja, referentes de comedores comunitarios, trabajadores desocupados sin tantas referencias a datos y cifras, sino a problemáticas concretas encarnadas en personas, se pareció demasiado a esto que hemos comentado.

Este “cambio discursivo” de Cristina puede ser también leído a la luz de Nicolás Maquiavelo y sus reflexiones en torno a las mutaciones que requiere la intervención política. Un príncipe “virtuoso” será en este sentido aquél que tiene el espíritu flexible para “volverse en cualquier dirección al compás del soplo de la fortuna”, el que mejor se “adapta a los nuevos tiempos”, ya que los estos varían y con ello la fortuna, y un político que“ no cambia su proceder tarde o temprano deberá vérselas con su mala suerte”. No obstante, insiste Maquiavelo en que “el príncipe que pudiera cambiar su naturaleza con los tiempos, la Fortuna no cambiará”, desde allí que el político triunfador será aquel que “adapte su modo de proceder a la naturaleza de los tiempos”. Queda en evidencia que la virtud de un príncipe se encuentra en intentar domar a la fortuna y no obrar en forma tradicional, ya que los accidentes de la fortuna “se nos imponen”. Leyendo al escritor florentino, parece ser que “es el cambio, estúpido” lo que resulta decisivo a la hora de comprender el éxito político.

En Arsenal y con un cierre de listas que, por ejemplo, incluyó una reconciliación con Jorge Taiana, con quien durante su gobierno vivió un distanciamiento, Cristina mostró algo de ese espíritu flexible necesario para no quedar presa de sus formas tradicionales o esperadas. ¿Le alcanzará esto para “reinventarse” no tanto ante su base política sino ante ciudadanos que en algún momento la votaron pero más tarde dejaron de apoyarla? ¿Podrá Cristina domar una“ fortuna” que a toda oposición se le presenta con varios rasgos de adversidad? Falta cada vez menos para que lo sepamos. La campaña electoral ya empezó.

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