El enigma de la Primera

Por Julio Burdman

Una sección electoral favorable para el oficialismo pero que no se benefició con políticas publicas específicas

 

El Gobierno nacional está tratando de mudar el foco de la elección legislativa. Sacarlo de la provincia de Buenos Aires, y ponerlo en el resultado nacional. Hasta hace no demasiado tiempo, toda la apuesta estaba en la provincia. Y los medios coincidían.

A principios de año el principal editorialista del diario La Nación afirmaba que, para él, la única elección que importaba era la bonaerense, y que eso se iba a reflejar en su columna del lunes postelectoral. Pero las cosas cambiaron. La provincia se puso difícil para el oficialismo, porque la candidatura de Cristina camina fuerte. Y Cambiemos descubrió que su ventaja competitiva es ser la única fuerza constituída con el mismo nombre en 23 de los 24 distritos nacionales. Lástima que la excepción sea justo en el distrito en que mejor le va.

Sin embargo, el bulto bonaerense es imposible de esquivar. En la primera semana de julio, la situación que reflejan las encuestas es la siguiente: Unidad Ciudadana y Cambiemos están empatados en el primer lugar, con alrededor de 35 puntos cada uno, y los siguen desde muy lejos Massa-Stolbizer, Randazzo, Pitrola y Pino.

El escenario de los tres tercios no se ve: antikirchneristas y antimacristas se llevan 7 de cada 10 votos, y en el 30% de no alineados e indecisos hay una sobreoferta de estrellas.  Si dividimos, algo arbitrariamente, al macrodistrito bonaerense en tres grandes regionales (la Primera Sección, la Tercera Sección y el Interior o resto de las secciones), podemos tener una idea más aproximada de los problemas y desafíos que tienen las dos fuerzas principales. En la Tercera, que agrupa a los principales municipios del conurbano sur (incluímos aquí al peso pesado, La Matanza) la lista de Unidad Ciudadana que lidera Cristina Kirchner está ganando cómoda. En el agregado de lo que hemos llamado interior (las secciones Segunda, Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima, además de La Plata), más allá de los matices de cada sección (todo indica que Unidad Ciudadana pondrá esfuerzos en la Quinta, y que Daniel Scioli la recorrerá en detalle), gana Cambiemos, con su candidato Esteban Bullrich. Y probablemente, el oficialismo ganaría aquí con cualquier candidato.  Sin embargo, donde no hay una tendencia clara es el la Primera. Hoy Cambiemos se impone por poco; el panorama es de se tiende a la paridad. En la Primera, también, es donde hay más indecisos. En el promedio provincial, no sabe aún por quién votará para Senador Nacional el 7,8% de los bonaerenses. Pero en la Primera la cifra asciende a 10,4%, en la Tercera es de 8,3% y en el Interior de 5,8%. No es cierto, tampoco, que en la Primera haya un presencia rutilante de votantes massistas: hay más que en el interior y que en la Tercera, sí, pero no en proporciones desequilibrantes. Para Cambiemos, el problema de la Primera es que no concentra suficiente cantidad de votos.Y  que Cristina sí tiene una presencia allí.

Digámoslo así: para que Cambiemos consolide un proyecto político de ocho años en la provincia de Buenos Aires, y por ende en el país, tiene que arrasar en la Primera. Hacer de esa región de importantes clases medias, un bastión electoral. Pero, a diferencia de lo que el peronismo hizo en la Tercera, Cambiemos carece de un plan para la Primera. Hay varios municipios en los que no tiene candidatos ni figuras, y hay otros en los que sus diferentes referentes compiten entre sí. Paradójicamente, en el cierre de listas Cambiemos exhibió más coherencia en la esquiva Tercera que en la natural Primera. En el Sur, Grindetti coordinó. En el Norte y el Oeste, Jorge Macri y Ramiro Tagliaferro chocaron entre sí, y con los radicales. Es extraño que, pese al mandato presidencial de las “listas únicas”, haya primarias cambiemitas en la región clave.

El peronismo contemporáneo, desde Duhalde en adelante, tuvo un proyecto para la Tercera: hubo contención y políticas sociales. Macri arrancó su gobierno reparando al interior bonaerense, con la baja de las retenciones y los sucesivos guiños y mimos al campo. Pero para la Primera no ha preparado nada. Ni discursos, ni políticas, ni transferencias dinerarias. El “voto ladrillo”, el de la obra pública y los créditos hipotecarios, no habrá desplegado todo su atractivo para esta elección. A los votantes blancos y antiperonistas del norte y el oeste granbonaerense Cambiemos le pide un voto ideológico y de rechazo al kirchnerismo, sin incentivos selectivos. Ni transformaciones geográficas. En cambio, lo que sí germina en la Primera es el malestar de sectores medios que están peor. Por eso, Unidad Ciudadana confía en poder mejorar su desempeño. Allí, donde se juega el proyecto de Macri y Vidal.

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