Costos y riesgos de la apuesta Carrió

Por Néstor Leone

 La dirigente de la CC-ARI se hizo fuerte en las listas del oficialismo en Ciudad y PBA. Respaldo orgánico y disciplinado, y poder de veto.

 

1. COMUNION

La relación entre Elisa Carrió y el presidente Mauricio Macri no deja de sorprender a propios y extraños. Tuvo sus tensiones, es cierto. Y sus matices. Pero se mantiene inalterable en lo sustancial desde 2015. La dirigente de la Coalición Cívica sostiene que se siente representada por el gobierno de Cambiemos, frente que contribuyó a crear, y que está dispuesta de defenderlo. Su itinerario político, por cierto, alimenta esa sorpresa. Fue protagonista de las dos últimas décadas de la política argentina, con resultados fructíferos en términos de generación de hechos resonantes, pero zigzagueantes en cuanto a productividad política. Desplazándose lábilmente por buena parte del arco ideológico y procurándose golpes de timón, cambios bruscos de aliados y declaraciones altisonantes. Desde el púlpito donde siempre le gustó parase para mirar por encima del resto. Desde una dimensión “moral” que se encargaba de subestimar la sustentabilidad en el tiempo de estructuras adecuadas para disputar poder. Y, por cierto, con mucha visibilidad mediática. De hecho, el propio Macri fue destinatario de varios de esos dardos y aporreos. Muchas veces impiadosos. Sin embargo, la comunión en Cambiemos cambió las cosas. En aquella campaña presidencial, su actitud decidida no sirvió tanto para sumar voluntades, dado su bajo caudal de votos en la elección primaria, como para amortiguar las críticas que cayeran sobre Macri. Y durante el año y medio de gestión en curso mantuvo la misma lógica. Como forma de protegerlo, por caso, de algunas de aquellas críticas que también ella había profesado. Como forma de respaldarlo, desde su lugar de denunciadora legitimada por la opinión pública, de cualquier cuestionamiento sobre aspectos morales y políticos (incluido el impacto de sus políticas económicas) que pudieran afectar el potencial del acuerdo.

 

2. IMPRONTA

Ese aporte tiene su costo para el Gobierno, que ella valoriza como capital propio. El poder de veto que detenta es oscilante según las circunstancias y los actores en juego.  Y lo utiliza con mucha condescendencia hacia Macri, especialmente. A modo de amenaza, que pocas veces activa. Pero está presente. Y, sobre todo, es la única que parece tenerlo. Ni sus socios radicales, con mayor aporte territorial y de escaños parlamentarios, y mayor contribución en términos electorales, ni el resto de los aliados, tienen esa potestad. A pesar de que aquel 3% de sus votos en las primarias de Cambiemos resulten escasos. Su intención inicial de disputar las elecciones en la provincia de Buenos Aires había agitado un poco las aguas, ante la incomodidad de la gobernadora María Eugenia Vidal  y el malestar de buena parte de los intendentes de Cambiemos. Su regreso consentido y en buenos términos a la Ciudad, para lidiar con Martín Lousteau, luego de la elección reñida de 2015 y los perjuicios potenciales que pudo traerle a Macri, en tanto, la mostraron orgánica y disciplinada. Con un costo extra para el PRO, en un territorio donde es gobierno desde 2007 y donde tiene una aceitada maquinaria electoral puesta a prueba varias veces, incluso ante la propia Carrió. Allí cuatro de los primeros cinco lugares en la lista de diputados nacionales son “lilitos puros”, incluida ella a la cabeza. Y , allí, también, será su impronta el eje de campaña, muy por encima de cualquier estrategia diseñada en los laboratorios del consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba. Por lo que quedan varias incógnitas para Macri y los suyos. Por caso, si habrá servido  “desguarnecer”  la provincia de Buenos Aires, más aún ahora que está confirmada Cristina Kirchner como rival. O si podrá retener el voto transversal porteño que esa maquinaria aceitada del PRO pudo acaparar en distintos puntos de la Ciudad, el Sur incluido.Y , sobre todo, si no habrá agigantado, sin tanto beneficio de inventario (en este caso, al menos), aquél poder de veto que ya no partirá de la escueta base de un 3%.

 

3. REPROBOS

Sus dardos contra Ricardo Lorenzetti son de intensidad variable, aunque decrecientes en el tiempo. Duda de su integridad para presidir la Corte, sin lograr ponerlo por ello contra las cuerdas. El tacto político del supremo, entre otras cosas, se lo impide. El fallo diferenciado respecto de la cuestionada mayoría que validó el dos por uno para condenados por delitos de lesa humanidad, a su vez, retaceó su margen. Y puso en aprietos a varios de los cortesanos con los que ella se siente más cercana. De todos modos, no por eso Carrió resignó peso en el ámbito judicial y aledaños. Por el contrario, sus batallas siguen partiendo de esas trincheras. La que tiene, abiertamente, con el presidente de Boca Juniors  y allegado al Presidente, Daniel Angelici, y con la subdirectora de la exSIDE, Silvia Majdalani, por caso. Y la de baja intensidad que mantiene con algunos funcionarios de Vidal, también. Con suerte dispar. Contribuyó a sumar fuerzas para lograr el desplazamiento del jefe de Policía de la Bonaerense, Pablo Bressi. Y fue determinante (lo llamó “mafioso”) en la deserción del intendente de Vicente López, Jorge Macri, de la línea de largada para una candidatura a legislador, cuando parecía número puesto. Pero sus denuncias más o menos frontales contra los ministros Cristian Ritondo y Gustavo Ferrari no sólo le valieron el desdén de la gobernadora, sino que también añadieron argumentos para decidir apartarla de su buscada mudanza política a la provincia de
Buenos Aires. Sus incordios con Durán Barba son conceptuales, si se quiere. Los que tiene con parte del círculo cercano del Presidente, más concretos. Pero tampoco logra trascender esas fronteras. Por ahora, al menos.

 

4. DUELOS

No obstante lo anterior, es hacia sus exaliados donde  Carrió apunta hoy con mayor dureza sus dardos. La decisión de Lousteau de renunciar a la embajada argentina en Estados Unidos y regresar al país para disputar por dentro o por fuera de Cambiemos una banca en Diputados, la convenció de volver a cruzar la General Paz, más allá de que el economista haya sido su espada electoral hace poco menos de dos años. Mientras que las primeras movidas de campaña de Margarita Stolbizer para instalar su alianza opositora con Sergio Massa en 1País, revivieron y retroalimentaron el viejo combo de celos, divergencias y rivalidades que comparten, luego de pertenencias comunes en el radicalismo, en UNEN y en el Acuerdo Cívico y Social, en distintos momentos, bajo diferentes circunstancias. Una Carrió orgánica y disciplinada, en definitiva. Con costos y riegos

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