Sobre las PASO y sus efectos electorales

Por Nicolás Solari

En las generales hay más participación que en las primarias pero, además, el comportamiento de los ciudadanos es distinto porque  hay, en términos porcentuales y absolutos,  más votos afirmativos 

 

En la edición anterior de el estadista Miguel de Luca y Andrés Malamud publicaron una nota especulando sobre los potenciales efectos de las PASO en la provincia de Buenos Aires. Analizando los antecedentes del distrito, los autores concluyen que es probable que los partidos que tengan una mala performance en las primarias, sufran la defección de una parte de sus votantes hacia alternativas con mayores posibilidades de triunfo.

Al respecto, quisiera sumar algunas consideraciones adicionales al debate en torno a las PASO y sus potenciales efectos en las elecciones generales.

En primer lugar, resulta interesante observar que los electorados que participan de las PASO y de las elecciones generales no son exactamente iguales. En 2011 -año en que se estrenaron las primarias- el nivel de participación electoral en la provincia de Buenos Aires creció en 150.000 votantes entre las primarias y las generales, lo que equivale a algo más del 1% del total del padrón del distrito. En 2013, la participación electoral se ensanchó en 250.000 votos entre las dos elecciones, esta vez el 2% del padrón. En 2015, el número de votantes amentó casi un 6%, alrededor de 700.000, conjeturalmente porque las tormentas e inundaciones acontecidas en agosto habrían deprimido la participación electoral en las primarias. Nuestra primera hipótesis será entonces que la celebración de las PASO -y la difusión de sus resultados- generan un clima social que incentiva la participación electoral. Si bien, el crecimiento de la participación pareciera ser marginal, es importante recordar que 120.000 votos equivaldrán este año a aproximadamente a un punto porcentual de los votos válidos del distrito.

En segundo lugar, es destacable que el electorado de ambas elecciones no solo es distinto cuantitativamente, sino también cualitativamente. En efecto, el electorado que participa de de la elección general tiende a emitir, en términos porcentuales y absolutos, mayor cantidad de votos afirmativos. En 2011, por caso, el voto no afirmativo a presidente pasó de 625.000 en agosto a 375.000 en octubre. En 2013 se redujo de 550.000 en agosto a 375.000 en octubre. En las presidenciales de 2015 el voto blanco y nulo pasó de 520.000 en las PASO a apenas 300.000 en la elección general. En este sentido, pareciera ser que las PASO generan también un clima social que incita al voto afirmativo, en detrimento del voto blanco y nulo, en la elección general.

Finalmente, el efecto estratégico que De Luca y Malamud identifican en la provincia de Buenos Aires en las elecciones de diputados nacionales de 2011, 2013 y 2015, puede ser advertido también en el primer cuerpo de la boleta de las elecciones de 2011 y 2015, cuando además se eligió presidente. Hago esta aclaración, porque el comportamiento estratégico que evidencian algunos votantes está seguramente más influenciado por lo que pasó en el primer tramo de la boleta.

Al respecto, los efectos del voto estratégico entre 2011 y 2015 se registran con más contundencia entre los votantes de las alternativas no-kirchneristas, donde probablemente prevaleció la idea de emitir un voto negativo al gobierno de aquel entonces, fortaleciendo al candidato opositor mejor posicionado. Es que el voto estratégico no solo tiene sentido en las elecciones presidenciales (donde ‘the winner takes all’) y las de senador nacional (donde ‘the winner and the runner-up take all’). Es cierto que los distritos plurinominales con asignación proporcional de escaños, como es el caso de la provincia de Buenos Aires, incentivan el voto a fuerzas minoritarias y desalientan el voto estratégico. Pero lo desalientan solo en la medida en que el objetivo del votante sea maximizar las bancas que su candidato o frente puede obtener. Cuando el objetivo del elector es castigar a un dirigente o partido en particular, el votante -incluso en distritos plurinominales y proporcionales- tiene incentivos para moverse estratégicamentey

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