¿Cambiemos al peronismo?

Por M. Victoria Murillo

Las facciones peronistas pueden unificarse para  disputar el poder o negociar con un Gobierno que las  necesitará

 

Cambiemos, la primera novedad política exitosa nivel nacional desde la creación del peronismo tuvo el domingo su primera prueba electoral en el poder –aunque en realidad fue un ensayo general ya que los resultados de las PASO no definieron más que una correlación de fuerzas a considerar por los electores en octubre–. Los resultados sugieren, sin embargo, que la estrategia de la polarización electoral fue favorable al oficialismo y le permitió extenderse desde la zona central y las áreas más prosperas del país hacia el resto del territorio.

Tanto el radicalismo como el peronismo se consolidaron desde el poder, expandiendo su apoyo inicial en la zona metropolitana hacia el interior. Cambiemos busca seguir sus pasos ya que si bien creció solo cinco puntos porcentuales expandió su base geográfica hacia el norte y sur del país incluyendo incluso provincias que habían sido feudos locales como San Luis y Neuquén.

El peronismo, en sus múltiples versiones, se mantiene atrincherado en sus fortalezas electorales de las provincias periféricas del norte y la Patagonia, así como en el conurbano bonaerense y rosarino. La suma del peronismo kirchnerista y no kirchnerista en las PASO llegó al mismo porcentaje obtenido por Daniel Scioli en la primera vuelta de 2015 (excluyendo a los peronistas de Massa en ambas elecciones). Sin embargo, la fragmentación del peronismo es más significativa que el total de sus votos. Históricamente, el peronismo se dividía en la oposición, pero no en el gobierno. Recordemos que solo ocho legisladores desertaron cuando Menem hizo su giro neoliberal. Sin embargo, la nueva fragmentación del peronismo que lo llevó a presentar tres candidatos presidenciales en 2003se estabiliza en 2009 cuando emergió el Peronismo Federal que desembocaría en el Frente Renovador. Dicha fragmentación refleja clivajes en la sociología de sus electores tradicionales: los trabajadores formales, por un lado, y los informales y desocupados, por el otro.Tanto el menemismo como el kirchnerismo habían unificado a estos electorados y sumado a otros, con proyectos refundacionales provistos por olas regionales que respondían a la economía mundial.

Con la estrategia de polarizar enfatizando el voto “anti-Cristina”, Cambiemos supo capturar a los votantes no-peronistas que la UCR había dejado “huérfanos”. Esta estrategia contribuye a la fragmentación del peronismo porque Cristina Kirchner no puede asumir su liderazgo tras tres derrotas consecutivas y habiendo sacado el domingo 13 menos votos que Aníbal Fernández y Daniel Scioli en 2015. La unidad del peronismo requiere además de la identidad familiar en la que los peronistas se reconocen, de un liderazgo que les permita ganar la presidencia. Si el peronismo mantiene su fragmentación permitiría no sólo la gobernabilidad de Macri a través de acuerdos legislativos, sino también la posibilidad de que, con una pluralidad de votos, Cambiemos se imponga a las múltiples facciones peronistas en 2019. Cristina Kirchner, para el gobierno significa gobernabilidad (porque asusta a los otros peronistas), polarización electoral (porque espanta a muchos votantes), y también, la posibilidad de que el peronismo siga los pasos del radicalismo como vaticina Juan Carlos Torre en un artículo reciente.

El peronismo carece de líder y de proyecto refundacional ya que el mundo no ofrece opciones claras como en los noventa y los dos mil, obligándolo entonces a apelar al pasado. Sin embargo, Cambiemos –a diferencia del alfonsinismo en los ochenta– tampoco es mayoritario y eso implica que este punto de inflexión puede no significar la muerte sino el cambio del peronismo.  Recordemos que hasta 1983, la UCR primero y el PJ después siempre fueron mayoría. La falta de incertidumbre electoral era un aspecto crucial de la debilidad democrática argentina en el siglo veinte. La fragmentación del peronismo podría no solamente permitir a Cambiemos ser el primer gobierno no peronista en terminar su mandato completo desde 1928, sino también pensar futuros de coalición de tinte peronista. La mayor novedad del PRO no son los gerentes sino la aceptación de tribus peronistas y radicales en su interior. Si Cambiemos termina de absorber al radicalismo con sus votantes, el peronismo quedará más claramente definido y, como oposición, podrá esperar a que los votantes busquen un recambio frente a circunstancias adversas. ¿Qué harán las facciones peronistas? ¿Se unificarán para llegar al poder o preferirán negociar con un gobierno minoritario que los necesite? Un peronismo dividido, pero con bases electorales relativamente estables, abre un nuevo abanico de opciones, incluyendo el fin de las refundaciones y la posibilidad de gobiernos donde el gradualismo sea una necesidad incluso cuando el peronismo esté en el gobierno y

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