CFK: entre la épica y la caída

Por Joaquín Múgica Díaz

Los datos de las elecciones muestran un escenario complejo para el kirchnerismo y condiciones favorables para Cambiemos

 

Cristina dice que ganó. Aunque no sabe si es real su afirmación. El gobierno no le pone título al final de la elección. No se animan a decir que ganaron, pero se conforman con el empate técnico que marcó el escrutinio provisorio. Es más de lo que esperaban. En cambio, en el kirchnerismo los resultados generaron preocupación. Creían que la expresidenta iba a tener una mejor performance de la que tuvo. No fue así, pero el empate en Sarandí se festejó como un triunfo.

La forma en la que se cargaron los datos le permitió a Cristina protagonizar una remontada épica en la madrugada del domingo. Así lo vivieron los militantes que coparon el búnker de Unidad Ciudadana, aunque el resultado provisorio de la elección no sea lo suficientemente bueno como para festejar. El componente emocional del festejo solo sirvió para que los canales de televisión subieran su rating. En los días posteriores, comenzó el análisis más serio en el kirchnerismo.

Los números del escrutinio le dan la elección por ganada al oficialismo. Probablemente no sea así cuanto se haga el conteo definitivo de los votos. Las mesas que faltan cargar pertenecen a localidades donde Unidad Ciudadana tuvo un fuerte respaldo en las urnas. No sería extraño que Cristina logre imponerse por un pequeño margen cuando se termine de cargar el último voto de la Provincia. Ese posible escenario final es mucho mejor del que analizaban en el gobierno antes de los comicios. En la Casa Rosada tenían muchas expectativas de hacer una buena elección. No se imaginaron que iba a ser tan buena.

El 34% de votos que obtuvo el kirchnerismo compromete a la fuerza de cara al futuro. Menos en la Tercera Sección, perdieron en el resto de las secciones que componen el territorio bonaerense. Inclusive en la Primera Sección, la segunda más poblada, donde Cambiemos logró sacarle una mínima ventaja. Pero el mayor problema no es el presente, sino el futuro. Según la mayoría de los estudios de consultoría, el techo de Cristina ronda los 35 puntos.

El Gobierno tiene en mente apelar al voto útil. Ese era el plan de antemano y el empate técnico no hizo más que convencer a los estrategas del oficialismo de que hay que buscar los votos que cosecharon Sergio Massa y Florencio Randazzo. A priori, el más perjudicado de ellos sería el actual diputado del Frente Renovador. El votante massista se forjó en el 2013 cuando el exintendente de Tigre le puso un freno al sueño kirchnerista denominado “Cristina eterna”. Además, su voto más fuerte está concentrado en el interior de la provincia, donde Unidad Ciudadana tuvo mayor resistencia en los comicios. Quizás por eso el gobierno está seguro de que puede convencer al votante de Massa con un solo argumento: hay que frenar el regreso triunfal de Cristina.

El escenario polarizado es el que menos le conviene a la exjefa de Estado. Y es a ese lugar que la quiere arrastrar el oficialismo en los próximos meses. En las últimas semanas previas a las PASO, cuando los estrategas de Cambiemos tenían en sus manos encuestas que le daban una ventaja a Cristina, María Eugenia Vidal subió la apuesta en las entrevistas de campaña y apuntó contra la figura de la exmandataria con mayor fiereza. En definitiva, intentó hacer un contrapunto entre lo pasado y lo nuevo. Solo en sus últimas apariciones, Cristina le devolvió algunos golpes a la gobernadora. La inmaculada figura de la mandataria bonaerense, quién conserva una imagen positiva superior a los 50 puntos, la vuelve un flanco difícil de atacar. Sobre todo, teniendo en cuenta que la expresidente necesita cautivar un votante que es diferente a los que componen su núcleo duro de adhesiones.

El contexto socio económico de los próximos meses será un factor importante en los comicios de octubre, donde tanto Cambiemos como Unidad Ciudadana tendrán que salir a buscar un votante que no los acompañó en agosto. En el corto plazo, la historia del peronismo puede dar un vuelco. En los comicios no solo el gobierno juega la profundización de su modelo de gestión, sino que el kirchnerismo apuesta todas sus cartas a mantener el liderazgo de la fuerza política que gobernó el país en las últimas dos décadas. Si ganan, tendrán más chances de pelear por ser la cabeza del león. Si pierden, reducirán su poder y sus votos, y se convertirán en una minoría.

El kirchnerismo parece estar destinado a dejar de ser la fuerza que lidera el peronismo. La primera fracción expuesta en el PJ la llevó adelante Florencio Randazzo cuando decidió no aceptar ir en la misma boleta de Cristina y terminó dividiendo el voto en las PASO. La segunda fue el domingo 13 de agosto, cuando la ex presidente arañó el 34% en la provincia donde históricamente tuvo el mayor respaldo popular.  Sacó menos votos que Aníbal Fernández en la elección del 2015, cuando compitió para ser gobernador por la provincia de Buenos Aires. Un dato poco alentador para los seguidores de Cristina que creen en su figura todopoderosa y en ella como única alternativa para liderar la oposición.

Más de la mitad de los gobernadores peronistas consideran que el peronismo debe encarar una renovación. No es un capricho. Los números no ayudan a Cristina. Su último bastión de peso era Buenos Aires y las elecciones del último domingo dieron cuenta del deterioro de su popularidad en las urnas. Los mandatarios provinciales, al igual que muchos de los intendentes de la Provincia, creen que la ex mandataria no tiene futuro. Es decir, que no es una buena candidata para competir en las elecciones presidenciales del 2019.

Cómo si fuera poco, su caída en términos electorales se contrapone a los buenos resultados obtenidos por Cambiemos en todo el país. La estructura del partido fundado por Mauricio Macri supera el 30% de los votos en 17 de las 24 provincias argentinas. Un caudal suficiente para ser una fuerza competitiva dentro de dos años.

Desde que Daniel Scioli perdió el balotaje enl 2015, en el peronismo se discute sobre la renovación y la nueva etapa que debe encarar el espacio. Los seguidores de Cristina, que hoy la acompañan en UC, todavía confían en su liderazgo. Otros tantos dirigentes ven a la ex presidente sin futuro.Y a no tiene el acompañamiento suficiente parta liderar un nuevo proceso. La mayoría de ellos se fueron al Frente Renovador y a Cumplir. Hicieron una apuesta a futuro. Están seguros de que, tarde o temprano, los dirigentes con cargos electorales le soltarán la mano a la exjefa de Estado. Es una cuestión de números

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