Gobernabilidad interna y política exterior

Por Tomás Múgica

Un triunfo electoral en octubre le dará al gobierno de Macri una mayor credibilidad frente a los inversores y gobiernos extranjeros

 

L as elecciones ponen de manifiesto los lazos –poco visibles o al menos escasamente debatidos- que unen la política exterior con la política interna. Aunque las cuestiones internacionales –salvo ocasionales menciones a la situación de Venezuela, presentada como contramodelo por el Gobierno- no formaron parte de la campaña electoral, el resultado de las PASO celebradas el 13 de agosto supone un respaldo a la política exterior de Mauricio Macri. Un respaldo más importante que el recibido de parte de los diversos mandatarios extranjeros y foros de inversores con los cuales el presidente se reunió en sus primeros 20 meses de gestión.

La razón es simple: la buena performance de Cambiemos a nivel nacional -incluyendo la provincia de Buenos Aires, más allá de cuál sea el resultado final en ese distrito- dota a la política exterior del administración de Macri de una mayor credibilidad frente a inversores y gobiernos extranjeros, que hasta el momento aprobaban su agenda de reformas, al tiempo que dudaban de su capacidad política para llevarlas a cabo.

Es por ello que la prensa financiera internacional –Bloomberg, Financial Times, Wall Steet Journal, entre otros- y las calificadoras de riesgo, dos de los actores que contribuyen a moldear decisiones de los inversores internacionales, recibieron con alivio el resultado. La interpretación dominante entre esos actores afirma que tras el resultado del domingo las posibilidades de retorno de CFK al poder se han visto significativamente acotadas; y que el gobierno de Macri cuenta con un respaldo social lo suficientemente sólido como para avanzar con su agenda de políticas públicas. Meses atrás, una de esas calificadoras (Morgan Stanley) le había negado al país -contra las expectativas del gobierno nacional- la categoría de “mercado emergente” en su índice MSCI. La caída del dólar, el alza de la bolsa porteña y la suba de las acciones de empresas argentinas en Wall Street completaron un panorama de satisfacción de los grandes actores económicos con el resultado electoral.

La política local importa, y mucho. Aunque los gobiernos actúan constreñidos por condiciones externas que no controlan (o controlan sólo parcialmente), la política internacional también se construye desde “adentro hacia afuera”. Como enseña Putnam, la política exterior involucra “juegos de doble nivel”: el gobierno debe conciliar intereses domésticos y externos en orden a lograr resultados en el plano internacional. Las preferencias de y la distribución del poder entre los actores domésticos, por un lado, y las instituciones que regulan sus interacciones, por el otro, son elementos que contribuyen a explicar el grado de respaldo interno a la política exterior de un gobierno.

Esos elementos pueden ayudar a comprender la política exterior argentina en la coyuntura actual. Empecemos por las preferencias de los actores. La acción internacional del gobierno de Macri se centra en la agenda económica, con la búsqueda de inversiones y la apertura de mercados externos como objetivos centrales. En lo relativo a la atracción de inversiones externas, la administración de Cambiemos busca utilizar las reformas domésticas – laboral, impositiva, y una serie de acciones orientadas a reducir el déficit fiscal, entre las más importantes- para señalar a los potenciales inversores el cambio de rumbo y mostrar un compromiso de largo plazo con el mismo. En cuanto a los mercados externos, el gobierno intenta ampliar el número y el alcance de los tratados comerciales en los cuales participa Argentina. En ese terreno, el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur es una de sus prioridades. Claro que el gobierno no decide solo. Existen otros actores, con preferencias al menos parcialmente distintas, que pueden influenciar las decisiones: partidos políticos, centrales empresarias y sindicatos con intereses ligados al mercado doméstico, y una parte importante de la opinión pública favorable a un Estado intervencionista y protector en materia económica.

Pasemos brevemente a la distribución del poder y las instituciones. Si se confirma -como parece probable- el resultado de las PASO en las elecciones de octubre, el gobierno saldrá políticamente fortalecido. Resulta claro, sin embargo, que ese mayor músculo político no equivale a mayorías propias. La actual administración seguirá enfrentando límites institucionales: es decir, continuará estando en minoría en ambas cámaras del Congreso, cuya ratificación es necesaria para que entren en vigencia los tratados internacionales. Cierto, las minorías oficialistas serán más numerosas que hasta ahora y le permitirán al gobierno negociar con la oposición desde una posición de mayor fortaleza. Pero en cualquier caso el oficialismo deberá alcanzar acuerdos con parte de la oposición para llevar adelante su agenda legislativa. Más específicamente, con los sectores moderados del peronismo, ya sea en su versión massista o en la referenciada con los gobernadores justicialistas. También deberá negociar con los grupos de interés más ligados al mercado interno.

En suma, aunque ello deberá ratificarse en octubre, el gobierno de Macri – más fuerte aunque no mayoritario- parece acercarse al umbral de poder indispensable para desarrollar una política internacional más creíble para sus interlocutores internos y externos. Ello representa un cambio significativo de escenario, cuyas consecuencias vale la pena seguir con atención.

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