Mariu se fue a la guerra

Por Miguel De Luca y Andrés Malamud

La versión 2017 de la madre de todas las batallas viene con inédito duelo entre dos generalas.

 

Mariú se fue a la guerra, chiribín, chiribín, chin chin, Mariú se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá, ja ja ja, ja ja ja, vendrá para La Plata o a la presidencial, ja, ja ja, ja ja ja, no sé cuándo vendrá.

Inspirado en la canción infantil, este tema podría suceder a Tan Biónica en los actos del PRO. Porque la gobernadora fue a la guerra, se puso la campaña al hombro y protagonizó una remontada que la consolida como superestrella de la política nacional.

Se cuenta que Calígula logró que nombraran senador a Incitatus, su caballo preferido. De ser cierta la audacia del emperador, la hazaña de Mariu se le acerca bastante.

La gobernadora Vidal empató una pelea que venía cuesta arriba y hasta mejoró los números de Cambiemos respecto de 2015: casi 7 puntos porcentuales si se comparan ambas PASO para diputados nacionales. La proeza se acentúa porque aquella elección era ejecutiva, con las candidaturas a presidente y gobernador traccionando para reducir la dispersión del voto.Y  hay más: en la votación de este año, la boleta de Cambiemos es la única que postula pesos pluma. Todas las demás están encabezadas por sus dueños.

Ahora Mariu va por Cristina. La ex presidenta la espera atrincherada en la Tercera Sección, la única de la que no fue evacuada.

Los que están en problemas en esta reedición de la madre de todas las batallas son los antiguos coroneles de Cristina: Sergio y Florencio. En sus campamentos temen una doble fuga: la de los intendentes corta-boleta y la de los votantes estratégicos. Esas bajas las habían sufrido Graciela Camaño en 2011 y Francisco De Narváez en 2013. Ambos perdieron la mitad de sus votos, unos 400 mil, entre las PASO y la general.

Mientras tanto, Mariu disciplina a sus tropas y avanza.

¿Pero es tan excepcional la jugada de la gobernadora, sea en su estrategia o en sus resultados? No. Veamos.

Entre los gobernadores bonaerenses que se pusieron la campaña al hombro se distingue Eduardo Duhalde, que en 1993 empujó a Alberto Pierri a la victoria contra Fredi Storani y Javier Otaegui. En 1997 no le alcanzó: su lista perdió contra la liderada por Fernández Meijide.

Daniel Scioli practicó una estrategia diferente: el apoyo de retaguardia. En 2009 puso medio cuerpo cuando fue testimonial, escondido entre Kirchner y Massa. En 2013 también jugó, otra vez, semicamuflado: apoyó a Martín Insaurralde, el candidato promovido por Cristina y Francisco. Ambas elecciones acabaron en derrota, pero ninguna afectó su siguiente candidatura. General que no va al frente se preserva para otra guerra.

El triunfo de los oficialismos provinciales es la regla nacional. Desde 1985, tres cuartas partes de las listas apadrinadas por los gobernadores ganaron la renovación de diputados. Salvo en la volátil Tierra del Fuego, donde la boleta oficialista tiene más chances de perder que de ganar, en el resto de los distritos los oficialismos se impusieron en la mayoría de las elecciones intermedias. Muestra Germán Lodola que los extremos van desde La Rioja, donde el caballo del comisario casi nunca perdió, hasta Mendoza y Santa Fe, donde oficialismos y opositores están casi empatados en las estadísticas. No es casualidad que estas dos últimas sean las únicas provincias sin reelección inmediata del gobernador. Al rotar el comisario, se emparejan las chances de los corceles.

Las PASO 2017 fueron, con las legislativas de 1985 y las ejecutivas de 1999, las elecciones con peor desempeño de los oficialismos provinciales. La razón es simple: éstos siempre han sido mayoritariamente peronistas, y esas votaciones supusieron derrotas nacionales para el justicialismo.“ Ventaja del oficialismo” está fuertemente correlacionada con“ ventaja del peronismo”; derrota también.

En la refriega electoral que se avecina, los derechos humanos vuelven a ser territorio de disputa –y al Gobierno Nacional se lo notó mal entrenado para el combate.– Mariu no le teme: cuenta con dos avezados coroneles. Daniel Salvador, su vicegobernador, fue secretario de aquella CONADEP que el peronismo se negó a integrar; Santiago Cantón, su secretario de derechos humanos, fue titular de la prestigiosa Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Va siendo tiempo de desenvainar sus espadas.

La batalla se definirá, por primera vez, entre dos generalas. Su desenlace se sabrá el 22 de octubre, mucho antes de las Pascuas y de la Navidas.

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