La paradoja de las elecciones de medio término

Por Julio Burdman

Es un sistema que rige en muy pocos países y que básicamente termina siendo una evaluación del Presidente

En una nota publicada recientemente en Anfibia, María Laura Tagina explicaba muy bien algo que a nadie se le escapa: en Argentina, al igual que en otras repúblicas presidencialistas, las elecciones legislativas de “medio término” –que solo existen, como tales, en cuatro países- se utilizan fundamentalmente para medir al Presidente. Más aún: los principales participantes de las elecciones, los “cabezas de lista” en los distritos principales, compiten para defender al Presidente o para presentarse como candidatos a Presidente en la próxima elección. O a gobernador. O a intendente. Lo legislativo se diluye desde que comienza la campaña. Así vienen funcionando en los últimos veinte años.

Nuestros mandatos presidenciales son de cuatro años, y cada dos se votan legisladores. Dado el carácter parcial de la renovación legislativa, lo frecuente es que la elección no implique cambios sustanciales en la composición de los bloques del Congreso. Como ocurrirá en este año: aunque Cambiemos gane en octubre, seguirá estando en minoría en las dos cámaras. Pero nuestro sistema presidencialista las adaptó para sus propios intereses. Al oficialismo presidencial, las elecciones de medio término le sirve para demostrar que todavía tiene apoyo popular. En la Argentina, un país culturalmente populista que entiende el poder en términos de votos y no de bancas, se habla de que un Mauricio Macri ganador tendrá“ respaldo” para impulsar reformas laborales, impositivas y previsionales, más allá de cuántas bancas logre sumar. Los votos van directo a las leyes; permiten negociar y legitimar.

Pero a la hora de hacer esa lectura política, nacionalizada, del poder emanado de los votos, aparece un problema. Esas elecciones nacionales que utilizamos para “evaluar” al Presidente son, en realidad, 24 elecciones de distrito. Se eligen representantes de los pueblos de las provincias en una institución nacional (el Congreso). Y las alianzas que se forman para competir en ellas son frentes de jurisdicción provinciales.

Es por eso que los resultados que informan las autoridades electorales de Argentina no dicen quien ganó las elecciones a nivel nacional. Porque no hubo tal elección nacional. Lo que muestran son los resultados de las 24 elecciones para diputados nacionales, y las 8 elecciones de senadores nacionales. Sumar los votos es una tarea del análisis político. Ya que todos los frentes de distrito que compiten no están formalmente unidos a nivel nacional, ni son exactamente iguales entre sí.

Con Cambiemos la suma de los votos es relativamente sencilla, porque se presentó con ese nombre –o casi- en 23 de los 24 distritos. Pero la suma de los votos del peronismo es más difícil. Todos son opositores al presidente Macri –algunos más que otros, hay que decir-, pero carecen de una jefatura única. Hay un partido nacional que los aglutina, el Partido Justicialista, pero también hay peronistas que integraron frentes sin él –incluida la más renombrada de todos, Cristina Kirchner. No hay una o dos marcas políticas que los identifican, como sucede con los cambiemitas, sino tres: “Justicialista”,  “Unidad Ciudadana” (denominación del nuevo frente que impulsa Cristina Kirchner y “Frente para la Victoria” –anterior denominación del frente electoral del peronismo en la etapa kirchnerista, que subsiste en algunas provincias. En varias provincias, el PJ o el “ciudadanismo” integra frentes con denominaciones locales, complicando aún más la aritmética. Y hay una complejidad adicional: una gran cantidad de análisis políticos sostienen que peronismo o justicialismo y kirchnerismo son espacios diferentes, y que no deben sumarse. Entonces, se plantea un segundo problema: ¿cómo organizar todos esos votos a nivel nacional? No es menor, porque dependiendo de cómo se haga la cuenta, el ganador de la elección fue Cambiemos… o el peronismo.

De hecho, podemos hacer tres lecturas del resultado. Una primera, “nominal”, considerando solo a los partidos según su denominación, que arrojará un panorama muy fragmentado. Una segunda, agrupando a los frentes provinciales según su identificación nacional, pero considerando al peronismo dividido entre kirchneristas o no kirchneristas (o distinguiendo entre panperonismos con PJ dentro o sin él). Y una tercera, sumando a todos los peronismos bajo una misma columna. En las dos primeras ganó Cambiemos, en la tercera ganó el peronismo. Como en la provincia. Pero las tres, a no olvidarlo, son interpretaciones del análisis político. La paradoja de las elecciones legislativas de medio término es que no son, realmente, elecciones nacionales, y por lo tanto no producen un resultado nacional “oficial”. Lo que verdaderamente importa es la forma en que se comportarán los nuevos legisladores en diciembre, cuando les toque asumir. Si Cambiemos cuenta con sectores dialoguistas del peronismo para aprobar leyes, es porque ganó en octubre; si el peronismo se une para enfrentar al Presidente, quiere decir que éste perdió

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