PJ: la renovación detrás de la campaña electoral

Por Joaquín Múgica Díaz

Distintas figuras con diferentes perfiles aspiran a liderar al peronismo luego de una campaña que lo dejará en una situación de debilidad sin precedentes

Un año atrás el peronismo atravesaba la tormenta que surgió el día que Mauricio Macri se quedó con la mayoría de los votos. El 2016 estuvo marcado por el silencio de la mayoría de los gobernadores, la discusión permanente de los intendentes bonaerenses para intentar reunificar el partido, y la batalla del kirchnerismo para volver a asomar la cabeza después del hundimiento del proyecto.

En aquel momento, en los laberintos del peronismo se hablaba de “renovación”, tanto como se habla ahora. Pasó un año y las PASO. Comenzó un tiempo nuevo con Cristina Kirchner arriba del escenario político. En toda esa acumulación de meses, la  “renovación”  fue escondida debajo de la alfombra por los mismos dirigentes que la reclamaban a gritos. Fue por conveniencia y no por convicción. Suele ser así en la política.

Los jefes comunales de la provincia de Buenos Aires estaban enfocados en liderar un nuevo proceso. Consideraban que tenían la capacidad y el convencimiento para comandar la reorganización del PJ Bonaerense, luego de que María Eugenia Vidal aplastará la cabeza de Aníbal Fernández en las elecciones para gobernador. Las buenas intenciones se esfumaron cuando tuvieron en sus manos las primeras encuestas que marcaban el apoyo que, un año después de haber dejado la presidencia, cosechaba Cristina. Con los números sobre la mesa, los discursos renovadores se envenenaron de especulación.

Así fue que la lucha por renovar el peronismo después de doce años de kirchnerismo, se convirtió en una reivindicación obligada de la figura de la exjefa de Estado. Por lo bajo, pero con convencimiento, los intendentes de las localidades más pobladas del Conurbano afirmaban sus ganas de dejar atrás la década K, para enfocarse en la construcción de un liderazgo nuevo.  Ese líder saldría de una discusión amplía que se daría en los meses previos a las elecciones y que generaría un candidato para competir en los comicios de este año. La apuesta era que ese nombre propio tuviera la capacidad de aglutinar voluntades a nivel nacional luego de las elecciones. Nada de eso sucedió. La irrupción de la ex presidente taponó la renovación y cambió el eje de la discusión.

Con el fantasma de una candidatura de Cristina  –que tomó definitivamente fuerza en las dos semanas previas al cierre de listas– rondando en cada encuentro peronista, los dirigentes de la Provincia hicieron un doble movimiento. Los cuatro grupos de intendentes se concentraron en dos espacios que, finalmente, apostaron sus monedas a dos líderes: Cristina y Florencio Randazzo. A partir de ese momento, la grieta se profundizó en el PJ y la unidad se transformó en una palabra vacía.

En la actualidad, a la expresidenta le interesa el medio millón de votos que obtuvo su ex ministro en los comicios de agosto. Los necesita para poder ganar en octubre. No hay cuenta que les dé bien a los armadores del kirchnerismo, si no es robando un puñado de votos en cada canasta. Algunos a Sergio Massa y otros a Randazzo. Por eso en el búnker de Unidad Ciudadana ya decidieron lanzarse a la búsqueda de apoyos. La primera en hacerlo fue la propia Cristina, quién pidió un acuerdo opositor para  “frenar el ajuste”  a través de una carta abierta.

Mientras el segundo tramo de la campaña está en marcha, en el kirchnerismo esperan que Cristina cumpla con la promesa que les hizo a los intendentes en los últimos días de agosto, cuando les dijo que iba a caminar más tiempo por las localidades del Conurbano y que estaba decidida a exponerse a las entrevistas en los medios nacionales. El fin último siempre son los votos.

Este presente electoral sirve de telón para una obra que se está gestando en paralelo. Mientras Cristina intenta sumar apoyo y evitar perder con Esteban Bullrich y Gladys González, como le anticipó Randazzo que le sucedería, el peronismo nacional ya puso en marcha el plan de renovación.

Los gobernadores peronistas están a la espera del resultado electoral de octubre y del reacomodamiento que se dará en ambas cámaras del Congreso antes de que se termine el año. A partir de ese momento, intentarán hacer pesar su palabra en una discusión que, según cree la mayoría en el peronismo, se dará a partir del 2018. Será en ese año cuando comience a debatirse con más fuerza como se construye una alternativa política al gobierno de Cambiemos y quien será el líder capaz de encolumnar la fuerza política. La mitad de los mandatarios del interior están convencidos de que ese nuevo tiempo partidario no tiene que ser comandado por la expresidenta.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, se alista para convertirse en un protagonista del debate que ya se puede divisar en el horizonte. El salteño tiene en claro su objetivo. Sin reelección posible en su provincia, donde cumple con el tercer mandato, el próximo paso es ser presidente. Con esa idea en la cabeza ya trabajan los legisladores que le responden y los dirigentes que forman parte de su entorno. Tejen en las sombras y con perfil bajo.

Florencio Randazzo tiene el mismo objetivo. En primera instancia, intentará ocupar un lugar destacado en el proceso de renovación. Para eso deberá, como mínimo, mantener los votos que obtuvo en los últimos comicios. Si la gente no le da la espalda en oc
tubre, su estructura dirigencial quizás pueda comenzar a crecer. Por ahora, solo tiene un pequeño armado que está convencido de que Cristina Kirchner será parte del pasado antes del cambio de año. Con esa convicción avanzan entre la huida de soldados propios y el pedido del kirchnerismo de que el ex ministro decline su candidatura.

El tercer nombre que aparece en escena es Sergio Massa. El líder del Frente Renovador aspira a quedar bien parado después de las elecciones generales. Las primeras encuestas que se conocieron no son tan alentadoras. Lo muestran entre cuatro y cinco puntos por debajo del 15% de votos que obtuvo en las PASO. Aún así, en el massismo están convencidos que intendentes y dirigentes que hoy acompañan a Cristina y Randazzo, saltarán de una vereda a la otra en los últimos meses del 2017. Lo que no tienen en claro es si finalmente Massa aceptará dar la batalla dentro del peronismo, lo que lo llevaría a dejar de lado la famosa “ ancha avenida del medio”. Su instinto de supervivencia política será el que termine definiendo los pasos a seguir.

Con esos tres nombres sobre la mesa, en algunas de las oficinas peronista del Congreso ya empezaron a imaginar los caminos posibles que se presentarán el próximo año. Mientras tanto, hacen cuentas sobre los nuevos números que tendrá la Cámara de diputados. Los gobernadores intentarán llegar a un acuerdo para formar un importante bloque peronista. Aún no están elegidos los negociadores que llevarán adelante la tarea, pero hay una intención clara: marcar el inicio de la renovación con un bloque poderoso en la Cámara Baja.

Por ahora el cambio solo está afirmado sobre charlas e ideas. Buenas intenciones que necesitan el respaldo de los resultados electorales. La idea de renovación no está anclada solo en el peronismo que no es kirchnerista. Dentro de Unidad Ciudadana algunos intendentes de peso están convencidos de que la ex jefa de Estado no puede ser candidata a presidente en el 2019. No lo dicen públicamente. Ni lo van a decir hasta que los dirigentes de mayor envergadura pateen el tablero. La renovación está en marcha. Aunque sean pocos los peronistas que quieran hablar en público de un cambio que parece inevitable

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