Debatir la defensa nacional: ¡argentinos a las cosas!

Por Sergio Eissa

 

El artículo de Leandro Ocon (http://www.perfil.com/columnistas/democracia-y-defensa-nacional.phtml) es importante más por las pocas palabras que le dedica a cuestiones claves como la tecnología y la industria y a la necesidad de poner la defensa nacional en el marco de las políticas para el desarrollo nacional, que por las extensas palabras que le dedica a la cuestión del debate.

El autor invoca la necesidad de un gran debate federal que coloque los cimientos de una estrategia de defensa que vele por los intereses nacionales en un marco institucional democrático, inclusivo y plural. Y señala, como un ejemplo de ello, el amplio debate que impulsó Néstor Kirchner y su ministro José Pampuro que culminó en el documento “La defensa nacional en la agenda democrática”.
Tal vez por un tema de espacio, el autor se olvida de señalar que justamente la defensa nacional ha sido “ampliamente” debatida en el espacio institucional y democrático por excelencia: el Congreso. Como señalo en mi libro, “¿La irrelevancia de los Estados Unidos? La política de defensa argentina (1983-2010)”, entre 1985 y 2005 asistimos a una fase legislativa de debate de la política de defensa. En efecto, la ley de defensa Nº 23.554 (1988) fue producto de un acuerdo entre radicales y peronistas entre 1985-1988; la ley de seguridad interior Nº 24.059 (1992) fue resultado de otro amplio debate entre 1990-1991; la ley Jaunarena Nº 24.948 (1998) fue producto de un debate impulsado por el senador Eduardo Vaca entre 1995-1998; y, finalmente, la ley de inteligencia nacional Nº 25.520 (2001) también fue debatida en el Congreso entre 2000-2001. Cabe destacar, y habría que resaltar estas palabras, es que estos debates se produjeron durante gobiernos de diferentes signos políticos y todos arribaron a la misma conclusión: la exclusión de las Fuerzas Armadas de la persecución de problemas de origen criminal como el terrorismo y el narcotráfico. Esto es lo que denominamos en la academia el Consenso Básico.

Entonces pareciera que el autor se sitúa en ese lugar, cuando señala que “por un lado, quienes abogan por la separación tajante entre Defensa y Seguridad como una suerte de mandamiento bíblico” y, por el otro, “quienes siguiendo la agenda enfatizan que las amenazas contemporáneas imponen la unificación”, que pretende reabrir un debate sólo porque los anteriores no ha conformado a algunos.

Si volvemos a debatir para cambiar un “mandato bíblico” (el consenso básico) y seguir la agenda, cabe preguntarse ¿qué agenda? ¿El involucramiento de las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo que ya ha sido ampliamente debatido en los `90, post Guerra Fría, como señalé más arriba? ¿El retorno a las hipótesis de conflicto cuando ello no tiene nada que ver con la política exterior de argentina? ¿Esa es la agenda? Una agenda no responde a los intereses vitales y estratégicos de Argentina, sino a la de otros países. En efecto, y cito las palabras del autor, elegimos acudir al exterior cuando tenemos mucho potencial en nuestro país, tanto en materia de ideas como por ejemplo de la industria aeroespacial que terminan haciéndonos depender de la provisión logística del Reino Unido y que destruyen la industria aeroespacial. Los ejemplos sobran, no vale la pena llorar de nuevo al recordarlos.

El problema de la defensa nacional no es el debate, sino implementar el debate. Hoy a casi 20 años de la aprobación de la Ley Jaunarena Nº 24.948, esta ley está sin ser reglamentada. ¿Por qué? Debido a la oposición de actores civiles y militares que temen perder sus privilegios. Esta ley ordenaba reestructurar a las FFAA: cambiar el despliegue, el organigrama, establecer unidades conjuntas. Por ejemplo, ¿es necesario tener las siguientes bases aéreas en el conurbano: Moreno, Morón, El Palomar, Campo de Mayo, el establecimiento aeronaval Ezeiza, Quilmes, Aeroparque? ¿Por qué no llevar los helicópteros de Moreno a Campo de Mayo, por qué no llevar los ¿aviones? de transporte de Ezeiza y Campo de Mayo a Palomar? ¿Por qué no convertir en brigada la base aérea de Río Gallegos? Porque algunos militares y civiles defienden más sus intereses y los foráneos que la defensa nacional. Todos al recordar esta ley ponen el acento en el aumento presupuestario que preveía, lamentablemente derogado por otra ley durante el gobierno de De la Rúa, pero no recuerdan las otras previsiones de esa norma.

¿Volver al pasado o mirar al futuro? Juzguen ustedes los lectores, buscando estos indicadores de aquí en los meses que nos esperan, cual es el camino elegido.

Pasado: derogación del Decreto Nº 727/06; desprofesionalización del Ministerio de Defensa; conservar la macrocefalia de la orgánica de las Fuerzas Armadas; mantener el despliegue; comprar armamento cuya logística de sostenimiento pueda ser vetada por el Reino Unido y sus aliados; destrucción de la industria para la defensa; disminución del presupuesto en CyT nacional y el de defensa en particular; cerrar la Universidad de la Defensa Nacional o el sin sentido de la misma como señala el mismo autor en otra nota del mismo diario (http://www.perfil.com/politica/volver-a-pensar-en-la-defensa-nacional-0026.phtml), y no cambiar cuali y cuantitativamente el presupuesto.

Futuro: no realizar cambios normativos; implementar la Ley Jaunarena a través de cambios en el despliegue y en las orgánicas; crear unidades conjuntas; mejorar el presupuesto y cambiarlo cualitativamente reduciendo el impacto de los haberes; cambiar la Ley de Personal Nº 19.101; comprar armamento que sirva para la defensa nacional y que no nos haga depender del Reino Unido y sus aliados; profesionalizar el Ministerio de Defensa y para esto la Universidad de la Defensa Nacional es fundamental.

Insisto: el problema no está en las normas. Por ejemplo, en estos días se está discutiendo la protección aérea del G20. La separación entre defensa y seguridad no impide desplegar un dispositivo de defensa aérea, lo que lo impide es que no hay aviones y que desde los ´90, cuando se compraron los A4, y se sigue optando por depender del Reino Unido y sus aliados en la incorporación de material bélico.

El aporte de Leandro Ocon es más valioso por lo que no desarrolla y si trabaja en su libro “Industria y Defensa”. Por ello considero que si seguimos mirando al pasado debatiendo el sexo de los ángeles no habrá defensa nacional que debatir. Por eso como decía Ortega y Gasset, “¡Argentinos, a las cosas!”.

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