Corrientes: algunos polvos que no serán lodos

Por Juan Pablo Ruiz Nicolini

 

Si bien la discusión púbica sobre procesos electorales en Argentina ha ido in crescendo en el último tiempo, el debate sobre la reforma política a nivel nacional parece haber tomado un descanso en 2017, aunque promete volver luego de la renovación legislativa en el Congreso de la Nación.

Muchos de los argumentos que apoyaban la necesidad de la reforma nacional se sostuvieron —erróneamente- sobre la performance de procesos electorales a nivel provincial. En alguna medida, Tucumán se convirtió en el patito feo: todo lo que está mal en los procesos electorales. Aunque aceptáramos esa premisa, no se trataría de un caso aislado, sin embargo.

Cierto es que el sistema de acoples de la provincia dañó la institucionalidad electoral. Pero las varas con que se evalúan los casos suele ser muy diferente. Por ejemplo, no se destacaron las denuncias de fraude en Salta y Santa Fe durante 2015 —como se hizo sobre Tucumán- a la hora de defender el proyecto de reforma electoral cuyo eje central fue el cambio en el instrumento de votación. Una explicación posible es que el patito feo votó con boletas partidarias y en los otros casos se hizo alguna variante en la que el estado fue el garante de la oferta electoral (con una boleta única de papel en Santa Fe y con un sistema electrónico en Salta). Pero las denuncias de fraude estuvieron en los tres procesos, independientemente del instrumento con el que se votó.

 

¿POR QUE LOS ESPEJOS? 

Un documento de Mustapic, Scherlis y Page publicado por CIPPEC en 2011 define a las listas espejo como “idénticas entre sí, con iguales candidatos pero presentadas por diferentes partidos o frentes electorales, que suman luego los votos recibidos por cada uno de ellos”. Y señala también que éstas “en general son utilizadas por pequeños partidos para mantener su personería y para obtener financiamiento, tanto por los votos que reciben como por las boletas que pueden imprimir”.

Argumentamos también que la posibilidad de diferenciar el “origen” del cual provienen los votos que se agregan en determinada candidatura permite “contar las costillas” de la interna de un espacio político en medio de una elección general. Pero, sobre todo, lo que este tipo de regulaciones produce es una extrema dificultad para la administración de una buena parte del proceso electoral — como la tarea de autoridades de mesa que deben hacer el recuento provisorio- y sobre todo dificultan la labor de los electores.

Dicen el documento de CIPPEC: “Para que las elecciones funcionen efectivamente como un mecanismo de participación democrática y una instancia de rendición de cuentas, el electorado debe poder distinguir con claridad qué cargos están en disputa y quienes se proponen para ocuparlos. Sin embargo, en la Argentina, durante la última década, los electores hemos enfrentado una oferta electoral cada vez más voluminosa, compleja, poco transparente y confusa. Este fenómeno afecta la transparencia de los comicios y, en consecuencia, la calidad de uno de los mecanismos fundamentales del régimen representativo”.

Poco tiempo atrás, a propósito de la elección municipal en la capital provincial de Corrientes, punteábamos en el estadista cuestiones que nos parecieron relevantes sobre la “ensalada electoral” y su relación con el comportamiento y resultados de esas elecciones. Entre ellas, el hecho de que una multiplicidad de partidos se presentaron como listas espejo para 3 alianzas que compitieron para el cargo de Intendente de la ciudad de Corrientes. La receta local se replicó sin más en la elección provincial que definió la gubernatura de la provincia.

Tres fueron los frentes que llevaron un candidato a gobernador. El oficialista ECO + Cambiemos (encabezado por el radical Gustavo Valdés)- recolectó cerca del 54% de los votos positivos y se quedó con la victoria. Lo secundó la lista que llevaba a Carlos “Camau” Espínola (Frente Corrientes Podemos Más), que sumaba cerca del 45%. Por último Proyecto Popular obtuvo menos del 1%.

Como la de un espejo roto, la imagen se vuelve más difusa si se analizan los votos en función de cada una de las listas que llevaba estos tres candidatos. Mientras que el oficialismo llevaba a Valdés en 23 listas diferentes, “Camau” estaba presente en 17 boletas y Sebastián Ríos lideraba la única que presentó el partido Proyecto Popular.

El siguiente gráfico resume estos resultados. Del lado izquierdo la cantidad de votos que cada lista individual aportó a cada una de las alianzas que llevaba un candidato a gobernador (derecha).

Resulta evidente que el peso relativo de cada una de las listas importa en la distribución de votos (siendo el radicalismo y el peronismo las principales fuerzas dentro de cada frente). Un indicador de la fragmentación partidaria dentro de cada espacio puede estimarse a partir del número efectivo de partidos, que indica un valor de 8.8 dentro del frente ganador y 6.7 en FCPM. En ambos casos el valor es dos veces y media más chico que la cantidad absoluta de listas que conformaron cada frente. La claridad de la oferta electoral es claramente poco clara.

La habilitación a presentar listas espejos en la normativa provincial hace del proceso electoral uno difícil de administrar, poco inteligible para los votantes y poco equitativa para la competencia entre partidos políticos.

-Los votantes tienen que hacer un gran esfuerzo para optar entre una vasta cantidad de opciones la que es de su preferencia.

-La multiplicación de boletas (que llevan al mismo candidato) genera que algunos espacios tengan mayor presencia que otros dentro del cuarto oscuro.

-Los recursos para las campañas políticas pueden quedar distorsionados, dado que el financiamiento se establece en función a los partidos y no del candidato que finalmente cada uno de estos (espejos) termine llevando en la boleta.

El debate público suele medir con distinta vara normativas y comportamientos electorales análogos. Así, por ejemplo, se cataloga como “barones del conurbano” a jefes municipales bonaerenses que dominan la escena electoral local cuando son de un partido (el peronismo de La Matanza) y no de otros (el radicalismo de San Isidro). De un modo similar, no se discute a Corrientes como se discute a Tucumán (por sus acoples) o a Santa Cruz (por los lemas).

El proyecto de reforma electoral que cuenta con media sanción en el Congreso de la Nación, en buena medida se sustentó en el argumento de que es necesario modernizar y hacer más transparente la gestión electoral de Argentina. Pero, si bien el proyecto incorporaba regulaciones en ese sentido — como límites a listas colectoras o la paridad de género-, la defensa cerrada del cambio en el instrumento de votación frustró el debate en el Senado y el proyecto quedo en stand by.

Experiencias como la elección de Tucumán en 2015 muestran que de aquellos lodos, conseguimos estos polvos electrónicos. En cambio, Corrientes muestra que de sus lodos, se pueden obtener espejitos de colores.

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