La resiliencia provinciana

Por Julio Burdman

 

 Las fuerzas predominantes en algunas provincias (que habían, sorpresivamente, perdido en las PASO) lograron recuperarse en las generales  

 

Las PASO mostraron un fenómeno generalizado, el de los partidos provinciales y las anchas avenidas del medio desplazadas por la nacionalización y la polarización. Los oficialismos provinciales de Córdoba, Santa Fe, Río Negro, Neuquén y Chubut, no alineados con ninguna de las dos corrientes políticas principales, habían perdido. En varios casos, quedando en tercer lugar. En la región metropolitana, los disidentes de la grieta encabezados por Sergio Massa y Martín Lousteau quedaron terceros y lejos. Los peronismos autárquicos de San Luis y La Pampa perdían contra Cambiemos. Caían todos en un camino de ida.

Pero entre el 13 de agosto y el 22 de octubre, la resiliencia provinciana puso algunas cosas en su lugar. Hubo tres casos de reversión: Chubut, La Pampa y la República de San Luis. Asimismo, los partidos “neoprovinciales” de Misiones y Santiago del Estero ampliaron la brecha. Cinco casos de oficialismos provinciales que hicieron sentir el peso de sus territorios.

En San Luis, lo que ocurrió fue un récord mundial. El Adolfo, que en las primarias había quedado muy por debajo del “traidor” Claudio Poggi, el ex delfín que se pasó a las filas de Cambiemos, logró en las generales un 55% contra 39% de los votos en el resultado provisorio. En las PASO, Poggi había logrado un 57% sobre un 38% de Adolfo Rodríguez Saá. El viraje inédito de Rodríguez Saá se basó en las ciudades de San Luis yV illa Mercedes, las dos más pobladas, donde ganó (y había perdido por paliza en las PASO). En departamentos rurales como Ayacucho y San Martín obtuvo 70% y 74% respectivamente. Rodríguez Saá, gobernador de San Luis entre 1983 y 2001, y dos veces Senador Nacional, que había tenido su primera derrota en las PASO, no perdonó. Se puso la campaña al hombro en persona. Según Poggi, lo hizo a fuerza de “prebendas y gasto social” que el gobierno de su hermano, el Alberto, habría volcado en los dos meses que mediaron entre las PASO y las generales: “50.000 nuevos beneficios sociales de $7500 en diferentes planes, y 5000 nuevos merenderos”, denunció. Los hermanos Rodríguez Saá, en cambio, atribuyen el cambio a la movilización personal de los militantes, que fueron puerta por puerta a pedir el voto.

En el caso de La Pampa, el escrutinio provisorio mostró que el Partido Justicialista se impuso a Cambiemos por un pequeño margen: 45,5% a 45,3% para diputados nacionales. La lista del PJ pampeano estaba encabezada por Ariel Rauschenberger. En las PASO, había quedado en primer lugar Cambiemos con el 49,2% contra el 38,5% del PJ. En este caso, tanto peronistas como cambiemitas sostienen que quien dio vuelta el resultado fue el gobernador Verna, quien “se convirtió en el verdadero candidato”. Verna, en los dos últimos meses, llevó adelante una campaña de fuertes críticas a las políticas del gobierno nacional, y a la defensa de los “intereses pampeanos” frente a la “discriminación por parte de la Nación”, con eje en el atraso en el pago de transferencias de coparticipación. La diferencia de 0,2% significa que el PJ pampeano se queda con dos bancas, y Cambiemos con una.

En la provincia gobernada por Mario Das Neves, el oficialismo (Chubut Para Todos) quedó también en primer lugar con 33,2%, seguido por Cambiemos con 31,1% y en tercer lugar el Frente para la Victoria con 23,9%. El FpV había sido la fuerza más votada durante las PASO, con el 32,9% de los votos; todo indica que hubo fuga de votos desde el frente que conduce el PJ hacia el dasnevismo y Cambiemos, y ambas fuerzas se repartieron las dos bancas en juego. Aquí también, los ganadores dijeron que “el gran ganador de los comicios fue el gobernador” y “la defensa de los intereses chubutenses” en el Congreso; aquí hubo otro ingrediente, que fue la interna del justicialismo, incapaz de retener los votos que había sumado con las seis listas internas del FpV que habían competido en la primaria.

En cuanto a Misiones y Santiago del Estero, aunque no hubo reversión de resultados sí hubo consolidación de los partidos provincialistas. El misionero Frente Renovador de la Concordia, con casi 43% de los votos en ambas categorías, se quedó con dos de las tres bancas en diputados y senadores nacionales. Aquí, la campaña estuvo protagonizada por Maurice Closs, candidato a senador y uno de los jefes del oficialismo misionero, y Humberto Schiavoni, una persona cercana a Mauricio Macri. En Santiago del Estero, el Frente Cívico siguió aumentando su desempeño respecto de las PASO, que ya había sido de por sí alto: 66% en la primaria para diputados nacionales, casi 70% en la general. Con ese mismo porcentaje Gerardo Zamora, ex gobernador y esposo de la actual mandataria, vuelve a gobernar la provincia que controla desde 2005. El candidato de Cambiemos, Marcelo Lugones, quedó segundo con 17%. Zamora mantiene una buena relación con el gobierno nacional y sus bloques legislativos suelen acompañar propuestas del oficialismo.

En los cinco casos mencionados, el eje de la campaña fue el provincianismo. “La prioridad son los intereses de los santiagueños”, es la frase que repite Zamora. El provincianismo pareciera haber sido la forma más eficaz de 2017 para resistir a la polarización nacionalizante. Massa y Lousteau siguieron perdiendo. Habría que destacar que no en todos los casos el discurso provincianista funcionó: los oficialismos de Córdoba y Santa Fe no pudieron recuperar posiciones, y tampoco los neuquinos, que vieron aumentar su derrota frente a la ola cambiemita. Sin embargo, los tres tienen algo en común: estuvieron atravesados internamente por una tensión por su relación con el gobierno nacional de Cambiemos. Sapagistas y gutierristas en Neuquén, y De la Sota y Schiaretti en Córdoba, están diferenciados por su relación con Macri. En Santa Fe, el Frente Progresista aún está pagando la ruptura con los radicales y la conformación del cambiemismo provincial. Evidentemente, la estrategia provincianista necesita ser creíble y estar unificada. Ese fue, al menos, el denominador común de los casos que resistieron localmente la ola nacional

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