Macri: Capítulo II

Por Mario Serrafero

Un verdadero cambio en Argentina sería que un Gobierno triunfante promueva la búsqueda de acuerdos entre distintos sectores

 

Los resultados electorales confirmaron los obtenidos en las PASO y el oficialismo terminó fortalecido obteniendo casi el 42% de los votos en todo el país y triunfando en la CABA y la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza (también en provincias peronistas del norte y del sur). En la provincia de Buenos Aires Cambiemos logró el 41,38% y Unidad Ciudadana el 37,24%.En realidad, las elecciones de 2017 están prefigurando el panorama de 2019, cuando el presidente Macri compita por su reelección.La pregunta ahora es cómo gobernará en los próximos dos años.

Hay varias cuestiones para tener en cuenta. En primer lugar como afectarán las elecciones la marcha de la gestión. El gobierno tendrá más legisladores en ambas Cámaras, 20 asientos en la Cámara de Diputados y 9 en el Senado. Pero ello no le alcanzará para obtener las leyes que necesita. Deberá volver al acuerdo y construir puentes de consenso. Para hacerlo blandirá el apoyo de los electores lo que le otorgaría mayor legitimidad, pero las relaciones con los hasta ayer competidores se dieron en el marco de una polarización como opción de estrategia electoral. El gobierno verá y deberá ponderar de aquí en más los efectos que tendrán las medidas económicas en el humor social. Cuánto antes mejor, podría ser una frase ajustada a los tiempos políticos actuales del macrismo. La reelección de Macri tiene muy buenas perspectivas y sólo una gran ola de descontento o revueltas sociales podrían poner riesgos ese camino.

El triunfo del oficialismo (el país pintado de amarillo) refleja más que el cambio de época el triunfo de una batalla cultural ganada contra el kirchnerismo. Sería apresurado hablar de una vuelta de página del populismo o la desaparición de la construcción política de Néstor y CFK. Las evaluaciones precipitadas no hacen más que recrear una política argentina repleta de zombis (que nunca terminan de morirse). Cambiemos no triunfó por la mejora económica o la reducción de la pobreza según su última medición, sino porque se planteó como la superación del período anterior, una etapa presentada como mero pasado y puro óxido. En la democracia la política es cuestión volátil pues el voto se decide por percepciones y sensaciones más que convicciones. El gobierno debería tomar el resultado electoral como un espaldarazo, pero sin caer en la soberbia que hizo gala el último gobierno de CFK cuando enrostraba a toda crítica opositora el triunfo por el 54%. ¿Habrá más o menos diálogo? El gobierno se encuentra ahora en una situación de mayor fortaleza por contar con más legisladores y, sobre todo, por ser la fuerza política con mayor legitimidad electoral. Un signo de auténtico cambio en la política argentina sería que un gobierno que sale con mayor poder luego de una prueba electoral abriera el juego a una política de construcción de debates y de acuerdos. Si Cambiemos hiciera eso estaríamos en presencia de un verdadero cambio. En otras palabras, próximamente estaremos frente a un test sobre el auténtico ADN de Cambiemos.

Por el lado de la oposición la situación no deja de ser compleja. En la elección para diputados el kirchnerismo se alzó con alrededor del 22% de los votos y el PJ no kirchnerista con un 15%. Líderes moderados y con un estilo muy distinto a la ex presidenta han tenido malos resultados electorales, por ejemplo Urtubey y Schiaretti. Los favorecidos por los números no parecen tener un perfil suficiente para liderar la nueva etapa peronista, siquiera el triunfante Adolfo Rodríguez Saá. Cristina está en franco declive, pensar en su vuelta al poder parece pura y casi delirante imaginación. Pero es la peronista que más apoyo de votos tiene. El peronismo tiene hoy un problema que fue siempre más propio de otras fuerzas, pero que lo empieza a aquejar: la falta de un liderazgo para la hora. La ex presidenta no confrontó su posicionamiento dentro del peronismo y debilitó a un Randazzo que hizo lo que pudo, pero más allá de sus intenciones está claro que no es el líder del reemplazo. Massa obtuvo un 11,3% con un acuerdo con Stolbizer que le iba a dar credenciales éticas pero pocos votos. El recorrido de Massa fuera del peronismo augura un desierto difícil de cruzar y que puede demorar el tiempo exacto en que se desactive una polarización que lo tiene como principal víctima. Un tiempo sin tiempos. Probablemente él necesita del peronismo tanto como el peronismo de líderes que conmuevan un poco más a sus públicos actuales y potenciales. Lo que ha hecho Massa en los últimos años no fue peronismo, pero con Cambiemos, el PJ no kirchnerista y el kirchnerismo la construcción de un espacio que contiene superposiciones parciales con todos no es tarea fácil. Su discurso apunta explícitamente a una clase media que, justamente, ha sido el objetivo de todos los competidores en esta contienda electoral.

Pero quizá hay otro problema aún mayor que el liderazgo en el peronismo de hoy y es el no tener una idea seductora sobre el futuro –y el presente– para vastos sectores que no lo han votado en esta última elección.La situación tenderá a empeorar en el futuro inmediato gracias a la acción de una “justicia velero” siempre impulsada por los vientos de la política. Discutir sobre las relaciones, semejanzas y diferencias entre peronismo y kirchnerismo, hirchnerismo y peronismo es realmente un sinsentido. El peronismo puede serlo todo, en distintas etapas y hasta en un mismo momento. Lo que necesita es un líder y un argumento (incluso no hace falta que respete el variado cúmulo de sus “supuestas esencias”). Falta por cierto la plasticidad y la perspicacia de un líder que pueda otear el horizonte de los nuevos tiempos nacionales e internacionales y darle así contenido al peronismo que viene. Cristina no parece ser esa figura. Sólo la hipótesis de un repentino e inexplicable fracaso del oficialismo la pondría nuevamente en carrera.

Luego de la euforia del triunfo Cambiemos deberá iniciar un nuevo capítulo. El gobierno tiene previsto aumentos de tarifas y llevar adelante reformas en materia impositiva, previsional y laboral. Deberá reunirse con los gobernadores y con los distintos sectores de la vida económica y productiva del país.V eremos qué tipo de presidente asoma en este segundo tramo de la primera administración de Macri. Sabremos si vuelve a retomar la senda del diálogo y los acuerdos, o si decide profundizar una polarización que le trajo réditos electorales y que podría convertirse en confrontación política. Argentina ha tenido ejemplos de ambos tipos de presidente. También veremos qué tipo de sociedad acompaña –o no– el capítulo II de la administración Macri.

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