¿Cómo sigue la cosa?

Por Ernesto Calvo Universidad de Maryland

 

Las elecciones trajeron cambios institucionales modestos pero dejaron un fuerte mensaje político que el peronismo, en particular, deberá escuchar con atención de cara a 2019

Terminaron las elecciones intermedias y comienza la campaña presidencial 2019. Entre ambas elecciones hay que gobernar, pero esos son detalles. A fin de cuentas, esta era una elección de señales antes que de instituciones y la gobernabilidad nunca estuvo en duda. No estaba en juego la Presidencia, no podía modificarse significativamente la composición del Senado o Diputados, y las gobernaciones provinciales de Corrientes y Santiago del Estero tenían escaso valor estratégico, tanto para Cambiemos como también para el peronismo en cualquiera de sus variantes. Para ser justos, los cambios en la composición del Congreso tienen consecuencias institucionales que son relevantes, como sostengo más adelante. Pero las elecciones intermedias de 2017 eran clave para marcar territorio con vistas al 2019. Era el mensaje político, antes que el institucional, lo que debía resonar con los votantes. Aun cuando la elección nos deja cambios institucionales modestos, las elecciones de 2017 tendrán un legado político considerablemente más interesante. Sin duda mucho más relevante que el anticipado hace tan sólo unos meses por la gran mayoría de los analistas, entre los cuales me incluyo.

Es importante destacar tres resultados de estas elecciones legislativas: en primer lugar, la nacionalización de Cambiemos; en segundo lugar, el debilitamiento del peronismo no kirchnerista y, finalmente, el creciente distanciamiento entre el kirchnerismo y el resto del peronismo. Estos tres cambios traen tranquilidad a Cambiemos, auguran tiempos de tormenta para el peronismo en 2019 y prometen una elección presidencial altamente competitiva.

 

TRES RESULTADOS QUE TRAEN COLA

Para todos aquellos que teníamos dudas sobre la viabilidad nacional de Cambiemos, la respuesta fue contundente. Cambiemos no sólo consolidó su posición en la región metropolitana (CABA, PBA, Córdoba y Santa Fe), sino que avanzó sobre distritos históricos de la centroderecha peronista como son Salta, La Rioja, La Pampa y San Luis. Cambiemos no sólo logró absorber al votante radical de las provincias medianas y pequeñas, sino que también logró migrar votantes afines al peronismo antikirchernista. Las dificultades de Urtubey, Rodriguez Saá y Menem no se deben al surgimiento de un nuevo peronismo ni al crecimiento del voto kirchnerista. Por el contrario, provienen desde fuera del partido y muestran que Cambiemos crece no sólo porque absorbe capital territorial de la UCR sino, más importante aún, porque resuena y puede apropiarse de votos tradicionales de un peronismo provincial que es refractario al kirchnerismo. Este nuevo votante da credibilidad al proyecto territorial de Cambiemos y augura mayor estabilidad institucional en 2019. Si en los próximos dos años este proyecto territorial se consolida, el Senado podría volverse competitivo por primera vez en décadas.

La penetración de Cambiemos en el peronismo explica también otro resultado clave de esta elección. Si bien el Kirchnerismo cedió espacios políticos fuera de la región metropolitana, los grandes perdedores fueron Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Florencio Randazzo, quienes vieron sus aspiraciones presidenciales esfumarse. Ningún bloque perdió tantos cargos legislativos como el massismo, tanto en número (-16) como en porcentaje (-43% de su bloque). Pero esa pérdida en bancas no fue capitalizada por el peronismo sino por Cambiemos.

Con la caída en desgracia del massismo, Cambiemos puede ahora pivotear sus iniciativas legislativas en el Congreso entre el PJ y el massismo para obtener quorum y dictámenes en Diputados. Más importante, dado que el Senado está dominado por el peronismo no-K, el socio privilegiado de Cambiemos ha dejado de ser Massa. Los nuevos aliados del Gobierno son los debilitados gobernadores peronistas, los cuales ya habían abandonado al kirchnerismo por razones pragmáticas y ahora posiblemente lo hagan también para preservar votos. Hoy Massa y Urtubey no son un recambio viable para el peronismo, dado que el espacio político de la centro-derecha está ocupado por Cambiemos. Para crecer, Massa y Urtubey necesitan un peronismo en crisis que no está alineado con el kirchnerismo. Pero en el peronismo reducido de hoy, el liderazgo está en Cristina Fernández y no hay un electorado para la derecha peronista.

El tercer resultado importante de esta elección fue la derrota de Cristina Fernández, por más de cuatro puntos, en la provincia de Buenos Aires. Esta derrota fue ante un candidato que no tiene presencia territorial, militancia propia o tradición política en la provincia. La totalidad de los votos que obtuvo Bullrich en la provincia deben ser atribuidos a Cambiemos, al Poder Ejecutivo y a María Eugenia Vidal, actualmente la dirigente política con mayor proyección en la coalición. El porcentaje de votos de Cristina Fernández aumentó cuatro puntos entre las PASO y la elección general, pero ese aumento fue magro comparado con los números de Cambiemos. Con excepción de la tercera sección, Cambiemos dio una demostración de fuerza en el resto de la PBA, con números que son comparables con los de una elección presidencial antes que a una elección intermedia. El peronismo ha sido puesto sobre aviso: sin unidad no hay victoria y hoy no hay unidad.

 

LA GRIETA PERONISTA QUE SE VIENE

Meses antes de empezar la campaña electoral, el gobierno nacional intensificó su campaña de tirar cascotazos al kirchnerismo y esconder la mano. En el frente judicial, mediático y político, el gobierno intermedió sus batallas contra los líderes del ex-FpV, llevando adelante una guerra de atrición mediante terceros, la cual ha dejado aislado y agotado al kirchnerismo. Antes que ponerse el uniforme y bajar a las trincheras, el gobierno ha “outsource” la guerra de trincheras y se ha dedicado en cambio a caminar los barrios y promocionar sus políticas.

Mientras Macri y Vidal timbrearon por la provincia de Buenos Aires, Bonadío avanzó judicialmente contra Cristina Fernández, Julio De Vido, Guillermo Moreno, y otros líderes de UC. En la trinchera, el kirchnerismo quedó empantanado, compenetrado en su rol opositor y acosado judicialmente. Mientras el kirchnerismo batallaba en las trincheras, el resto del peronismo calentó agua, se cebó un mate y pasó el tiempo mirando el timbreo de unos y el desgaste de otros. La grieta entre el peronismo y el kirchnerismo, por tanto, se mide en el silencio de los primeros y la soledad de los segundos. En las redes sociales, mientras que los actores más activos de la oposición en #Tarifazo, #DosxUno y #Maldonado fueron figuras políticas como @CFKArgentina, @FernandezAnibal o @MoreauLeopoldo, la avanzada del Gobierno fue liderada por periodistas de guerra o fakes como @NuncaMasK, @Bracesco y @elcoya77. Las cuentas oficiales del Gobierno se mantuvieron en silencio. Al igual que en los temas judiciales, Massa, Urtubey y Randazzo brillaron por su ausencia, cediendo el espacio de la oposición a unos y la pretensión de gobierno a otros.

La renuncia o inhabilidad del peronismo ocupar espacios políticos asegura hoy en día que Cristina Fernández sea la única líder del partido. A su vez, la decisión de no acompañarla en su batalla contra el gobierno, pone a Cambiemos en el asiento del conductor para 2019.

 

EL CONGRESO QUE SE VIENE

Como afirmé al principio de esta nota, los cambios institucionales son relativamente modestos. Cambiemos mejoró su posición en la Cámara de Diputados y tiene una pluralidad de bancas que lo deja muy cerca del quorum propio. El kirchernismo pierde diez bancas y pasa a ser una primera minoría considerablemente más débil. Más importante, el gobierno puede ahora pivotear al massismo y al peronismo no kirchnerista, con oxígeno para una agenda legislativa un poco más ambiciosa.

El cambio en el Congreso está lejos de permitir proyectos agresivos con los que siempre ha soñado la derecha, como la mentada reforma laboral. En tiempos pasados, distintos gobiernos pagaron altos costos políticos por entablar batalla con el sindicalismo. Abrir la Caja de Pandora de una reforma fiscal también puede ser costosa. Sin tener mayoría propia, como dice el viejo dicho, en el Congreso puede ingresar Heidi por mesa de entradas y publicar a la Chicholina en el diario de sesiones, o al revés. Con la elección presidencial a la vuelta de la esquina, el gobierno podrá comprar órdenes del día y quorums para tratar proyectos poco problemáticos, pero difícilmente disponga del capital para reformas más radicales.

La situación política del kirchernismo en el Senado es también delicada. Cristina Fernández puede ser la líder del partido en votos, pero su bloque es segunda minoría y difícilmente el resto del Peronismo esté dispuesto a otorgarle la autoridad que por derecho electoral le podría corresponder. Una mínima pluralidad en bancas para Cambiemos puede ser la solución ideal para un peronismo que no puede unirse ni dividirse para dominar el Senado. Y así, mientras el peronismo y el kirchnerismo toman distancia entre sí en el Congreso Nacional, Cambiemos se apresta para expandir su coalición con el ingreso de un votante peronista de derecha que ya no tiene lugar en el partido.

 

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