Chile: modelo en discusión

Por Tomás Múgica

En la primera vuelta  de las elecciones presidenciales hubo un resultado inesperado y ahora hay una escenario abierto para la segunda

Los resultados de la primera vuelta electoral ponen en evidencia la existencia de una crisis de legitimidad cada vez más evidente del modelo de desarrollo –o al menos de algunos de sus aristas más inequitativas– inaugurado por la dictadura militar, y continuado –con correcciones– por las administraciones democráticas. La demanda de un acceso más amplio a la educación, la salud y la protección social, de políticas más inclusivas, erosionan las bases de sustentación política del modelo económico chileno.

Los cuestionamientos de la herencia neoliberal impactan sobre el sistema de partidos: el bipartidismo basado en dos coaliciones estables (una de centro-izquierda y otra de centroderecha) deja lugar a un sistema más fragmentado, con desgajamientos hacia la izquierda, y en menor medida hacia la derecha.

En una elección con una participación del 46,7% -el sufragio es voluntario desde 2012- Sebastián Piñera (ChileV amos) alcanzó el primer lugar, aunque el 36,6% que obtuvo está muy lejos de lo que anticipaban las encuestas, y de sus propias aspiraciones. El 17 de diciembre competirá en el balotaje con Alejandro Guillier, el candidato de la coalición oficialista Nueva Mayoría (NM), quien obtuvo el 22,7%, apenas por encima de Beatriz Sánchez, del Frente Amplio (20,2%), la gran sorpresa. Las elecciones legislativas –realizadas con sistema D’Hont en circunscripciones plurinominales, que reemplaza al sistema binominal heredado de la dictadura– dejaron un Congreso sin mayorías. ChileV amos tendrá  la primera minoría en la Cámara de Diputados, con 71 diputados sobre 155; mientras que Nueva Mayoría será la primera minoría en el Senado, con 21 sobre 50 senadores

El empresario y expresidente Piñera encabeza la coalición Chile Vamos, cuyos socios principales son Renovación Nacional (RN) el partido del propio Piñera, de orientación liberal, y la Unión Democrática Independiente (UDI), que combina liberalismo económico y una agenda cultural conservadora; Chile Vamos es la denominación actual de la coalición de centro-derecha que ha competido en la política chilena desde el retorno de la democracia. Periodista reconocido, Guillier es un outsider, lo cual impacta en su relación con su propia agrupación. Impulsado por el Partido Radical, un pequeño y antiguo partido que forma parte de Nueva Mayoría, se convirtió en candidato presidencial tras el retiro del prestigioso pero desgastado Ricardo Lagos; luego desarrolló una campaña electoral a distancia de la presidenta Bachelet.

Pero el gran protagonista de la noche electoral fue el Frente Amplio, una coalición de diversas fuerzas de izquierda,que alcanzó una performance muy por encima de lo que auguraban los sondeos.

El FA es elheredero político de los movimientos de protesta estudiantil de 2011, y encarna un cuestionamiento de la dirigencia política tradicional y una crítica global al modelo económico heredado de la dictadura, que –desde su mirada– esa dirigencia ha consolidado. Esta fuerza nueva tendrá un importante rol en la segunda vuelta (también en el Congreso, donde será la tercera fuerza en Diputados). Aunque se presume que la mayoría de sus votantes se inclinarán por Guillier como mal menor, al menos por el momento Sánchez ha sostenido que no pedirá el voto por el candidato oficialista. El FA aparece como competidor, por izquierda, de la coalición oficialista NM –la antigua Concertación–  que con algunas variaciones de nombre y composición ha gobernado Chile desde el retorno de la democracia en 1990. Básicamente se trata de una amplia alianza que va del centro a la izquierda, cuyos socios principales son el Partido Socialista (PS), el Partido Por la Democracia (PPD, fundado por Lagos) y la Democracia Cristiana (DC).

Hoy está en proceso de disgregación: la DC –de la cual surgieron los dos primeros tes pos Pinochet, Alwyn y Frei– optó porcompetir por fuera del oficialismo para defender una identidad que para algunos estaba en peligro. El resultado fue malo: su candidata, Carolina Goic, obtuvo un magro 5,8% de los sufragios, el porcentaje más bajo desde su fundación en 1958; su contingente legislativo también quedará fuertemente disminuido. Parecida suerte corrió Marco Enríquez Ominami (Partido Progresista- PRO), impulsor de la primera ruptura importante de la Concertación en las elecciones de 2009, en las que obtuvo el 20% de los votos. Esta vez consiguió el 5,7%. Los dirigentes de ambos partidos favorecen a Guillier.

Si la fragmentación es mayor desde el centro hacia la izquierda, la derecha también tiene sus rupturas, aunque por otros motivos, ligados  a la agenda de valores y al posicionamiento frente a la dictadura. Presentándose como independiente, un ex integrantede la UDI, José Antonio Kast, obtuvo el 7,9%. Kast –quien aboga por un retorno al pensamiento de Jaime Guzmán, el ministro de Pinochet fundador de la UDI– defiende una agenda provida de inspiración cristiana y reivindica de manera explícita al gobierno militar, esto último algo que el mainstream de la derecha ha abandonado hace tiempo. A pesar de las diferencias, ha adelantado su apoyo a Piñera en segunda vuelta.

 

SEGUNDA VUELTA: INCERTIDUMBRE

Contra la opinión predominante antes de la elección, que pronosticaba un triunfo seguro para Piñera, incluso en primera vuelta, la segunda ronda electoral de presenta incierta.  Ambos candidatos deberán atraer el voto más radical y competir por el centro moderado.

Piñera busca mantenerse como una opción de tendencia centrista, evitando el discurso de derecha más dura. Aunque, claro está, debe seducir votantes hacia derecha e izquierda: para llegar al 50% espera contar con los muy conservadores votantes de Kast, más los más moderados del resto del espectro partidario (por ejemplo quienes votaron a la DC).

Guillier debe hacer un esfuerzo por atraer los votos del Frente Amplio, hacia su izquierda, y al mismo tiempo retener a los moderados. Para ello necesita del apoyo de Bachelet, que la misma noche de la elección convocó a la unidad del fragmentado espectro progresista. La presidente enarbola las reformas emprendidas durante el mandato que termina, entre las que se destacan la educativa –quebusca avanzar hacia la educación superior gratuita– y la previsional –que pretende elevar el nivel de las pensiones, muy bajas en la mayoría de los casos–. Para financiar la reforma educativa el gobierno elevó el impuesto a la renta empresaria. Todo ello en el contexto de un magro crecimiento económico, cercano al 1% anual.

El nivel de participación también tendrá una incidencia importante en la determinación del resultado final. Diversos estudios electorales muestran una correlación positiva entre el nivel socioeconómico y el nivel de participación. Traducido: una mayor participación debería favorecer a Piñera, quien logra sus mejores resultados en los distritos más ricos.

Pero más allá del resultado final, que obviamente tendrá incidencia en las políticas públicas implementadas en los próximos años, queda claro que el clima de opinión ha cambiado. El modelo de desarrollo chileno sigue en discusión, y aunque no habría que esperar cambios radicales, volver al pasado tampoco es una opción. La demanda por una sociedad más igualitaria está viva.

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