Los conflictos sindicales a comienzos de año

Por Facundo Matos Peychaux

 

En el  Siglo XX,  hubo durante el verano varias protestas obreras y definiciones políticas de las organizaciones gremiales

 

Si diciembre viene siendo el mes de la conflictividad social en los últimos años, enero tiene su lugar en la historia argentina gracias al movimiento obrero. La Semana Trágica en 1919; el asesinato de Héctor B. Varela, general de los fusilamientos en la llamada Patagonia Rebelde, en 1923; el lanzamiento del plan de lucha contra el gobierno de Arturo Illia en 1963; y el congreso normalizador de la Confederación General de los Trabajadores (CGT) en 1984, fueron todos hitos de la vida sindical argentina ocurridos en el primer mes del año.

 

1. LA SEMANA TRAGICA

La presidencia de HipólitoY rigoyen tendría en enero de 1919 una de sus manchas más oscuras.

Los trabajadores de la metalúrgica Talleres Vasena llevaban más de un mes de huelga en reclamo de mejores condiciones y salarios, cuando la masacre del 7 de enero tomó a todos por sorpresa. Más de cien policías arremetieron a mansalva con sus fusiles Mauser contra el local sindical metalúrgico donde los trabajadores de la fábrica llevaban a cabo sus asambleas y las casas aledañas, con un resultado de decenas de muertos.

Una masacre única, si no fuera porque los dos días siguientes, entre el 9 y el 14 de enero, las fuerzas de seguridad y grupos parapoliciales perpetraron la mayor matanza de obreros hasta el momento, cumpliendo las órdenes del general Luis Dellepiane que mandó a “hacer fuego sin previo aviso contra los revoltosos”. Razzias antisemitas, ejecuciones, desapariciones, detenciones ilegales y otras violaciones contra los Derechos Humanos serían el corolario de una semana trágica, como se la conocería posteriormente.

 

2. LA PATAGONIA REBELDE

Casi cinco años después, enero marcaría el final de otro capítulo negro de la primera presidencia radical.

A fines de 1920, una huelga de peones rurales dirigida por la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) liderada por el anarquista español Antonio Soto sacudía Río Gallegos. El fin de la Primera Guerra Mundial había traído una caída en la demanda de lana y carne locales por parte del Reino Unido y la consecuente caída de los precios de exportación que, al trasladarse a una baja de salarios, ponía presión sobre las ya pésimas condiciones laborales de los peones rurales en la Patagonia, con jornadas de hasta 16 horas por salarios ínfimos.

Con este escenario como telón de fondo, el terreno estaba preparado para lo que luego se conocería como la Patagonia Rebelde: una serie de huelgas, toma de estancias y actos hasta entonces impensables de sublevación por parte de miles de peones rurales durante 1920 y 1921, que acabarían en fusilamientos masivos, contados de a centenares, por orden del general Héctor B. Varela.

El 27 de enero de 1923, entretanto, marcaría el final de aquel conflicto. El obrero anarquista Kurt Wilckens, que no tenía más conocimiento de sus pares patagónicos que el que los rudimentarios canales de comunicación ofrecían por entonces, ajustició a Varela esa mañana, cuando el teniente coronel salía de su casa. La bomba casera que el alemán había preparado para su víctima estalló hiriéndolo también a él, que debió recurrir al arma que cargaba para concluir su proeza. Con cuatro disparos, como los que ordenaba Varela para sus víctimas. “No fue venganza; intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal”, explicaría más tarde, desde su celda en la cárcel.

 

3. LAS 11.000 TOMAS CONTRA ILLIA

Ya sin la relevancia del anarquismo en las primeras décadas de la vida sindical argentina y con el peronismo como principal actor por entonces, el sindicalismo volvería a reunirse en enero, de 1963, para parir un plan combativo.

Entre el 28 de enero y el 1 de febrero de 1963, con la celebración de uno de tantos congresos normalizadores de la CGT, la nueva conducción nacional de la central obrera quedaría conformada bajo un acuerdo de las 62 Organizaciones Peronistas y los gremios independientes. José Alonso, representante de la línea más dura contra los gobiernos radicales de la década, se imponía como líder de la central obrera en oposición a Augusto Vandor, de perfil más político y “dialoguista”, lo que sería un dato central para el gobierno radical.

Es que, en ese mismo evento, se definiría el plan de lucha 1963-1965, que estableció un calendario de actos, huelgas generales, cabildos abiertos, movilizaciones, escraches –como el que se llevó adelante durante la visita del presidente francés Charles De Gaulle al país en octubre del 1964–, y la mayor oleada de tomas obreras en Argentina: 11.000 fábricas ocupadas, en dos meses, por casi 4 millones de trabajadores, según datos de la CGT.

 

4. LOS TRECE PAROS CONTRA ALFONSIN

Dos décadas después, enero de 1984 marcó, como entonces para Arturo Illia, el puntapié del plan de lucha sindical contra el gobierno de Raúl Alfonsín.

La CGT, dividida hasta entonces, se reunificaría el 25 de enero en un congreso que dejaría cuatro secretarios generales: Saúl Ubaldini y Osvaldo Borda por la CGT Brasil, y Ramón Baldasini y Jorge Triaca (padre del actual ministro) por la CGT Azopardo. La necesidad de despegarse del liderazgo del derrotado Lorenzo Miguel y el rechazo a las ideas democratizadoras que Alfonsín había esgrimido en campaña y se proponía llevar adelante con el proyecto de reordenamiento sindical (popularizado luego como Ley Mucci), contribuyeron a lograr la unión sindical en tan corto tiempo.

Y como en 1963, una CGT fuerte devino en un plan de lucha intenso: dos paros generales en 1984, tres en 1985, uno en 1986, cuatro en 1987 y tres en 1989, lo que daría el famoso número de 13 paros en seis años, más de dos por año.

 

5. ¿Y 2018?

Aunque el presente encuentra al sindicalismo mucho menos combativo que en aquellas oportunidades, enero de este año había arrancado con un mayor endurecimiento de la postura de la CGT contra el Gobierno con el lanzamiento de un comunicado de férrea oposición a algunos de los proyectos de ley clave para Cambiemos. Sin embargo, solo días después, el triunviro más “dialoguista” de la central obrera, Héctor Daer, cristalizaría en declaraciones radiales lo esperado: las negociaciones entre Azopardo 802 y Balcarce 50 parecieran haber llegado a buen puerto. Al menos, por el momento

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