Un año de Trump en la Casa Blanca

Los datos más positivos provienen de la economía que continuó su expansión y los mayores cambios se registraron en la política exterior  

 

Donald Trump cumplió su primer año en la Casa Blanca y las  encuestas sobre la evaluación de su gobierno y su desempeño como presidente no fueron favorables. Según una encuesta de Gallup el nivel de aprobación de Trump estuvo en un promedio de 39% desde que comenzó su mandato, el registro más bajo para un presidente durante su primer año. Actualmente sólo tiene la aprobación del 38% de los ciudadanos y el 57% lo reprueba, en gran medida porque es visto como una figura divisiva, que polariza a la sociedad y carece de muchas de las cualidades que son necesarias para ser Presidente. Entre los puntos a favor de Trump se destaca su manejo de la economía que recibe una aprobación superior al del resto de sus políticas. El PIB habría crecido  2,7% en 2017 y en 2018 se repetirá una cifra similar. A su vez, la tasa de desempleo se ubica en el 4,1%, uno de los niveles más bajos en muchos años. Y  todos los analistas coinciden en que la rebaja de impuestos que comenzó a regir este año, y que fue el mayor éxito político de la gestión de Trump hasta el momento, le dará un impulso adicional a la economía.

Las tendencias favorables se venía observando desde hace varios años y por eso es más una continuidad que un cambio pero que en cualquier caso fortalece al Gobierno actual.

De todas maneras, muchos analistas consideran que dados los indicadores conocidos recientemente, la imagen de Trump en ese aspecto debería ser mayor. Otro activo es que el 83% de los republicanos lo aprueban según una encuesta de Quinnipiac. Y todos los sondeos confirman que mantiene el apoyo entre los sectores sociales que formaron su base electoral.

Por otra parte su política en materia de salud tiene bajas calificaciones  y es desaprobada por 7 de cada 10 estadounidenses. Pero el punto más débil es, que según una encuesta de AP- NORC, dos tercios de los ciudadanos consideran que el país está más dividido como consecuencia de la presidencia de Trump. La polarización ha sido un rasgo distintivo de la política estadounidense en las últimas décadas y se sigue profundizando. Sus causas son múltiples y exceden a la responsabilidad de un presidente pero la estrategia de Trump se basa, en buena medida, en exacerbar las divisiones.

Son números de aprobación muy bajos y 2018 es un año electoral y de allí que los estrategas republicanos comiencen a pensar cómo van a encarar las elecciones legislativas de noviembre. Concretamente deben definir cuál es la distancia que les conviene tener con relación a la figura de Trump. Parece difícil que los demócratas pueden obtener el dominio de una de las cámaras pero los republicanos están atentos. El mayor desafío es no verse afectados por la mala imagen personal de Trump porque habrá aspectos de su gestión para rescatar como el mayor crecimiento de la economía ayudado por la rebaja de impuestos. Tampoco está claro el papel que quiere tener Trump en este proceso y tal vez la primera pauta al respecto se tenga el30 de enero cuando pronuncie en el Congreso el mensaje sobre el estado de la Unión.

Los mayores cambios que trajo Trump, el presidente menos convencional de las últimas décadas,  con relación a sus antecesores estuvieron en la política exterior.  Se deterioró la relación de Estados Unidos con sus tradicionales aliados europeos pero Trump se acercó a líderes con los cuales Barack Obama tenía mala relación como Benjamin Netanyahu y Vladimir Putin.  También retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París por el cambio climático y del Tratado Transpacífico, aunque en ese caso se trató más que nada un gesto porque el Congreso nunca lo hubiese aprobado. Pero también hubo contradicciones. Porque pese a las condenas a las prácticas comerciales de China durante la campaña presidencial, la relación fue menos conflictiva de lo esperada a partir de la cumbre ente Trump y Xi Jinping realizada en Florida. Algo similar ocurre con el Nafta, al  que Trump calificó como el peor acuerdo que haya firmado Estados Unidos en su historia, pero que en este momento es motivo de diálogo entre los tres países firmantes para asegurar su continuidad con algunos cambios.

Para los países de la región, Trump trajo menos cambios de los que se esperaba. Como no tienen una presencia relevante en la agenda estratégica de Washington, su principal canal de vinculación es el económico. Y durante el primer año de Trump hubo un dólar débil, tasas de interés menos elevadas de lo que se suponía, expansión del comercio más allá de algunas medidas proteccionistas y crecimiento de la actividad que conformaron un escenario favorable para las economías de la región.

La retórica con eje en la consigna“ America First” continuó pero en la práctica, las instituciones y la realidad concreta de la gestión le fijaron límites

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